Estamos a principios de noviembre, en Chatham, una localidad a una hora y media al sureste de Londres. En concreto en el Chatham Historic Dockyard, el antiguo astillero hoy convertido en museo marítimo y considerado Patrimonio de la Humanidad por su rol en la industria naval británica y la belleza, todavía en pie, de su arquitectura de ladrillos rojos y suelos pavimentados.

Son las ocho de la noche y el frío, la humedad y el viento calan los huesos en el exterior de los viejos hangares. Un equipo de rodaje ultima los detalles en una de las callejuelas al abrigo de los focos y un té con leche ardiendo –estamos en Inglaterra– entre las manos. Un Mercedes se detiene delante del set. Al cabo de unos minutos se abre la puerta y sale Kate Moss vestida únicamente con una chaqueta de lentejuelas y unos shorts de fiesta. Tras retocarle el peinado se pone delante de la cámara y empieza a moverse con la naturalidad y la sensualidad que la caracterizan. No se atisba piel de gallina. Cero muecas de malestar en su rostro. Si estuviera en Copacabana actuaría igual. Kate Moss es una profesional de los pies a la cabeza. Y ese es uno de los motivos por los que al día de hoy es la modelo. El ícono. No hay nadie más. Sólo ella.

A punto de cumplir los cuarenta –el próximo 16 de enero– está, además, en su mejor momento. Las marcas de ropa sueñan con que sea su imagen, los editoriales de moda suspiran por ella, las it-girls la veneran y el resto de las mortales tratan de imitarla. Hasta el mundo del arte se ha rendido a sus pies. La subasta de algunas de las mejores fotos de su carrera a finales de septiembre en Christie’s alcanzó casi dos millones de euros. Ah, y continúa siendo ese mito pansexual de los noventa. Así lo sentencia la revista Playboy, que para celebrar su sesenta aniversario ha descartado a su icónica Pamela Anderson a favor de una Kate Moss vestida, y posando, como una conejita.

Y eso que al inicio de su carrera, pocos apostaron por ella. Y eso que a diferencia de todas las Claudias, Cindys y Giseles, ha llevado una vida, digamos, más desordenada. Pero esa es la clave de su éxito. Una mujer apasionada por su trabajo durante el día, juerguista por la noche y fiel a sí misma todo el tiempo. Kate ha triunfado por lo que es. No aparenta, no pretende ser alguien diferente.

La sesión de rodaje es para la próxima campaña de Falabella, de la cual es imagen desde hace tres temporadas. Kate es tremendamente privada. Ella prefiere hablar con su mirada ante las cámaras. Pero hoy, durante unas horas, se nos permite acercarnos al mito y a la persona. Comprobar que es real y por qué fascina al mundo entero.

—¿Cuál es la clave para ser la modelo más reconocida internacionalmente?
—Realmente no siento que lo sea. Yo sólo amo mi trabajo.

—¿Y qué se siente al ser considerada un ícono de la moda?
—La verdad es que no me siento un ícono. Sólo hago un trabajo que amo profundamente y en el que me permito vestir y verme como quiero.

—Pero muchos artistas se han sentido inspirados por su figura. ¿No se siente una musa?
—No, lo que siento es un verdadero honor por haber colaborado con tantas personas talentosas, muchas de las cuales han sido verdaderos visionarios del mundo de la moda o de distintos ámbitos creativos.

Vale, esa es la primera regla: conservar el espíritu humilde de la chica de Croydon, el borough más grande de Londres, situado al sur de la ciudad. Ella es, sencillamente, esa chica cool que suelta tacos delante de sus amigos y no tiene remilgos en posar desnuda.

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Sí, tiene aura de diva. Lo comprobamos en el set. Mientras el resto del equipo, formado por más de 150 personas, ultima los flecos, ella espera en el interior del coche, con la única compañía de su chofer, mascando chicle y mirando de un lado a otro o hacia ninguna parte. Cuando por fin sale, sus asistentes le quitan las pantuflas y le calzan unos stilettos de al menos doce centímetros.

