No era una visita política, pero el gobernador de Sao Paulo llegó con comitiva y puntual al evento. Quizá Geraldo Alckmin no se encontraría con algún líder mundial, pero el poderoso político paulista parecía más entusiasmado que en cualquier otra cita oficial. La razón no era menor: ¡estaba en primera fila para ver en acción a Gisele Bündchen!
Fue uno de los pocos momentos en que los asistentes al Sao Paulo Fashion Week dejaron la pose cool, ondera y sofisticada. La visita de la top model en la pasarela otoño-invierno de Colcci logró el mismo efecto del carnaval y los clásicos futboleros: la euforia total.

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Su gente la extrañaba. Bündchen había tomado un año de descanso de este encuentro de diseñadores. Y aunque fue una aparición relámpago (aterrizó, desfiló, triunfó y partió en medio de la noche), sus zancadas fueron parte de los puntos altos del SPFW.

Inolvidables diez minutos –sensación a la que se suma el ánimo provinciano de esta redactora– que fueron replicados por la prensa internacional. Cuando la figura de la modelo mejor pagada del mundo (US$ 42 millones sólo en esta temporada) apareció como una sombra para abrir el desfile, el público rugió (ver clip de Realidad Aumentada). La gente gritó y se puso de pie como si Neymar hubiera anotado el gol de triunfo en la final del Mundial de Fútbol. Y no es exageración.

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El gobernador, su fashionista mujer, celebridades televisivas, blogueros y socialités se volvieron locos. Gisele no se pudo aguantar. Abandonó la actitud distante que marcaba el tono de los modelos del desfile para corresponder los piropos a viva voz con una sonrisa y miradas cómplices.

Atrás de ella la seguían dos ‘ángeles’ de Victoria’s Secret: su compatriota Izabel Goulart y una de las últimas rubias de Leonardo DiCaprio (actor que fue ex de Gisele), la norteamericana Erin Heatherton. Amazonas que en esta oportunidad dejaron de lado la lencería –pero aquella actitud sensual– para un adelanto del invierno Colcci marcado por el gris, gabardinas, shorts y cortas faldas de líneas asimétricas. Propuesta latina que flirteaba con texturas del ya conocido estilo college americano.

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Terminó el show y la locura se trasladó al backstage. Con champaña distraían a la turba de personalidades que a codazos se peleaban saludar a Bündchen. Ella, amable, sonrió a todos los que cruzaron por instantes su camarín mientras guardaespaldas y asistentes los sacaban por puertas alternativas. Fue el segundo desfile, el más intenso y colorido. El final de un partido que ella ganó por goleada.