Desde Sex and the City que una serie no se transformaba en referente obligado en la industria de la moda. Pero Mad Men no sólo dejó locos a los críticos de TV desde el primer episodio, sino que también a los fashionistas. Estos vieron en la recreación de la década del sesenta —que revive en el programa en una agencia de publicidad en Manhattan—, ese tiempo que tuvo vocación por la sofisticación a través de hombres con sombreros y trajes a la medida, vestidos femeninos y diseños que realzaban a las mujeres con curvas.     

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La responsable de traer de vuelta con acuciosidad esos años es la premiada diseñadora de vestuario Janie Bryant (40). Nombre que hay que archivar, pues ya es referente en la industria de la moda gracias a cada prenda que usaban un guapo Don Draper, la fría Betty, la sexy Joan y la soñadora Peggy. “Nací en un pueblo de Tennessee, pero siempre supe que iba a salir a explorar el mundo para empaparme de cultura”, nos cuenta esta profesional que agudizó su ojo en París y Nueva York.

—¿Te consideras la ‘nueva Patricia Field’?

—(Se ríe) ¡Gracias! O sea, me encantaría ser como ella y ganar premios de la Academia. Aunque Pat y yo tenemos experiencias muy diferentes. Ella es conocida en el mundo por ser la mujer tras la moda de Sex and the City, que es un show distinto a Mad Men.

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—La mayoría de las profesionales tienen fama por sus trabajos con las celebridades en la alfombra roja, ¿qué se siente ser reconocida por trabajar en ficción?

—Hay que distinguir que no soy estilista. Soy una diseñadora de vestuario —Pat también lo es— y es muy importante diferenciarnos por el trabajo que hacemos: colaborar a que los personajes cuenten una historia desde lo que llevan puesto.  

—¿Cómo es el trabajo con Matthew Weiner, creador de Mad Men?

—Antes de que partan las grabaciones, tengo seis semanas en que preparamos los looks con mi equipo. Como antesala a esa etapa, me reúno con él. Me cuenta de qué trata el ciclo y en qué hay que poner énfasis. Con esa información, empiezo a trabajar en el tema visual. Ahí comienza la búsqueda de elementos relevantes, como relojes y prendas de la época. Recorro tiendas especializadas en artículos vintage. Cuando tengo todo, construyo a cada personaje y les elaboro un book individual, que resume mi investigación y las referencias que me inspiran. Parte, entonces, otra etapa de conversaciones y las pruebas con los actores. Este proceso está en marcha desde el primero hasta el último capítulo.

—¿Cómo fue la despedida?

—Decir adiós fue muy especial. Nos puso triste separarnos luego de ocho años. Lo que Mad Men ha hecho por nuestras carreras es fantástico. 

—El impacto de tu trabajo se ha extendido al circuito de la moda, con diseñadores que se inspiran en el programa. Y acabas de lanzar una colección con Banana Republic.

—¡Lo sé! Es increíble. Ya es nuestra tercera línea de ropa. Todavía me asombra cómo Mad Men tocó la industria no sólo en Estados Unidos.

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—¿Esa repercusión fue por una falta de estilo en este inicio de siglo o nostalgia?

—Creo que las nuevas generaciones se inspiraron con nosotros. Para ellos también fue una forma de conocer una época por la ropa. Para los adultos rememora un tiempo de manera romántica. Se ha tocado a hombres y mujeres por igual.

—Finalmente, ¿nos podrías contar cuáles son las medidas de Jon Hamm?

—(Salta la publicista que no capta la broma y luego Janie responde entre carcajadas) No me permiten revelarlas…