Lea Carreño es bonita y su outfit amerita una foto para cualquier reporteo de street style. Ella y su socia Kelly posan para CARAS y  cuando le pregunto el nombre Lea dice en un perfecto inglés del norte de Londres que tiene apellido chileno, aunque es mitad británica.

Y Paper London, la línea de ropa que diseña junto a Kelly Townsend y que tiene como sello llamativos diseños gráficos de colores fuertes, saltó a las primeras páginas hace poco, cuando Pippa Middleton usó uno de sus vestidos para ir a la final del US Open. Y como todo lo que ella y su célebre hermana Kate se ponen, esa prenda pasó a encabezar la lista de objetos deseados de las fashionistas, disparando los bonos de la marca. Falta ver si será cliente frecuente…

UNA CARRERA RAPIDÍSIMA ha hecho Lea a sus 29 años. El primer trabajo, antes de egresar de Central Saint Martin —Universidad de las Artes de Londres—, fue en Pringle of Scotland, famosa marca inglesa que diseña tejidos desde fines del siglo XIX y que inventó el clásico twinset. De ese han pasado apenas siete años…
—¿Desde cuándo pensó seguir diseño?
—Siempre me atrajeron dos cosas: la danza y el diseño. Pero a medida que crecí, desarrollé más lo creativo y el diseño fue el camino natural.
—Estudió en Saint Martin, cuna de algunos de los diseñadores más grandes, como McQueen, McCartney y Pozen. ¿Qué ventaja le trajo?
—La primera, conocer a Kelly, directora creativa de Paper y ahora mi socia. Fuimos compañeras de curso. Pero, sin duda, fue determinando por el respeto que conlleva un diploma de Saint Martin, tiene fama de escuela muy exigente. Hay mucha competencia, la gente que va ahí es súper perseverante, te rodeas de puros talentos.
—¿Por qué te especializaste en tejidos?
—Descubrí que podía jugar mucho con los colores y era un mundo menos explorado.

SU PADRE, EL BAILARÍN PATRICIO CARREÑO, de quien seguramente heredó su amor por el arte, se separó de su mamá inglesa, y regresó a Santiago. Lea lo visita a él y su familia chilena cada vez que puede, pero nunca tan frecuentemente como desearía. Sus papás se conocieron en París, donde vivían cuando ella nació. Un par de años más tarde se fueron a Inglaterra, país que Lea considera suyo a pesar de que cuando va a Chile no se siente extranjera. Su último viaje fue en marzo y piensa volver este verano. Espera con ansias encontrarse con su abuela Eliana Franco Bravo, una mujer que la inspira. “Siempre cosió su propia ropa porque no le gustaba lo que veía en las tiendas, aún lo hace y se ve espectacular”.
—Antes de graduarse tomó una especie de año sabático para viajar por Latinoamérica con Kelly. ¿Influyó ese tiempo en tu carrera?
—Totalmente. Me maravillé con los colores, con las combinaciones inusuales. Nos nutrimos de muchas ideas. Era una constante inspiración. Las formas son bastante sencillas, pero favorecedoras y femeninas. Se trata más que nada de los colores fuertes y los dibujos gráficos en las telas. México es alucinante con las mezclas de neón en contraste con tonos oscuros, por ejemplo.
—Hiciste tu práctica en Pringle of Scotland, como diseñadora asistente. Después vino John Rocha. Te recibiste y de inmediato te contrató Tommy Hilfiger. ¡Puros colosos de la moda!
—Cuando comencé en Pringle of Scotland, la firma había cambiado de director y se enfocaba hacia lo fashion, un gran giro pues su sello era lo tradicional. Fue un desafío interesante ser parte de ese cambio. Con Rocha trabajé en su tienda en Dover Street y aprendí mucho de texturas, las telas que usa son increíbles. Con Tommy Hilfiger debí trasladarme a Amsterdam donde él tiene sus oficinas para el mercado europeo.
Y luego vino Paper. En 2011 se unió al proyecto que habían creado sus amigas Philippa Thakeray y Kelly Townsend. “Un sueño hecho realidad. Trabajar con tu mejor amiga es ideal”.
—¿Cuál es el próximo sueño?
—Por ahora queremos concentrarnos en la línea femenina; luego nos gustaría agregar accesorios y, tal vez, una línea masculina. Pero de a poco. Este año tuvimos la exhibición en la semana de la moda londinense, lo que es un buen logro; en febrero quisiéramos hacer una presentación, que es un paso más, y luego el gran salto: la pasarela. Mi meta es vender la marca globalmente. En estos momentos tenemos nuestros diseños en una pequeña boutique en Taiwán y otra en Italia.
—¿Y en Chile? ¿Cómo ves ese mercado?
—Cuando fui en marzo pasado vi un cambio comparado con cuatro años antes. Sentí que estaban pasando cosas en lo cultural, la industria de la moda ha crecido, existen más boutiques y tiendas de diseñadores independientes que me parecieron muy interesantes. Ciertamente vi mujeres de mucho estilo. Creo que hay mercado para Paper. Estoy consciente de que nuestros precios son altos, pero la producción se hace en Londres, en fábricas que aseguran calidad, eso se refleja en el valor.
—Hablemos de Pippa. ¿Qué pasa cuando alguien como ella compra uno de tus modelos?
—El vestido se agotó en dos días. Ella es una gran embajadora para cualquier marca. Supimos que lo había comprado porque su estilista llamó a la persona encargada de ventas. Cruzamos los dedos para que lo usara en algún evento público. Y lo llevó a la final del US Open. La fotografiaron hasta el cansancio, lo que nos atrajo clientela de Estados Unidos, mercado al que no habíamos llegado.