Corría el invierno de 2011 y en pocos días París albergaría la semana de la moda Prêt-à-Porter. Esa noche, una pareja en un bar del concurrido barrio Le Marais es interrumpida por un vecino de mesa: el mismísimo John Galliano, director artístico de Dior. Él insultó a la mujer y a su compañero: “Dirty Jewish face, you should be dead” (“Sucia cara de judía, deberías estar muerta”) y “fucking asian bastard, I will kill you” (Asiático…, te voy a matar), entre otras cosas. Después de eso, cambió radicalmente la vida del diseñador estrella, aquel que sus pares tenían por uno de los genios más innovadores de los últimos 25 años y que Financial Times presentaba ese mismo año como “el hombre más apetecido de París”. En poco tiempo, quedó reducido a la imagen de un borracho racista.

Después vino el proceso y hasta hace pocas semanas de Galliano supimos casi nada. Pero en julio se desataron de nuevo conjeturas: Anna Wintour, la poderosa redactora en jefe del Vogue estadounidense, comió con él en el restorán del Ritz de París, L’Espadon. La escena quedó plasmada gracias a un testigo que los fotografió con su celular. Esa imagen trajo el recuerdo, porque fue Wintour la primera que creyó en él y quien convenció a Dior de que era un gran diseñador. Ahora, tal vez, sea ella quien lo devuelva a las pasarelas.
Pero agosto trajo otro golpe: por decreto del presidente François Hollande, Francia le quitó la Legión de Honor que le había entregado en 2009.
Con todo, Galliano no se rinde. El diario británico Telegraph publicó que demandaría a la Maison Christian Dior ante el Conseil de Prud’hommes de París (Magistratura del Trabajo) y reclamaría quince millones de euros de indemnización. La audiencia será en febrero de 2013.

TODO POR VARIOS TRAGOS DE MÁS… Galliano está viviendo el peor año y medio que pudo imaginar. El comienzo del fin que desató el incidente en el bar, cuando la policía lo lleva a la comisaría y la alcoholemia marca mucho. La mujer que se querelló habló con el canal de noticias BFM TV, donde dijo que “él interfería sin parar, me tocaba el pelo. Primero mi ropa, luego mi físico, luego yo era sucia. De sucia, pasó a sucia judía”. Tras el escándalo, la marca de lujo de la que Galliano era cabeza creativa lanzó a los medios un comunicado en precaución, a través de Sidney Toledano, presidente ejecutivo: “La Maison Dior declara con gran firmeza su política de tolerancia cero respecto a todo propósito o actitud antisemita o racista”. La empresa suspende al diseñador “en la espera de los resultados de la investigación” sobre las acusaciones antisemitas.
Cuando aún cabía la duda sobre la inocencia del diseñador, el diario británico The Sun da a conocer un video. En éste, Galliano se dirigía a sus vecinos de mesa en un café. Notoriamente alcoholizado, les dice en inglés que él “ama a Hitler”, “personas como ustedes estarían muertas. Sus madres, sus padres, serían todos unos putos gaseados”. “¿Tiene algún problema?”, le pregunta una mujer que no sale en pantalla. “Con ustedes, son feas”, responde él. “¿De dónde es usted?, le preguntan. “Puta”, contesta. Según la publicación, los insultados eran franceses e italianos, no judíos.
Tras este segundo golpe mediático se tomaron varias medidas contra el genio de la moda.

El viernes 4 de marzo de 2011, bajo la carpa instalada en los jardines del museo Rodin, 800 invitados asistieron al desfile de la marca y como preámbulo, el presidente ejecutivo de Dior, dijo: “Lo que nos pasa hoy es una prueba. El hecho que el nombre de Dior haya podido ser implicado, por intermedio de su diseñador, tan brillante sea él, a propósitos intolerables nos es muy doloroso […] Doloroso porque cada persona en Dior que dio en cuerpo y alma a su trabajo está estupefacta y triste por esas palabras incalificables. Doloroso, en fin, porque se trata de alguien a quien nosotros apreciamos por su notable creatividad”.
La Maison Dior decidió entonces entablar un procedimiento en su contra. Esto mientras se decidía que Galliano deberá comparecer ante la 17ª cámara correccional de París en tres meses más.
Cuando las cosas comenzaban a calmarse y se esperaba la audiencia, otra querella: una joven lo habría denunciado por insultos antisemitas hacia ella en octubre de 2010 en el mismo café.

