No está demás mencionar que el ser humano es complejo.

Como bien sabemos, hay tantas personas como diferentes tipos de personalidad o temperamento y ahí viene lo más complejo, ya que saber lidiar con todas ellas de manera asertiva requiere una experticia un poco más profunda que la mera empatía. Todos aquellos que lideran equipos de trabajo, lo viven a diario, y parte del éxito de un buen jefe es conocer la mejor manera de llegar a cada uno de los miembros de su equipo, lo digo como ex gerente de Desarrollo y Talento de una gran multinacional, donde a diario me relacionaba con distintos tipos de clientes internos.

Al llevar esto al plano de la Asesoría de Imagen o Imagen Personal, ocurre algo absolutamente similar. No basta con ser simpático, tener buen gusto o estudios de moda, si no tienes la experiencia y más importante aún, si no comprendes al ser humano desde un enfoque integral, robusto y profundo, habilidad que desarrolla la Psicología.

Hoy me atrevo a decir que el tema “Asesoría de Imagen” se puso muy de moda, lo cual es muy positivo ya que existe más oferta y variedad de un servicio que es absolutamente importante. No obstante, me preocupa la falta de seriedad y sobre todo de ética profesional de algunos a la hora de querer ejercer este oficio y por tanto muchas personas “caen” ingenuamente en manos de supuestos profesionales que manejan este quehacer – no regulado – a su propia manera y voluntad.

Realizar un curso en un instituto o tener “buen ojo” no es suficiente, principalmente ya que aquí no se trata de vestir modelos o maniquíes – y atención no digo que no sea lo anterior complejo, sino que simplemente requiere de competencias y habilidades muy distintas -. Cuando hablamos de Asesoría de Imagen Personal, hablamos de personas, con toda la riqueza y complejidad que eso conlleva; Individuos con un mundo propio, historias, aciertos, frustraciones y expectativas, por tanto es un trabajo que requiere extrema seriedad ya que hay que saber manejar con mucha cautela y conocimiento las emociones de cada uno de los clientes.

Respecto a este último punto es importante tener una lectura adecuada de cuáles son las necesidades la persona que acude a ti.¿De dónde viene?, ¿en qué estado emocional se encuentra?, ¿qué busca a través de la asesoría?, ¿necesita un estilo para fortalecer su personalidad?, ¿Quiere compensar alguna carencia psicológica – de la cual tal vez no es consiente – pero que le afecta en el día a día?, o simplemente quiere ayuda profesional para sacar a relucir lo mejor de él o ella… Pueden ser muchos los factores.

Independiente de cuál sea el approach, siempre un buen profesional de imagen sabe abarcar lo anterior de forma integral y lo más importante: Con la adecuada experiencia y conocimiento de causa, de lo contrario se pueden cometer grandes desastres, como por ejemplo generar una apariencia que aleje a la persona de sí misma o no cubrir sus verdaderas necesidades.

Cuando comprendemos que por medio de la imagen personal no sólo provocamos las emociones que sentimos a diario, sino que además comprendemos que afecta nuestro autoconcepto y autoestima, recién ahí podemos entrar a cambios más “cosméticos” que apunten a la forma, ya que el fondo estaría cubierto.

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