La reunión está que termina en el antiguo edificio de Nueva Costanera, a un costado del colegio Las Ursulinas. Por la puerta entreabierta las cuatro socias de Cranberry Chic revisan la pantalla de un Smartphone y dan las últimas correcciones al nuevo producto que acaban de lanzar: una aplicación para iPhone que permite a las usuarias fotografiar su look del día, subirlo a la red, etiquetar las prendas, seguir a íconos de estilo, ser seguidas por otras y convertirse en referentes.

“El street style está apoderándose de la moda”, aseguran María José Pooley, Pilar Matte, Antonia Bulnes y Emiliana Franzani, socias de Cranberry Chic, una herramienta con un fuerte componente social que permite facilitar el ciclo de la moda en su totalidad, desde inspirarse y vitrinear, hasta comprar y revender. Eso más la posibilidad que entrega a las marcas de conectarse estrechamente con las usuarias interesadas en sus productos. Aquí las suscriptoras pueden, a través de sus perfiles personales, socializar sus looks, sus tiendas y reflejar lo que está pasando en las calles.

En su primera etapa de prueba, desde abril de 2013, la red que ha operado de manera semicerrada —a través de invitaciones y lista de inscripción— ya cuenta con cerca de 10.000 usuarias y 25 grandes marcas, donde las cuatro emprendedoras, todas jóvenes, guapas, de la generación sub-30 se han transformado en referentes y en invitadas infaltables de los grandes eventos fashion.
Alta, sin una gota de maquillaje, con un vestido largo de algodón color guinda, zapatos de diseño, María José Pooley (29) es la creadora de una idea que vino a revolucionar al mercado fashion y de la que también participan otras tres socias. Filósofa, experta en plataformas web, de ella fue la idea de crear una página que concentrara en un solo lugar el ciclo completo de la moda. “El insight inicial lo tuve yo hace dos años; estaba muy relacionada con todo el emprendimiento, con un market place online de crecimiento personal, donde contactaba a especialistas con personas en busca de coaching, Programación Neuro Lingüística (PNL) y eneagrama, entre otros. Ese era mi rubro hasta que se me ocurrió la idea de Cranberry”.

Conocida como una de las emprendedoras de la web más exitosas, María José da su diagnóstico: “Gracias a las tecnologías, los Smartphones, las redes sociales, la moda se ha masificado. La gente ya no consume ropa inspirada en líderes de estilo o celebridades, como alguna vez sucedió con Cecilia Bolocco o Valeria Mazza, sino que sigue a este uno por ciento de la sociedad —como la compañera estilosa del colegio o de la universidad— que siempre han marcado tendencia y a las que todos ubican como referente. Ahí concluí que ellas pueden tener más convocatoria o visibilidad, y las marcas a su vez pueden beneficiarse y establecer comunicación con el público a través de estas trend setters. La idea fue poder darle forma a todo esto”, señala la gerenta general de Cranberry Chic, un nombre que escogió para que sonara fresco, femenino y que se asociara al mundo de la moda.
Ahí entraron en el proyecto el resto de las socias, con quienes se conocían aunque la amistad vino después, con las cuatro trabajando codo a codo en las oficinas de Nueva Costanera, en Vitacura.

 

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Periodista con un master en gestión cultural, Pilar Matte (29) es reconocida en la alta sociedad chilena por marcar tendencia. Estudió en el Colegio Apoquindo y periodismo en la Universidad de los Andes, con un master en gestión cultural en el mismo lugar. Y como la pasión por la buena mesa siempre fue el sello de su familia, también siguió gastronomía en Culinary. Durante un año trabajó en Un techo para Chile y su primer emprendimiento fue una empresa —junto a una socia— en la que llevaba desayunos y almuerzos a gerencias generales. “Por mis estudios en gestión cultural, estaba terminando de armar un museo en Los Angeles sobre los pehuenches de la cordillera cuando conocí a la Jose Pooley. Me encanta la moda, la estética, y al mismo tiempo se trataba de un negocio. Había que sacar adelante un objetivo demasiado grande. Un desafío único. Aunque cuando lo comentaba, la gente me decía: ¿una página en internet a la que realmente le vaya bien? ¡Estás completamente demente!”, recuerda la hoy encargada de negocios de expansión y relaciones públicas de Cranberry Chic.
Pero lejos de ser una locura, el proyecto siguió sumando interés y también nuevas protagonistas, con la incorporación de Antonia Bulnes (25). Egresada del colegio los Andes, estaba en el último semestre de Ingeniería Comercial en la Universidad Católica cuando a inicios del 2012 le ofrecieron entrar al proyecto. “Le vi un potencial increíble y quise estar. Terminé la universidad y me puse a trabajar acá”, afirma la actual encargada de marketing y ventas.

