Una semana antes de esta entrevista miles de mujeres marcharon en Estados Unidos contra el machismo que ha manifestado Donald Trump. La alfombra roja de los Golden Globes vio pasar a las celebridades vestidas de negro en apoyo al Time´s up (movimiento contra el acoso sexual que une a más de 300 famosas) y los fotógrafos Bruce Weber y Mario Testino fueron acusados de acoso por parte de modelos hombres. Muchos nombres importantes del mundo de la moda se manifestaron al respecto, desde Anna Wintour hasta Isabella Rosellini. Sin embargo Gisele Bündchen (37), la gran supermodelo brasileña, la mujer que volvió a poner de moda las curvas, la segunda maniquí mejor pagada del mundo (dejó el puesto número uno después de más de diez años), hasta ahora no había hablado del tema. Solo subió la típica imagen de You can do it (puedes hacerlo) a su cuenta de Instagram y eso sería todo. Ella jamás ha participado de una polémica y esta charla no será la excepción, aunque sí habla, por primera vez, de cómo ha evolucionado la industria en la que trabaja desde los 14 años, y cómo las cosas que hasta hace muy poco eran aceptadas, como el abuso de poder, ahora son inadmisibles. También alza su voz para defender el cuidado del medio ambiente y confiesa que va a un único evento al año: la gala del MET, donde siempre usa vestidos sustentables.

Gisele ya no necesita mucha presentación. Hace años que transformó su nombre propio en una marca registrada que factura cientos de millones de dólares. Nació en Horizontina —localidad del estado de Río Grande del Sur, en Brasil—, fue descubierta cuando era una adolescente en un local de comida rápida, al poco tiempo de empezar su carrera se mudó a Nueva York y, desde entonces, jamás se detuvo. Después de una relación de tres años con Leonardo Di Caprio finalmente se enamoró y se casó con Tom Brady, estrella del fútbol americano con quien tiene dos hijos; Benjamin de 8 años y Viviane de 5, además de Jack, el hijo mayor del deportista, que tiene 11 años y es parte de la familia. En 2016, tras 20 años de trabajo, la top decidió que era momento de poner el freno y reordenar sus prioridades. Se despidió en la pasarela más grande del mundo: la inauguración de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

—Estabas en el peak de tu carrera cuando elegiste retirarte. ¿Era realmente necesario? ¿Qué te hizo tomar esa decisión a pesar de que hasta ese momento siempre habías podido compatibilizar tu trabajo con la maternidad?

—La familia siempre fue mi foco, no olvides que yo amamanté a mis niños por dos años y este tiempo fue muy importante. Cuando tomé la decisión de dejar las pasarelas yo estaba como un hámster que no paraba de dar vueltas en su rueda, mi vida era solamente trabajo. Después me mudé a Boston con la familia y tuve que crear un soporte para mi marido. Me quedé con el 95% de la responsabilidad de todo para que él pudiera hacer las cosas que quería. Ahora puedo pensar en una nueva etapa en mi carrera porque los niños ya están un poco más grandes. 

—Tremenda resignación. El 95% de la responsabilidad es demasiado. ¿Aprendiste de ese proceso? 

—Fue muy profundo, conocerse a uno mismo es vital, creo que no hay nada más importante que eso y para lograrlo hay que generar ese espacio de introspección, de mirar hacia adentro. Me gusta usar la metáfora de la montaña. Cuando tú quieres ver el sol más brillante tienes que estar en la cima, pero la única forma de apreciar el valle completo es estando pendiente del paisaje durante todo el camino. Ese es el trabajo que yo he estado haciendo. Cuando llegaron las Olimpíadas pensé que era el momento perfecto para cerrar un gran ciclo de mi vida. Era la pasarela más grande del mundo, más de 400 metros, en mi país, para todo el mundo, y fue muy especial para mí.

—¿Hay algo de esa exposición que eches de menos?

—Soy signo Cáncer, soy la matriarca, la que reúne la familia. Dos semanas al año traigo a todos a mi casa, a mis hermanas, cocinamos, soy muy familiera. Yo no empecé a ser modelo porque quería ser famosa. Empecé porque a los 14 años surgió como una oportunidad de ganar dinero. Eramos cinco hermanos, vengo de una familia simple, y fue algo que se presentó sin buscar y que aproveché. Aquí en Boston descubrí quién soy y qué quiero de la vida, me alejé del spotlight, que para mí nunca fue del todo cómodo.

—Pero tu lugar sigue siendo de mucha visibilidad y de mucha responsabilidad, sobre todo por tu compromiso con determinados temas contingentes, como la ecología.

—Yo nací en un pueblo de 10 mil habitantes donde lo normal era andar descalza y trepar árboles para arrancar una fruta. Crecí muy conectada con la naturaleza y no entiendo cómo estamos destruyendo lo más preciado que tenemos. Para mí, la naturaleza es mi iglesia, no existe nada más importante. No entiendo cómo somos capaces de destruirla, me siento tan parte de la tierra que cuando alguien le hace daño, es como si me lastimara directamente. Hace 9 años trabajo en un proyecto que se llama Agua limpia, para mejorar el agua de la ciudad donde nací. Ahora estamos en uno mucho más grande para limpiar el Río Grande do Sur, que pasa por 72 municipios. Primero limpié el agua de mi ciudad y ahora quiero hacer lo mismo con mi estado. Todos tenemos un papel en esta vida, todos tenemos un rol, un propósito. Y desde mi lugar siento que tengo una plataforma y una responsabilidad. No quiero ser una persona que estuvo de paso por este mundo, quiero dejar algo positivo.

—¿Alguna vez te tocó estar en una situación en la que, como mujer, te hicieron sentir humillada o menoscabada?

—Millones de veces, porque cuando uno trabaja en moda no es necesariamente donde las personas son… (Hace una pausa). Las personas piensan que en esta industria es todo glamoroso, pero no es todo así.

—¿Pero alguna vez recibiste una propuesta que no correspondía?

—Yo estoy siempre en la luz. Percibo las cosas muy rápido, por ejemplo sí hay personas que usan su poder de una forma que no corresponde, pero eso pienso que es algo que existe en todas las profesiones. Entonces creo que todas las mujeres durante muchos años sufrieron este tipo de cosas porque estaba aceptado, pero ahora ya no más. El abuso es inaceptable. Pero en mi vida gracias a Dios no pasé por algo tan traumatizante como muchas otras mujeres. 

—¿Cuáles han sido los estereotipos más duros que has debido enfrentar en tu carrera o con los que has tenido que luchar?

—No me gusta que me pongan en una caja y personalmente no lo hago con los demás. Los estereotipos sólo funcionan para eso. Y como no están en mi mente, no les presto atención.