Cuando termina vuelve al coche en compañía de un séquito. Eso es ser una estrella. Ahora bien, durante todo el tiempo, sólo ha tenido sonrisas y palabras amables con todo el mundo y se ha despedido de algunos miembros con besos y abrazos. “Siempre se comporta como una más del equipo”, nos cuenta el director del rodaje, Martin Romanella, quien ya ha trabajado con la top en las anteriores campañas con Falabella. “Nunca he escuchado nada malo de ella”, añade el director de fotografía Eric Knorpp. Y sus palabras pesan pues antes de convertirse en fotógrafo de moda fue modelo masculino y conoce a Kate desde el primer día de su carrera, ya que ambos compartieron agencia. Más humildad.

—¿Qué se siente al ser la protagonista de las campañas publicitarias más importantes?
—La verdad es que se necesita un tremendo equipo para lograr imágenes únicas y especiales.

De acuerdo, Kate. Pero reconoce que tienes algo especial. Y ese algo es su mirada y su fotogenia. Lo suyo es un caso curioso. Estando sólo a unos metros de ella, depende de cómo la mires, puede parecer una madre cuarentona corriente, muy normal, o una veinteañera con el sex appeal característico de las British girls. “Su cara no es perfecta pero es muy particular y tiene una mirada muy fiera”, nos dice Val Garland, su maquilladora habitual. Y luego está su don: transformarse delante de la cámara. Todas las personas con las que hablamos para este reportaje destacan su gran fotogenia. “Sabe cómo moverse delante de la cámara”, explica Romanella.

Es verdad. Cuando la cinta empieza a rodar, la Moss comienza a inclinar la cabeza hacia arriba y atrás “hasta ese ángulo que ella siente y conoce tan bien”, cuenta John Galliano en el número de diciembre del Vogue UK, donde el denostado diseñador colabora como editor especial en un reportaje visual en el que se fotografía con su amada Kate. “Cada músculo sostenido por esa bella estructura está trabajando, proyectando, viviendo, sintiendo (…) Su único guión es el vestido que lleva”. Kate, sin embargo, te dirá que lo de saber posar “todavía es un misterio para ella”. Humildad ante todo.

Sus ojos tampoco son perfectos y empiezan a acusar sus cuatro décadas de vida y esos hábitos tan antimodelo como fumar, trasnochar, beber alcohol, tomar café y, bueno, lo de las otras sustancias, al menos en el pasado. Pero son sexys. Y le permiten ser camaleónica, otra de sus claves. Sólo con su mirada puede adoptar mil roles: niña inocente, lolita, adolescente rebelde, super woman. Y es por ello que a sus casi 40 años todavía es imagen de marcas tan juveniles como Topshop, Mango o Rimmel London. Una realidad que – lo sentimos por ellas – pero ni Linda Evangelista, Helena Christensen o Heidi Klum, pueden ya permitirse.

Kate irrumpió en el mundo de la moda a principios de los noventa, en la era de las supermodelos. Pero a medida que el grunge alcanzaba su plenitud, ella, con su 1,70 metro de estatura y su cuerpo andrógino echó a todas las amazonas de la pasarela. “Yo creo que las modelos tenían celos de ella”, dice Knorpp, nacido en USA pero afincado en Santiago desde hace 14 años. En los dos mil, muchas, y más jóvenes que ella, han intentado imitarla. Agyness Deyn, Alice Dellal, Karlie Kloss… Pero ninguna ha podido usurparle el puesto. “No hay nadie como ella”, opina el fotógrafo. “Cara Delevigne es amazing pero sólo hay una Kate”, sentencia Val.

Su particular sello a la hora de vestir es otro de sus ases ganadores. Ha convertido los pitillos, los botines de aguja y los blazer en un look infalible que, sin embargo, no todas saben lucir. Por supuesto, no copia de nadie. “Tiene estilo y buen ojo a la hora de comprar en sus viajes”, nos cuenta Katie England, una reputada estilista en el mundillo que trabaja con la modelo desde hace diez años. Entre toma y toma, England confiesa cuáles son sus gustos y manías en el probador. “Le encanta el estilo de las esposas de los músicos roqueros, y no le gusta para nada la estética de los años ’80. Las hombreras grandes, por ejemplo”.

—¿Por qué cree que su estilo de moda es atemporal?
—Creo que la gente ve en mí una mezcla de estilos que funcionan y tienen sentido. Mi día a día es siempre casual, mezclo mucho vintage, ropa de calle y de diseñadores, una combinación que tal vez puede ser interesante para muchos.