La última en sumarse fue Emiliana Franzani (28), ex alumna del Juanita de los Andes y profesora de inglés. “Me aburrió la rutina que implica hacer clases y la Jose me empezó a llamar; me reuní con las tres y entré en este mundo muy distinto a lo que hacía antes”, dice la product manager, quien lleva todas las marcas y reconocida por su estilo jugado e irreverente.
“No las contacté por los lazos afectivos sino por razones muy prácticas: primero nos juntamos para ver qué opinaban del proyecto; las encontré talentosas y entonces las elegí. Todas fueron aportando a la idea”, asegura la creadora de esta red social.

Ellas explican el alma del negocio. “En internet existen millones de páginas de moda; para inspirarte tienes que meterte a un montón de blogs y, para comprar, otro tanto. Es un peregrinaje. Lo que hicimos fue concentrar todo en una red social. En Cranberry Chic encuentras tendencias, puedes entrar a los perfiles de las usuarias y ver cómo se visten, qué looks suben a diario, cuáles son las marcas que usan con sólo hacer click sobre su ropa y a futuro hasta podrás adquirirlo a través de la página, un negocio que pretendemos desarrollar muy pronto”, describe Pilar Matte.
El estilo de estas cuatro mujeres ya es conocido, y los eventos que organizan causan furor. Hace poco armaron una venta privada para las usuarias top de Cranberry Chic en la oficina de Jazmin Chebar en Quilicura. Trajeron a las invitadas a través de una exclusiva línea de choferes privados y ellas pudieron comprar ropa de temporada con descuentos imposibles de encontrar. La marca quedó feliz: vendieron todo lo que tenían en unas pocas horas.

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En el mundo está todo pasando con la moda. Páginas como Trendtation.com, Chiquisimo.com y Lookbook.nu, han impulsado las carreras de modelos y fotógrafos hasta hace poco desconocidos, además de imponer la nueva camada de it girls, como la peruana Luanna Pérez y su pelo multicolor que marca tendencia; Rachel-Marie Iwanyszyn, Emily Olivia, Flavia Desgranges y Violet Ell.

Hoy Cranberry Chic ha obtenido alrededor de 200 mil dólares entre fondos públicos y privados para su puesta en marcha; 40 mil dólares de Start up Chile (dineros que entrega el gobierno para emprendimientos tecnológicos), más otros aportes privados. Y en enero recibieron una importante inversión del Fondo Nazca Venture, que valorizó la empresa en 2,5 millones de dólares. Esta operación se enmarca en la primera ronda de venture capital de Cranberry Chic con miras a la internacionalización de la plataforma, que para este 2014 planea su aterrizaje en Argentina y Colombia.

“Imagínate, es un gran reconocimiento y la muestra de que vamos por buen camino”, reconoce Antonia Bulnes.
Y si bien el modelo de negocios no está en plena marcha, a menos de un año Cranberry ya cuenta con ingresos propios. Cuenta María José Pooley: “Aún no empezamos con nuestro real modelo de negocios —que son las compras de ropa y accesorios de distintas marcas a través de la página y donde cobrarán por transacción— y por ahora estamos obteniendo dinero por concepto de marketing, lo que es un gran logro; es muy raro que un emprendimiento tan nuevo genere sus propios ingresos, pero nosotros ya desde el primer mes teníamos a marcas que nos pagaban por estar en nuestro sitio. Hoy son 25 firmas reconocidas y más de 100 pequeñas que se incluyen en convocatorias de marketing, como concursos, eventos exclusivos y gift cards para las usuarias”.

Con todo, las Cranberry —como se las conoce en el mundo de las grandes marcas— ya están convencidas: “Hay un destape con la moda en Chile”. Para Pilar Matte Chile era visto como una sociedad muy conservadora, “pero con la tecnología y la globalización, el ingreso de marcas como GAP y H&M, ha permitido que todas las mujeres tengan acceso a la moda; pueden vestirse bien y ser líderes de estilo. Ya no hay que tener tanta plata sino buenas fuentes de inspiración y, sobre todo, creatividad”.

—Ustedes son mujeres que podrían haber hecho lo que hubiesen querido, incluso casarse y no trabajar. Sin embargo, optaron por otro camino.
—Antonia Bulnes: Es que tenemos algo que nos une y es que somos muy emprendedoras, nos encanta hacer cosas nuevas, viajar, conquistar nuevos mercados.
—Pilar Matte: Obvio que al no estar casadas ni tener familia nos ha permitido atrevernos, porque si tuviera que pagar colegios, a lo mejor estaría empleada en otra cosa. Pero no tenemos nada que perder, solo las ganas y la fuerza de salir adelante con nuestra empresa.

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Libres, sin hijos, algunas pololeando y otras todavía viviendo con los papás, su situación les ha permitido jugarse a fondo con su emprendimiento. “Obvio que me proyecto en familia —asegura Antonia— pero no dejaría nunca a Cranberry Chic. Tiene una viabilidad increíble a largo plazo y mi pololo es el primero en apoyarme”.
Las cuatro son la expresión más clara de que las mujeres han cambiado y que ya no son las mismas que sus madres y mucho menos que sus abuelas. “Hoy la mujer trabaja y gana su plata. Es más independiente”, opina Pilar mientras que Antonia admite: “Hay un cambio cultural”.
Y del mismo modo que las mujeres han cambiado, para ellas la moda también ha empezado a jugar un rol central. “Ya no es mal visto comprarte ropa y vestirte bien. Al contrario, hoy la moda es una manifestación de identidad”, opinan.

