A los 90 partió la Cosmo girl original que transformó la revista creando el concepto de mujer liberada, clave en los ’60. En la oficina tenía un almohadón bordado con su lema: “Las chicas buenas van al cielo; las malas van a todas partes”.

Estaba en Manhattan cuando murió Helen Gurley Brown, la eterna editora de Cosmopolitan, la que “liberó” a muchas hace medio siglo, marcando la pauta a una seguidilla de revistas femeninas… Sí, todo comenzó a cambiar cuando su menuda figura entró a las oficinas editoriales en 1965. Porque la revista era muy distinta; se centraba en el cómo conseguir que las frutas flotaran de manera precisa al medio de un bavarois con jalea. O en asuntos recurrentes como “¿Es hereditaria la diabetes?” o “El Lyndon Johnson que sólo su familia conoce”.
Hasta ese minuto, las portadas de Cosmopolitan habían contado con “fotos de hermosas y recatadas chicas-de-al-lado, con suéters de cuello alto, como Mary Tyler Moore”, recuerda The New York Times. Pero Helen tenía otra idea, partiendo por el poder del escote (adoraba esa parte de la anatomía) y las tentadoras melenas voluminosas. Por eso, en su primera portada puso a una verdadera vampiresa… Y ahora, cuando murió, muchos se dieron cuenta de que se había anticipado en 30 años a Sex and the City: sin Helen Gurley Brown —una mujer de 1,62 metro y menos de 50 kilos— no habría existido Carrie Bradshaw, comentaron algunos medios solemnemente.

“En una época en la que una mujer podía ser considerada solterona a los 23 años, la nueva Cosmopolitan dio licencia a sus lectoras para no transar por cualquiera y las incentivó a buscar con entusiasmo, sin importar el tiempo que tomara. El sexo en sí ya era muy bueno, pero mejor aún como un medio para conseguir un gran resultado (esto es: el marido correcto —Mr. Right—, la carrera justa, la ropa exclusiva adecuada)”, interpretó NYT.

“LO PUEDES TENER TODO”. Ese era el concepto. “Todo” significaba una magnífica carrera profesional, un gran amor, un estupendo marido, buenísimas experiencias sexuales, joyas esplendorosas, hijos…
“Esta mujer cambió mi vida”, apuntó una lectora que se identificó como Abby en la web de la BBC. “Estaba comenzando mi carrera en informática en los ’80 cuando leí el libro de HGB, que me enseñó que estaba bien querer independencia, dinero, poder… aspirar a un excelente sexo y dulces relaciones amorosas. Hasta entonces se nos decía que no podíamos tener todo a la vez, que había que escoger. Además, ella ¡me dio una estrategia para conseguir todas esas cosas! Y lo hice, de a paladas… Todo con humor, dicho directamente”.
Uno de los objetivos de HGB era transmitir a las lectoras que no renunciaran a nada.
La mano que transformó a la decaída Cosmo en una revista de vanguardia empezó a hacer periodismo pasados los 40 años. Y a los 43 le ofrecieron convertirse en editora, cargo desde el que llevó la circulación de 800 mil ejemplares a más de 3 millones (1983).
Helen, eso sí, tenía un buen aliado: su marido, David Brown, que había sido uno de los editores de la publicación antes de optar por producir películas como Tiburón, El golpe y Cocoon en Hollywood. Ella reconoció que durante 30 años los titulares de la portada los hizo él.
A pesar de que bajo su edición las ventas se dispararon, no todas las mujeres aprobaron la propuesta de HGB: algunas la consideraron de mal gusto y machista, en momentos en que los derechos femeninos avanzaban en todo el mundo. Llevaba pocos años a cargo cuando debió enfrentar una protesta (un sit-in) en su oficina.

LE GUSTABA USAR MINIFALDA, MEDIAS TIPO RED DE PESCADOR, grandes joyas. Nació en Arkansas el 18 de febrero de 1922, como la menor de dos hijas de una pareja de profesores. Cuando tenía 10 años, su padre murió en un accidente de ascensor. En 1937, su mamá se fue con las niñas a Los Angeles. Allí, la mayor (Mary) contrajo poliomielitis y pasó el resto de su vida paralizada de la cintura hacia abajo.
Helen no se consideraba bonita y tenía “el peor caso de acné del mundo”.
A los 19 hizo una corta carrera como escort, según contó en sus memorias I’m wild again (2000). Respondió a un aviso en el diario para jovencitas que quisieran servir de compañía en veladas. Pagaban 5 dólares… y ella debía ayudar a su madre y hermana. En la primera cita ella y su caballero se estacionaron por ahí y se besaron un poco antes de la velada pero, finalmente, Helen volvió a casa “con sus 5 dólares y su virtud”, afirma The New York Times.

Desde secundaria, donde fue la mejor alumna, había demostrado que era una verdadera líder y que escribía muy bien. Después de 17 trabajos como secretaria, ingresó al mundo de las agencias de publicidad donde se transformó en “la redactora publicitaria mejor pagada de la costa oeste”.
Las cosas empezaron a ir bien.
Tenía 37 años cuando se casó con David Brown. Tomaron la decisión de no tener hijos.
A comienzos de los ’60 estaba a punto de lanzarse a un nuevo proyecto cuando su marido tropieza con un montón de cartas que le había escrito a los veintitantos a un hombre casado y la convenció de que escribiera Sex and the single girl (Sexo y la mujer soltera). Se trataba de un relato que tal vez parezca trivial hoy (“un affair puede durar desde una noche hasta toda la vida”), pero en 1962 fue bomba: vendió 2 millones de copias en tres semanas. De la noche a la mañana, Helen Gurley Brown era famosa y empezaba a aparecer en los shows de televisión.
El libro —con un subtítulo “La guía de la mujer soltera, carreras, el departamento, dietas, moda, dinero y hombres”— se transformó en una película protagonizada por Natalie Wood y Tony Curtis, en 1964.

MICHAEL BLOOMBERG, alcalde de Nueva York, su ciudad por adopción, la llamó “una pionera que no sólo dio nueva forma a toda la industria de medios, sino que a la cultura de la nación. Ella fue un modelo para las millones de mujeres cuyos pensamientos privados y sueños representó de manera brillante en la letra impresa”.
Cuando se fue de la revista, en 1997, después de 32 años, todavía circulaban 2 millones y medio de copias.
Y tras su partida se supo que antes de Cosmopolitan, Helen quiso crear una versión femenina de Playboy y que llamó por teléfono a Hugh Hefner, pero éste le respondió que estaba en demasiadas cosas.
Al momento de su muerte (agosto pasado) Helen aún era editora de las 64 ediciones internacionales de Cosmopolitan.
Algunas, de manera benevolente, y con cariño, observaron: “¡Ojalá que no haya sido cierto su lema!, esto de que las chicas buenas se van al cielo y que las chicas malas van a todas partes”…

Las claves de Helen: “No necesitas ser hermosa; lo firma HGB, quien sedujo a muchos solteros deseables sin tener una gran figura ni ser bonita ni brillante. Ni siquiera es preciso ser rica. Lo que tienes que hacer es trabajar con la materia prima que tienes; es decir, tú, y nunca darte por vencida”.
“No evites ser seducida por un Don Juan. Ninguna mujer está realmente lista para el matrimonio hasta que ha soportado los rigores de un romance con un Don Juan. Es parte de su adiestramiento. Mucho mejor todavía si el affaire es corto; de otra manera, hasta la chica más avispada podría cometer el error de casarse con el papanatas”.
“La oficina es un excelente lugar para seducir. Debes ser una fiesta para los ojos durante el día”.

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