Es viernes y las luminarias de Navidad de la exclusiva Avenue Montaigne de París acaban de encenderse. Al interior del Théâtre de Champs Elysées ubicado en la misma calle, tiene lugar la tradicional Gala de presentación de los árboles de Navidad de diseñadores de moda a beneficio de los enfermos de cáncer.

Este 2017 entre los nombres de Elie Saab, Jean Paul Gaultier o Dior, figura el del creador chileno de mayor proyección internacional, Octavio Pizarro. Si se conoce el trabajo del viñamarino, radicado hace 20 años en la capital francesa, es fácil deducir que la pieza ‘Dualidad Poética’ es la suya. Un triángulo negro, de plexiglás, sobre el que se han posado una decena de mariposas hechas en crin. Octavio, el hombre de los tejidos, de la alpaca, incursiona en el pelo de caballo. “Todo tiene un por qué en esta obra”, reconoce el creador.

“La dualidad es uno de los códigos de mis trabajos. Mi vida también es dual, vengo de América Latina pero vivo en París. Es dualidad de materias: el plexiglás, que uso en los bordados de mis vestidos, y el crin así como de la tecnología que se usó para construir el triángulo y el trabajo manual de las mariposas. El triángulo es también un guiño a la pirámide del Louvre, pero sus lados asimétricos forman una especie de ola, que recuerda la costa chilena. Y las mariposas tienen ese significado romántico y dan la idea de un nido”, explica.

El color negro ha acompañado las colecciones de Octavio desde hace más de 20 años. Pero en octubre pasado, al presentar su colección de prêt à porter en un hotel cerca del Arc de Triomphe a los compradores, lo dejó de lado y los medios remarcaron que “Octavio Pizarro se atreve” finalmente con el color. Tiene que ver con la etapa de vida por la que está pasando: “El trabajo de un diseñador, de crear una colección, es como surfear, como capear las olas. Cuando viene una grande, hay que aprovecharla. Es por épocas, no puedo decir que es fácil hacer su marca en una ciudad tan competitiva como París. Este cambio se debe a que estoy más relajado, menos ansioso, creo que la ansiedad mata, y eso se notaba en mi trabajo, Ahora estoy más suelto, tomando todo con alegría y dando gracias a todo lo que llega”.

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—¿El conocido actor Thierry L’Hermitte compró su pino de Navidad? Imagino que fue toda una experiencia…

—Me encanta como actor, es súper popular. Cuando vino con su mujer a ver mi pieza le expliqué toda la historia de la creación y le encantó. Y luego se la llevó en el remate para ponerla en su casa. El plexiglás se hizo en Francia, y el crin lo hicimos con un grupo de artesanos de Rari, que se llama artesanías chilenas. Trabajamos vía WhatsApp. Les mandé lo que yo quería, el tamaño de las mariposas y el color.

—¿Octavio, el hombre de los tejidos, explora otra materia?

—Fue muy interesante hacer este proyecto porque me hizo salir del contexto de la colección de moda y usar el ADN de la marca, la creatividad, pero con otros materiales y otro lenguaje.

—Se nota que estás en un período de madurez. Lo mismo se refleja en tu última colección, donde perdiste el miedo al color.

—Sí, me tiré con color, más suelto, más urbano: amarillo, azul, blanco, naranjo y obviamente toques de negro. Tiene que ver con ese cambio en mi manera de ser, estoy haciendo deportes, hay un cambio definitivamente.

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—¿Cómo se volvió el hombre de la alpaca?

—Hace muchos años cuando dejé Guy Laroche, ProChile me invitó a Chile. En esa época la alpaca no la conocía nadie y me llevaron al altiplano a conocer a los ganaderos aimaras y que tejen también. Y de allí vino la idea.

—¿La alpaca puede competir con la cachemira tan apreciada en Francia?

—Es diferente, porque la alpaca tiene esa cosa más ruda, como que uno siente más el animal. La cachemira está tan desarrollada que encuentras alguna hecha en China que es pésima y envejece mal y otra increíble en Italia.

—¿Te sientes el diseñador más importante de nuestro país?

—Nunca lo he mirado así. Tengo la suerte de dedicarme a lo que me gusta y vivir de eso. Creo que la discreción es muy importante. No me gusta hablar mucho de mí, prefiero dejar hablar a mi trabajo.