Con bombos y platillos. “¿Una italiana? ¡¿Y es romana?!”, cuestionaban después de develar el misterio. Habían sido meses difíciles para la firma francesa fundada por Christian Dior, con los ojos de Bernard Arnault y el resto del grupo de lujo LVMH sobre ella. Después de la abrupta salida de Raf Simons de la dirección creativa en octubre de 2015 y una criticada transición en manos de Lucie Meier y Serge Ruffieux, el enigma le hacía caso a los rumores. Quien continuaría con los códigos estéticos de Monsieur Dior sería, por primera vez en los 69 años de historia en la maison francesa, una mujer. Pero no cualquiera. 

Maria Grazia Chiuri (53), más conocida como Chiuri a secas, maneja la industria de la moda como pocos. Desde niña mostró una sensibilidad especial ante el diseño, un apego innato a las disciplinas artísticas y a su historia. Encontró en el vestuario una manera de comunicarse. Por eso su adolescencia se refugió en las hojas de un croquis, y así fue puliendo un gusto que agudizaría años más tarde como alumna de diseño de vestuario del Istituto Europeo di Design, en Roma, su ciudad natal. 

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Tranquila, casi obsesiva con cada costura, pero siempre tranquila. Esa templanza es la que sus maestros le celebraban en las aulas y la que rápidamente la trasladó de la teoría a la práctica, como diseñadora de accesorios para Fendi. En la casa italiana, que descansaba desde ese entonces en Karl Lagerfeld, supo de confecciones y detalles para trabajar en piezas ícono de la industria, como el bolso Baguette, famoso por sus apariciones en Sex and the city.

Aunque el éxito parecía resbalarle. Siempre discreta, se mantuvo en la oscuridad y por años no hizo más que aprender de sus superiores, como si hubiera planeado silenciosamente su despegue. “Pero no me gusta trabajar sola”, contaba de su labor en los equipos más exclusivos de la industria. Fue así como a fines de los ’90, el mismo Valentino fijó sus ojos en ella. De paso también se llevó a Pierpaolo Piccioli, otro de los diseñadores que trabajaban con Chiuri en Fendi. 

De ahí que Pierpaolo y Chiuri conformaron una dupla implacable en el diseño europeo. Una nueva generación, mucho más osada que sus antecesores. Pero también marcada por el karma de venir después ellos, de tener que ‘arreglar’ lo que otros ya habían creado. Sobre ellos recayó la tarea de levantar las divisas de Valentino a través de sus accesorios. Debían rescatar una esencia dormida, modernizar la tradición que condenaba a la firma.

Juntos crearon una segunda línea para la casa italiana, RED Valentino, mientras la diseñadora mantenía un matrimonio con dos hijos. Fueron años en vela, corriendo y viniendo de vuelta. Hasta que en 2008 consagraron juntos un lugar en la industria, como nuevos directores creativos de la compañía. Fue el regreso a la era dorada, con piezas que revivieron épocas históricas sobre la pasarela, como el Grand Tour del siglo XVII, la revolución de la sicodelia y un inmortal guiño a la Roma más clásica. “Su mayor logro ha sido posicionar a una mujer bella y contemporánea”, repetía un Valentino mucho más confiado al que los vio llegar. 

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(Querida por celebridades como Keira Knightley y Cate Blanchett, Chiuri también es un fashion icon en sí misma) 

Adorada por los flashes sociales, la diseñadora romana tuvo que dejar el anonimato que la asiló durante 17 años. Comenzó a ser un ícono fashion en sí misma. Con melena casi blanca y sonrisa sincera, se impuso ante la crítica con simpatía. Celebridades como Cate Blanchett, Keira Knightley y la italiana Alba Rohrwacher confiaron en ella su imagen. No es casualidad que Zoolander promocionara en uno de sus desfiles su segunda entrega. Y es que todos, incluidos detractores, respetan su aporte a una industria liderada por hombres. “Nada de esto hubiera sido posible sin la participación de Chiuri”, afirmó el Ceo de Valentino, Stefano Sassi, con ganancias por sobre el billón de dólares sólo en 2015.

Por eso su llegada a la maison fundada en el 30 de la avenida Montaigne es probablemente una de las noticias más comentadas del año. Será la búsqueda del equilibrio, entre el romanticismo y la fuerza de una mujer moderna lo que le quite nuevamente el sueño. “Estoy lista para embarcarme en este desafío”, dijo con seguridad tras anunciar su llegada a Dior. Deberá mantener a raya las bases de un diseño antecedido por hombres como Marc Bohan y Galliano, en las líneas de alta costura, prêt-à-porter y accesorios. Y no queda más que esperar a ver el resultado, a que corran los días ante una nueva Semana de la Moda el 30 de septiembre. Fanáticos y críticos lo saben, Chiuri no es francesa, pero tiene instinto parisino.