Ha sido un año especialmente movido en la industria de la moda. Grandes nombres como Phoebe Philo, Alber Elbaz y Sarah Burton dejaron las firmas que les permitieron alcanzar fama y prestigio. Piezas clave que se mueven y se reacomodan. Una industria que surfea la contracción económica mundial e impulsa el segmento de lujo. Un universo con una realeza que aspira ser leyenda, pero con un único emperador. 

El hombre de pelo blanco que convierte en oro todo lo que toca. El que acaba de inmortalizar a Kim Kardashian y Kanye West en la portada del September Issue de Harper´s Bazaar. Karl Lagerfeld, el eterno.

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El hombre que puso de moda las poleras tipo souvenir de viaje y convirtió a Cuba en un destino trendy se mueve serpenteante entre los distintos universos del diseño y la creación.

Sus últimas movidas incluyen el anuncio de su debut como decorador de ambientes para el lujoso complejo de viviendas The Estates at Acqualina en Miami para el año 2020 —creará el hall de entrada de ambas torres inspirado en el estado de la Florida— y el lanzamiento de la KarlBox, una caja de lápices por el XX aniversario de la marca alemana Faber-Castell, una firma que desde siempre ha estado ligada a la vida del káiser.

De hecho él fue quien diseñó en 1987 el vestido de novia de Mary Hogan, la actual condesa Mary von Faber-Castell, quien en ese entonces era directora de Marketing de Beauté en Chanel en Nueva York. Karl hizo un diseño especial para la ceremonia con 20 metros de satén de seda color marfil y 200 metros de tul.

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Desde ese entonces comenzó una cooperación entre ambas casas, y acercó al gran Lagerfeld al conde Anton-Wolfgang von Faber-Castell y su esposa. En 1988 Karl fue parte de una inusual campaña de publicidad donde artistas de la talla de Ferdinand Alexander Porsche y Alexander Vethers se unieron para destacar los atributos de los lápices alemanes. Y en los próximos días verá la luz la KarlBox, una caja de 120 lápices y marcadores de tinta china diseñada por el hombre detrás de los desfiles más impactantes de las últimas décadas. 

–Además del origen alemán, ¿qué otras cosas comparte con Faber-Castell?

—El conde Von Faber-Castell siempre tuvo la idea de ofrecer al mundo un producto inesperado y único.

—¿Qué significan para usted los colores? ¿Cómo los elige?

—Lo que me entretiene del hecho de dibujar es la tarea en sí misma. Para mí, dibujar es como respirar y escribir. Son cosas que prácticamente me relajan.

—¿Qué ocupa para sus bocetos?

Lápices acuarelables Albrecht Dürer y también otros tipos de productos, como las sombras de ojos de Shu Uemura.

Cuando desarrolla sus colecciones de alta costura y prêt-à-porter Lagerfeld, quien se ve a sí mismo como un ilustrador más que un diseñador, no considera al material como un punto de partida, sino que el papel y el lápiz se transforman en la fuente de su inspiración. Sus dibujos son bocetos de trabajo e instrucciones directas a su equipo. Un ejemplo de esto fue lo que lo movió a crear el vestido de novia de la condesa Von Faber-Castell. La idea del modelo “roseta” en bordado de seda, surgió luego de hojear la revista World of Interiors en la que encontró un artículo sobre el Castillo Faber-Castell ubicado en Stein, Alemania, y se maravilló con el diseño del techo del baño diseñado para la condesa Oltilie, abuela del conde Anton-Wofgang.

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La KarlBox, que llegará a Chile con una limitada cantidad de unidades,  tiene la forma de un maletín exclusivo, un objeto que es estético y funcional a la vez, acorde a la filosofía del diseñador.