—¿Y no hay culpas? Da la impresión de que es un sentimiento que no abandona a las mujeres. Muchas chicas del mismo sector social que ustedes han entrado al negocio del diseño de ropa y le han puesto a sus tiendas nombres que por lo menos dan harto esa sensación: Santa Pecadora, Sin pecado concebida, María santísima, Monjitas a la moda, Maldito Ropero, Bendito look, etc…
—Emiliana: Es que hoy la mujer se está atreviendo a hacer un esquema propio, tal vez de ahí venga la culpa.
—Antes comprar un accesorio muy caro era un pecado. La relación de las mujeres con la moda era muy castigada.
—Emiliana: Pero hoy si vas por la calle con una cartera de dos mil dólares, te encanta que te la miren.
—Antonia: Por algo todas las marcas de lujo han llegado a Chile.
—Pilar: Y la estabilidad económica que ha tenido el país ha ayudado mucho a que marcas lleguen, que las cosas cambien, por algo somos el país más estable de Latinoamérica.

—En ese sentido, ¿qué visión tienen de lo que está pasando en Chile?
—Antonia: No somos quiénes para analizar estos temas. Pero ésta no es una red social elitista; puede que nosotras provengamos de un cierto sector, pero nuestra plataforma no está sólo dirigida al segmento alto y queremos incorporar a todas las mujeres que les gusta la moda, sean de donde sean.

Claro que según María José Pooley hay un cambio claro y que ha logrado visualizar entre las usuarias de su plataforma web. “Aquellas entre 17 y 24 años tienen otros hábitos; son las nativas de la moda, saben lo que está pasando afuera y no sientes culpas ni menos miedo de seguir una inspiración”. Así lo cree también Pilar: “Nacieron con la tecnología y con el auge de la moda, dos aspectos que se unen y ha dado este producto. Y no es que gasten mucho: con una polera básica de tres mil pesos en H&M también puedes hacer moda. Ya no necesitas la cartera cara, el tema es atreverte, saber combinar bien, seguir tendencias, ver en los blogs, a las fashion bloggers”.
“Además que ellas tienen cosas que nosotros no tuvimos —agrega Antonia—. Antes debíamos esperar a que alguien nos trajera la última Vogue desde algún viaje. Hoy llegan todas las revistas, hay miles de blogs, está Instagram, estamos bombardeados de información y de ropa al alcance de la mano, a bajo costo”.

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Coinciden en que la nueva tribu fashion ya no sigue —y menos pretenden imitar— los looks de las grandes estrellas del cine o la TV, tanto de Chile como en el mundo. “Hoy los líderes de estilo son gente común”, opina Pilar. Y María José Pooley apunta: “La moda siempre ha sido así, con una líder del colegio a quien todas las otras seguían; con la diferencia que antes no estaban las herramientas para que esto pudiera tener un efecto real”.

Un cambio a nivel mundial y que ha impulsado fenómenos como las it girls o las fashion bloggers. Como asegura María José Pooley: “Las marcas ya llegaron a las masas y ahora lo que les interesa son los nichos. Es más al detalle. Por eso se fijan en gente común pero con estilo que influye en lo masivo, como Olivia Palermo o Cara Levigne, dos de las it girls más famosas y admiradas del mundo”.
Y Pilar Matte agrega: “Son conocidas por su alta influencia en la sociedad neoyorquina. Para nosotros en Cranberry la categoría máxima a la que puedes aspirar dentro de nuestra página es a la de ser una it girl”.
—Aunque la traducción de la palabra es la “chica eso”. Como un objeto… No tienen una profesión o una actividad que las identifique. Lo único interesante es que se visten bien y marcan tendencia.
—María José Pooley: Es que el modo en que se consumen las cosas siempre tiene que ver con objetivizar algo; quizá la relación que se produce es de objeto.
—Antonia Bulnes: Pero a lo mejor estas chicas son empresarias y hacen muy bien las cosas aunque tal vez no sean tan reconocidas por eso.
—Emiliana Franzani: Tiene que ver con la mujer empoderada que ya no se conforma con eso. Para la mujer es súper importante tener tu lado profesional muy bien desarrollado, pero también quiere vestirse bien sin necesariamente ser considerada una mujer objeto.
—Antonia Bulnes: Al revés. Son mujeres que hacen muchas cosas y que además se visten bien. Nunca van a aparecer con el tremendo escote, sino que son súper elegantes, con onda, estilo, que trabajan, tienen su casa. Esa es la diferencia
—María José Pooley: Hoy se valora la naturalidad de estas personas que no están promocionando a ninguna marca en particular y han hecho de su estilo un arte, por eso dan ganas de seguirlas. En eso es de hecho, el alma de nuestro negocio.