Sin duda alguna, uno de los planos donde la imagen personal juega un rol clave es en el mundo laboral o de los negocios, especialmente desde que el paradigma del mundo empresarial cambió. Comenzar a ver desde otra perspectiva y atrevernos a explorar nuevos puntos de vista en relación al trabajo, el entorno y uno mismo, se convierte en algo absolutamente necesario para poder tener una visión más amplia y adaptarnos a los nuevos tiempos.

Si antes vestir de un traje dos piezas o corbata era considerado un atuendo adecuado –dejando de lado los bufetes de abogados y el mundo financiero– hoy es crucial comprender que este estilo tradicional y clásico, asociado desde siempre al prestigio, confiabilidad o poder ha cambiado. En la actualidad, no todas las empresas persiguen estos valores, e incluso, vestir con un traje de dos piezas puede asociarse por ejemplo a poca flexibilidad, falta de un punto de vista propio o un fuerte apego a las reglas.

Hoy, las nueva generaciones se sienten absolutamente poco identificadas con el “trabajo para toda la vida” y los nuevos escenarios, la incertidumbre y el cambio se convierten en los círculos en los que todos empezamos a encontrarnos, movernos y relacionarnos. Por esto es crucial ampliar nuestros límites tanto como profesionales independientes o empresas desde el fondo hasta la forma. La antigua “forma de hacer las cosas” que se tradujo en éxito y excelentes resultados, no nos asegurará un futuro próspero si no somos capaces de entender que los tiempos han cambiado y que debemos no sólo adaptarnos, sino también reinventarnos.

Muchas personas que han comprendido la importancia de la imagen personal en el plano individual, ahora han sentido la necesidad de hacerlo también en el mundo corporativo, donde nuestra apariencia pasa a ser mucho más que una simple “carta de presentación”, que es la clásica lectura que todos tendemos a hacer. Aquí, su relevancia es tal, que la convierte en un vehículo para alcanzar metas, destacar de la manera correcta en relación a nuestros pares o conseguir con mayor determinación objetivos profesionales. Es algo que vi día a día tras trabajar varios años en el área de Recursos Humanos como Gerente de Desarrollo y Talento de una gran multinacional, donde la imagen personal y la seguridad que esta entrega en las personas y en lo que proyectan, muchas veces va por sobre las competencias o el performance, abriendo paso al relacionamiento, a la autoconfianza o el liderazgo. Hoy lo veo con mis actuales clientes y es conocido como executive branding, el cual pone énfasis en la valoración de la persona más allá de sus habilidades reconociendo su individualidad por medio de la apariencia personal y todo lo que implica la corporalidad y la conducta no verbal.

Es por esto que hoy más que nunca, la flexibilidad –como competencia laboral– es una de las competencias que más se valora. La fidelidad, el perfeccionismo o el sacrificio personal, aptitudes que en tiempos anteriores eran las más deseadas, hoy van quedando atrás, ya que se buscan profesionales que tengan las herramientas necesarias para desenvolverse con éxito en esquemas organizacionales más fluidos e inciertos. De ahí que el estilo propio, la expresión individual en la que nos permitamos ser y sentirnos en coherencia con nosotros mismos (dentro de ciertos cánones y entendiendo que somos parte de un “micro sistema”) o en simples palabras la posibilidad de expresarnos de una forma más autónoma, sea bien visto y valorado, ya que nos lleva a dar una imagen de ser más rápidos, más “integrados” y mucho más respetuosos con la diversidad nos caracteriza como especie humana.

Nunca lo olvides: nuestra imagen no sólo impacta en nuestro entorno y con quienes nos relacionamos. Lo más importante es que impacta en ti mismo, en cómo te percibes, desde qué arista te relacionas y en cómo te defines, lo que influye de manera directa en tu propia valía, desempeño y objetivos personales y profesionales.

Comentarios

comentarios