Al margen de todos los escándalos del resto de las modelos y manteniendo la compostura en cualquier evento que se le vea, la maniquí californiana de 20 años Gigi Hadid es la última joya que promete en la moda internacional y no sólo por su belleza sino por su comportamiento ideal.

Nada de polémicas. “Impecable”, dijeron de Gigi Hadid los críticos que le dieron un lugar en las listas de las mejores vestidas de la última gala del MET. Gracias al rojo del diseño de Diane von Furstenberg, la modelo de 1.78 metro de ascendencia palestino-holandesa y eternas piernas, hizo su debut en la fiesta de Anna Wintour donde una vez más, su actitud se igualó con su indiscutible belleza. Sin tatuajes temporales como su íntima amiga Cara Delevingne, tampoco haciendo muecas, ni menos vistiendo extravagancias al estilo Rihanna, Hadid fue la única de esta pandilla de modelos amigas ‘cool kids’ —entre las que también están Karlie Kloss, Kendall Jenner y Taylor Swift— que siguió al pie de la letra no sólo la regla del dress code estilo chino de la fiesta sino la de no subir selfies durante el evento.

Musa de Karl Lagerfeld, Tom Ford y Marc Jacobs, pero también ícono de la revista Sports Illustrated, Gigi se diferencia del resto. Es hija de la protagonista del reality The real housewives Beverly Hills, Yolanda Foster y hace un par de días subió una foto a su cuenta de Instagram —con más de 3 millones de seguidores— junto a su madre: “Tú me inspiras y me enseñas más cada día y soy feliz de llamarte mamá”. Y está claro que más de algo aprendió de ella. Fue su misma madre quien la alejó de los flashes y las cámaras a los cuatro años luego de ser fichada como rostro para Baby Guess. ¿La razón? Concentrarse en sus estudios y nada más. De hecho, no se supo de ella en más de una década y hoy —además de tener millonarios contratos para marcas como Guess y Maybelline New York— estudia sicología criminal, ganó el premio a la Modelo del año de The Daily Front Row y se ha transformado en la nueva musa de los diseñadores.