Luego tenemos el incidente de 2005. La famosa foto que la cazó consumiendo cocaína. Hasta entonces la imagen de Kate Moss había resistido sus peleas con Johnny Deep, su novio en los noventa, y sus borracheras con Pete Doherty, su pareja rockera en los dos mil. Pero esta vez había ido demasiado lejos, sentenció la industria. Chanel, Burberry y H&M la condenaron a quedarse sin contratos.
El modo en cómo resurgió todavía es un misterio. Uno se pregunta si sobrevivió gracias a que ya era un icono o si se convirtió en un icono a consecuencia de ello.

Una vez más su personalidad jugó un papel importante. Kate podría haber entonado el mea culpa en un comunicado o llorar delante de Oprah, pero fiel a su estilo de permanecer callada y no dar explicaciones, simplemente ingresó en una clínica de rehabilitación y rompió con el músico. Luego llegaron sus amigos del mundo de la moda. La imagen de Alexander McQueen cerrando su desfile con una camiseta blanca y el mensaje impreso ‘We love you Kate’, pasará a la historia. Un año después del escándalo sus bonos habían subido y las marcas volvían a peleársela. Así, sin más.
O no. Porque aparte de McQueen tuvo de su lado a otros todopoderosos. A saber: Anna Wintour, la diabla que mueve los hilos en la industria desde su silla de editora jefe del Vogue USA; el fotógrafo Mario Testino y John Galliano antes de caer también por el precipicio.

—¿A quién considera el diseñador más creativo hoy?
—No podría nombrar a uno solo. Hay tantos nuevos que están haciendo un aporte al mundo de la moda…

Chica prudente, no sea que alguien se ponga celoso, pero todos sabemos que Galliano tiene un lugar especial en su corazón. Tanto, que le pidió que diseñara su vestido de novia – en 2011 se casó con el músico Jamie Hince – ya no por su talento sino para ayudarlo a salir del bache. En la única entrevista de Galliano tras pronunciar los insultos antisemitas que destruyeron –al menos temporalmente – su carrera en un bar de París aquel mismo año, el diseñador explica la relevancia de aquel encargo: “Me salvó como persona porque supuso mi rehabilitación creativa. Ella me retó a ser yo mismo”.

—¿Y Mario Testino, qué tan importante es en su carrera?
—Mario hace que todo lo que ocurra a su alrededor sea especialmente divertido, lo que permite que todo lo que haga con él nunca parezca trabajo.

La modelo británica es una de sus musas. Se conocieron cuando era una adolescente “y nadie la encontraba sexy”, ha dicho él. “Kate es una de las personas que más me ha influido. Por su energía, por su curiosidad, por su sentido del humor”. Su amor correspondido está plasmado en el libro Kate Moss by Mario Testino, un homenaje del fotógrafo a la modelo.
Personalidad aparte, la chica rebelde también se ha ganado el favor de los grandes gracias a la pasión que siente hacia su profesión. “Aún me siento muy inspirada por cada una de las cosas que hago a diario y por los proyectos en los que me involucro”, responde a CARAS.

Y, ojo, se conoce el terreno a la perfección. “Kate es tanto una musa como una creadora”, cuenta Galliano en el Vogue UK. La modelo ha diseñado colecciones para la firma de bolsos de lujo Longchamp y la high street Topshop (no hace falta decir que sus diseños se agotaron). Y, aunque sus vacaciones en Formentera y sus bailes encima de las mesas en casa de sus amigos aparenten lo contrario, estamos ante una business model —califica Knorpp—, que tiene bien tomadas las riendas de su exitosa carrera publicitaria. Forbes cifra sus ingresos del año pasado en 5,7 millones de dólares.

—¿Cuál es su opinión respecto del mundo de la moda hoy?
—Es una industria tan demandante y atractiva, que lo único que puedo decir es que siempre está evolucionando, y lo más importante aún, sigue inspirando a millones de personas.

Son las once de la noche. Knorpp saca las últimas fotografías en el interior de uno de los viejos almacenes. La sesión lleva un retraso de más de dos horas. Se rumorea que la top debería haberse marchado a las nueve. De ser cierto, no muestra ningún signo de enfado. Profesionalismo hasta el final. Un rato antes, le habíamos preguntado al fotógrafo qué futuro le vaticina a la modelo. El lo tiene claro: “Kate será un icono toda su vida”. Pues no se hable más. God save Kate.