Conocí a Juan Yarur Torres (34) a los 18. Era el Día del Padre y él (feliz) se tomó una foto con su papá Amador que entonces tenía 81. Han pasado 16 años y, con unas cuantas entrevistas de por medio, he estado en varios de sus momentos importantes. Sé que este 2018 ha sido una explosión en todas las áreas de su vida. Prefiere trabajar con cercanos y rodearse de afectos. Desde niño lo ha movido el cariño. En algunas etapas desesperadamente. Esa es la razón por la que decidió quedarse y armar familia en Chile, parar su itinerancia. Al menos eso dice hoy. Porque le cuesta quedarse quieto…

—¿Será que estás sentando cabeza?

—Es que mi hoy se resume a la Fundación AMA, a Felipe y a que estoy infinitamente feliz de haber vuelto.

—Te bajó el amor por el país…

—Siempre lo he tenido, pero ahora extrañé más a la familia.

Esta entrevista fue hecha por etapas: arriba de la camioneta conducida por Ignacio, su chofer; en una cena previa al Premio Montblanc, donde desplegó todas sus dotes de anfitrión; y en su casa una mañana fría con algo de lluvia, con sopaipillas pasadas, “porque acá hay una ley: no pueden faltar cada vez que cae una gota”, dice.

La transformación de Juan empezó a comienzos de 2017. Cuando partió de viaje con su novio Felipe Lecaros que lo llevó por todo el mundo durante un año. “Recorrimos lugares nuevos, en todos los continentes…. Luego nos instalamos seis meses en Miami para estudiar inglés”.

Fue en ese período que comenzaron a pensar en casarse y también a resolver dónde vivir. Porque había una opción real de instalarse en Los Ángeles, California. “Allá tenemos amigos cercanos, estaba todo para armar casa. Y puedo hacer más cosas que acá, porque es una ciudad donde hay actores mundiales del arte y en un día me puedo juntar con gente ultrainfluyente y lograr resultados más rápido. Pero me bajó esto de volver…”. Para un segundo y reflexiona: “Al mismo tiempo hay algo que me he cuestionado toda la vida: si hubiera sido más valiente estaría viviendo afuera y todo lo que he hecho hubiera sido más potente. Pero al final lo que de verdad buscamos es almorzar con los hermanos, estar peleando con los sobrinos, ver a la familia. Queremos estar en Chile”.

—Es una elección por afecto.

—Tengo claro que allá está todo y me fascina lo que estoy haciendo, los proyectos a futuro en la fundación me vuelven loco, pero internamente son cosas básicas las que me motivan.

—¿Qué cosas básicas?

—Recibir un saludo todos los días de mi mejor amigo y aunque a la distancia las relaciones existen igual, no nos vemos nunca. El día a día es lejano (que a veces es mejor). Quiero estar con mis amigos, poder tomarme un café, cosas simples.

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