Fue en la Primera Guerra Mundial cuando el enfrentamiento entre los aliados y los representantes del imperio central cobraba sus primeras víctimas, la primera vez que se le vio en acción. Los pilotos de los aviones “bombarderos” del Real Cuerpo de Aviación en Bélgica y Francia fueron los primeros a quienes se les confeccionaron largos abrigos de cuero en el año 1915. Las cabinas de mando en las naves de combate no eran cerradas y el cuero se creía era uno de los materiales más térmicos disponibles para protegerlos de las inclemencias del tiempo. Este invento no pasó inadvertido para las fuerzas estadounidenses, y dos años después crearon sus propias chaquetas de cuero, de donde nació el término “chaquetas de bombardero”.

En 1931 nació la chaqueta-A2, una versión a la cintura que se convirtió en una pieza estándar del uniforme militar norteamericano y que aún sigue siendo la más popular. Luego los aviadores de la marina idearon su propio modelo, conocido como la M44.

Considerada la primera prenda creada sin un objetivo comercial sino ciento por ciento utilitario, fue precisamente en la década de los 30 cuando se les dio el giro que las transformó en la prenda ícono que hoy conocemos: se acortaron y adquirieron un estilo de motociclista, ajustada a la cintura y en las muñecas para que los amantes de la velocidad pudiesen protegerse del aire frío. Luego, fue incorporando otros detalles más modernos y se volvió más ceñida en la cintura.

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Recién en 1928, los hermanos Irving y Jack Schott de la tienda norteamericana Schott Brothers crean a petición de la industria de motocicletas Harley Davidson la que es considerada un modelo al que bautizan como “Perfecto motorcycle jacket ”, por ser el puro cubano favorito de Irving. La chaqueta que tenía un costo aproximado de US$ 100, estaba hecha con cuero negro de caballo y tenía una cremallera asimétrica en el centro, grandes solapas, herrajes cromados y su diseño era ceñido a la cintura.

Desde que comenzó a venderse, vivió más de dos décadas de anonimato hasta que en los cincuenta Marlon Brando apareció con una de ellas en la cinta The Wild One. En la película del director Laslo Benedek, el actor personificaba al líder de una banda de motoqueros que conducía una Triumph Thunderbird con un cigarro en los labios. El personaje pasó a ser el objeto de deseo de las mujeres de todo el mundo. Por lo que después de brillar en la pantalla grande, la creación de la industria motoquera se convirtió en la prenda fetiche que gran parte de los hombres querían tener. Para los historiadores de moda, ese momento se convirtió en un primer gran triunfo de la cultura popular en el mundo fashion.

James Dean fue otro gran seguidor  y adoptó ese estilo como su uniforme: “Perfecto” y camiseta blanca. De hecho, dicen que es la chaqueta que llevaba el día en que murió. Otro punto más para avivar el mito rebelde de esta prenda.

Sin embargo, esto también tuvo su lado B. La imagen que Brando y Dean transmitían era de chicos malos pero cool y entonces la chaqueta de cuero se asoció con matones y con brotes de delincuencia juvenil por lo que muchos colegios y universidades trataron de prohibir su uso. Claro que sin éxito. Con el tiempo, vendría la redención.

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“A pesar que es un modelo que fue confeccionado hace tanto tiempo, hoy es la chaqueta estándar y la que más se ve por la calle”, explica Kristen Haggerty, curadora de la exposición Beyond Rebellion: Fashioning the Biker Jacket de Fashion Institute of Technology de Nueva York. A su juicio, es en la inteligencia que hay detrás de la prensa y su asociación con símbolos de “rebeldía y modernidad” lo que explica como con casi un siglo de vida no pierda vigencia. “Se trataba de romper la norma y hacer algo diferente, no era solo el estilo de la prenda sino que también se asociaba con lo pendenciero, como aún ocurre hoy cuando la gente se pone la chaqueta. Por eso, a lo largo de la historia distintos movimientos contraculturales han utilizado esta prenda desde los punks, los rockeros o cantantes del pop”.

El primer diseñador que vio su potencial fue Yves Saint Laurent, quien en 1960 presentó su primera chaqueta de cuero en una colección para Christian Dior inspirada en la cultura juvenil. Pese a que despertó aplausos también trajo consigo una serie de cuestionamientos al hecho de que la inspiración viniera de un accesorio hasta el momento asociado a la vida marginal. Esto provocó un terremoto entre los puristas de la moda que no entendían que la cultura de la calle comenzara a influir a las marcas de alto diseño. “Al final la propuesta de Sain Laurent logró que las chaquetas se convirtieran en algo “aceptable” y “moderno”, como ocurre hoy. Cuando nadie se atrevería a dudar de que es una prenda que ya se adapta a los cambios y a las tendencias del momento”, argumenta Kristen Haggerty.

A lo largo de la historia, varios músicos la han hecho parte de su uniforme. Desde Elvis Presley que llegó a tener más de un millón hasta The Rolling Stone que la hicieron parte de su música, pasando por Madonna que la usó como única vestimenta en su provocativo libro Sex y Michael Jackson que le dio el lugar protagónico en la portada de su celebrado disco Bad. Pero fueron los punks los que la convirtieron en el lienzo donde protestaban contra el sistema, escribiendo consignas, colocando parches y tachas que simbolizan balas sobre el cuero.

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Cada diseñador que supo brillar en las últimas décadas tiene su propia interpretación para un producto que no hace más que crecer con el paso de los años sin perder la jovialidad de sus comienzos. En los ochenta, fue Carolina Herrera quien le dio el máximo de glamour en la pasarela, al dejar a la first row boquiabierta con un modelo de terciopelo de algodón negro con una cremallera asimétrica y un cinturón a juego. En los noventa Versace y Chanel la convierten en la vedette de varias temporadas con distintos largos, colores y aplicaciones que imitan animales exóticos como cocodrilos o serpientes. Sin embargo, hoy cuando encabeza un nuevo reinado, el modelo clásico sigue imponiéndose como hace casi un siglo.