Por eso este show prometía. Ya a las nueve de la mañana, costaba encontrar espacio entre la multitud que esperaba afuera de las oficinas de Calvin Klein en el 205 de la calle 39, ubicadas en pleno Midtown.

Con sol radiante y temperaturas más optimistas que las del día anterior, estaban todos los que debían estar y muchos más. Cientos de guardias y fotógrafos esperaron pacientemente (incluso compartiendo el café) a que la top Karlie Kloss e influencers como @ireneisgood y @evachen212 posaran ante sus lentes.

Dentro del reciento, estaba el mensaje en cada asiento de que faltaban pocos minutos para que empezara Parade, la pasarela de RTW-Fall 2017 que Simons creó junto al director de la marca Pieter Mulier como parte de una propuesta que unió arte y mensajes de inclusión, con bandanas blancas que muchos llevaron atadas a la muñeca y cuello.

La frontrow se dividió entre editores y celebrities. Ahí estuvieron durante minutos Sarah Jessica Parker y Anna Wintour conversando en voz baja, con mirada esquiva y simulando que no veían todos los smartphones que se les acercaban.

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En la misma fila estaban Dianne Von Furstenberg (que acaparó flashes con su pin rosa del CDFA pro Planned Parenthood), Julianne Moore, el rapero ASAP Rocky, Gwyneth Paltrow, Abbey Lee Kershaw y la pequeña actriz Millie Bobby Brown, el nuevo rostro de la colección By Appointment de la marca y que apuesta por “la igualdad ante todo”.

Sobre una serpenteante pasarela, las notas de David Bowie se sumaron a los vibrantes colores de la bandera estadounidense de los primeros looks. Abrigos con patchwork, transparencias, conjuntos de cuero y texturas plásticas anunciaron la silueta como protagonista. Una pasarela que pretendía “reflejar nuestro entorno… y representar la belleza y emoción de América”.

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