“Sus últimas palabras para mí fueron te amo y yo le dije te amo de vuelta”, publicó Anna Wintour en el sitio estadounidense de Vogue luego de la muerte de Oscar de la Renta a fines de octubre. En una carta abierta, la editora relató sus últimos encuentros con el dominicano —quien perdió su lucha contra el cáncer— y lo recordó como uno de sus más cercanos: “Oscar siempre fue el amigo que todos quieren tener“.  Y durante el funeral despidió al modisto con el poema He is gone de David Harkins, luego refugió sus lágrimas tras sus clásicos anteojos de sol.  Algo que muchos consideraron inesperado de parte de la mujer más importante del mundo de la moda y que ha sido retratada —por su propia ex asistente Lauren Weisberger en The Devil Wears Prada— como una jefa perfeccionista, frívola y distante. Sin embargo, a sus 65 años, la también directora artística de Condé Nast pareciera estar mostrando su lado más amable, muy lejano a esa imagen de mujer de hierro que la ha transformado en ícono por más de 25 años. 

La relación de Wintour con De la Renta siempre estuvo en el ojo público. En 2009, el documental The September Issue —seguimiento a la edición de septiembre de la revista, considerada el ‘enero‘ de la moda— dio a conocer la estrecha amistad de ambos. Mientras el diseñador presentaba 150 piezas de su nueva colección, Anna comentaba: “Me encanta ese color“ y “No incluiría esto“. Finalmente, Oscar le pidió a la editora que escogiera los diseños que se llevarían en el próximo desfile y ella —como nunca antes— no se atrevió a involucrarse en la decisión final. Para la edición de septiembre de este año, el dominicano vistió a Amal Alamuddin para su matrimonio con George Clooney y por supuesto las fotos de todo el backstage y del vestido fueron hechas para la revista de Anna. 

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Pero la soledad de Wintour viene desde hace un par de años. En 2010, rindió un homenaje en el Upper East Side de Nueva York a su gran inspiración y amigo, Alexander McQueen, quien se suicidó producto de una depresión. Vestida con un abrigo negro del diseñador, la editora esta vez se sacó sus anteojos y afirmó a todos los asistentes a la catedral de Saint Paul: “A Alexander le perdonamos todo”.

Sin embargo, parece imposible imaginar sola a una de las mujeres más poderosas del mundo —según Forbes ocupa el puesto 39—, ya que siempre se ve acompañada de la pelirroja Grace Coddington, directora creativa de Vogue. Desde hace más de 30 años, la dupla ocupa la front row de todos los desfiles. Grace está constantemente con la cabeza mirando hacia abajo, dibujando cada una de las piezas que se presenta en la pasarela, mientras Anna mira y le susurra de vez en cuando. Pero lo cierto es que esta es otra de las relaciones de amor-odio que Anna tiene con sus compañeros de trabajo y que ha pasado a ser un tema controversial en la industria de la moda, ya que las discusiones no han quedado en la privacidad: Anna adora la escena hollywoodense en sus portadas —de hecho fue la primera editora en jefe de Vogue en poner artistas como Madonna en la tapa—  mientras que Grace ha dicho públicamente que prefiere a modelos antes que celebridades. Otro caso es el de André Leon Talley, quien anunció su retiro después de estar 26 años junto a Anna en la industria de la moda. El connotado editor migró por 12 meses a la revista rusa Numéro por un mejor ofrecimiento de dinero, según contó abiertamente en el programa de Oprah Winfrey Oprah: Where are they now?, en donde también criticó la poca diversidad racial que hay en la revista: “Siento que viví el llamado glass ceiling —o ‘barreras’ invisibles que no permiten el surgimiento— en Vogue”.

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Aunque suene paradójico, Anna Wintour ha tenido que vestir del color que más odia en el último tiempo. “¿Anna, hay algo que jamás usarías?”, le preguntaron en un video de 73 preguntas publicado por Vogue, “Vestirme completamente de negro”, contestó. Pero a pesar de que su círculo más íntimo pareciera ir desapareciendo, el éxito de Anna va por el camino totalmente contrario. La “alcaldesa no oficial de Nueva York” —como la calificó The Guardian— acaba de ser premiada en su tierra natal con el Out Standing Achievement Award que otorga el British Fashion Council de Londres por su aporte al mundo de la moda por más de 40 años. ¿Con quién lo celebrará? Posiblemente con su hija Bee Shaffer, quien hace unos años negó tener interés en la alta costura y menos ganas aún de seguir los pasos de su madre en el mundo de las luces: “Disculpa, mamá”, decía Bee en ese entonces, “Ya veremos qué sucede”, le contestaba Anna en The September Issue. Sin embargo, hoy la joven de 27 años ya ha sido colaboradora de la edición de Vogue para adolescentes, Teen Vogue, ha trabajado en la exitosa serie Glee y viste los elegantes diseños de Prada, Belenciaga y Dolce & Gabbana cuando acompaña a su madre a los desfiles y galas. Pareciera ser que la heredera de Wintour ha tomado el camino más deseado por su madre: el de acompañarla.