EL OTRO GOLPE LLEGÓ EN ABRIL: el Consejo de Administración de la empresa ‘John Galliano’ excluyó al diseñador de la marca que pertenecía en un 91 por ciento a la sociedad Dior. Y en ese momento, Galliano decidió desintoxicarse en una clínica de rehabilitación en Estados Unidos.
Pero ¿cómo llegó a ese estado de decadencia?
Algunos contaron haberlo visto tirado sobre una vereda y rápidamente levantado por su chofer; otros lo observaron orinando sobre la pista de baile de un conocido club. E, incluso, se dijo que semanas antes del escándalo, el espiral de adicciones se había acelerado. No se mostraba más en los atelieres de Dior de la avenida Montaigne.
Pero hay una fecha que para algunos cercanos podría haberlo empujado a perder el control: 2007, la muerte de Steven Robinson, su brazo derecho y mejor amigo desde los 18 años, probablemente por sobredosis de medicamentos. “El comenzó en Dior conmigo. Eramos como siameses. Me ayudó a darle vida a este sueño”, confiaba Galliano a Le Figaro.
A esto se le sumó la carga de trabajo, todas las colecciones que debía presentar anualmente. El impulsaba además las otras áreas de actividad, teniendo un ojo sobre todo: vitrinas, prensa y publicidad. No hay que olvidar que en los años exitosos de Dior, entre 1998 y 2010, el volumen de negocios dio un salto espectacular.
A pesar de todos estos indicios, el mundo de la moda quedó choqueado porque el escándalo por racismo no calzaba con la imagen que muchos tenían del artista. Galliano era más bien visto como un defensor de la mezcla de culturas, estilo que el diseñador impuso en Dior, con grandes desfiles.
El mismo entraba en el juego con sus apariciones al final de cada desfile personificando el tema de la colección, desde el rasta al clon de Ringo Star en uno de sus últimos show de alta costura.
Un Galliano presuntuoso resultaba fácil de creer. Un Galliano racista, ¡para nada!

HIJO DE UN FONTANERO DE ORIGEN ITALIANO y de una española, loca de los vestuarios flamencos, Juan Carlos Antonio Galliano nació en Gibraltar, ciudad que lo introduce a Oriente: “Tomábamos seguido el barco para Marruecos, donde descubrí los colores y los olores del souk (mercado)”, confió a L’Express Styles. Cuando tenía seis años, su familia se instaló en Battersea, suburbio al sur de Londres, donde los africanos cohabitan con los asiáticos e indios, una gran fuente de enriquecimiento cultural.
Todo sumó para lograr ese triunfo en el mundo de la moda. Pero vinieron los excesos. Y en el juicio reciente, los asistentes lo vieron con los ojos perdidos, escuchando el relato de sus acusadores, al cual respondió diciendo “no me acuerdo muy bien de lo que pasó”. El tribunal le refrescaba la memoria proyectando el video publicado por The Sun. Delante de los hechos, el creador declaró: “Es la cáscara vacía de John Galliano. No puedo responder por este hombre que no conozco”. Luego explicó sus problemas de dependencia: “Mezclaba Valium, barbitúricos, somníferos y alcohol”. Y acusó una carga de trabajo y una gran presión. “Yo tenía dos hijos: Dior y la Maison Galliano”. Luego, la muerte de su padre en 2005 y la de Steven Robinson, en 2007, vinieron a acabarlo, confiesa. En la sala rechazó las acusaciones de antisemitismo: “Toda mi vida combatí la intolerancia, los prejuicios y la discriminación; yo mismo estando confrontado a eso (por su homosexualidad)… Quiero presentar mis disculpas a las víctimas y al tribunal por mi comportamiento”.

Tras la audiencia, el 8 de septiembre de 2011 Galliano fue reconocido culpable de proferir injurias antisemitas y condenado a 6 mil euros y a pagar los gastos de las asociaciones que lo demandaron.
Hoy tras la pérdida de su Legión de Honor, su supuesta querella contra Dior y la fama que se creó debido a los incidentes, es su encuentro con la Papisa de la moda, Anna Wintour, lo único que hace presagiar una posible vuelta a las pasarelas.

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