El próximo 29 de agosto Iris Apfel cumplirá 96 años. Y como la fecha cae en día de semana, es probable que lo celebre comprando accesorios en tiendas de bijouterie en Harlem o el Midtown de Nueva York, su actividad favorita en la ciudad desde que era una niña y vivía en Queens. Mucho antes de convertirse en un mito viviente.

Así fue como reunió la fabulosa colección de enormes pulseras, anteojos XL, aros y collares que la puso en el ojo mundial cuando Harold Koda, curador del MET, en 2005, le dedicó la exposición Rara Avis: Selection From the Iris Apfel Collection. La idea de Koda había sido mostrar sus accesorios, pero muy luego se dio cuenta de que todo el vestuario es el engranaje que activa este mito viviente. La fashion icon de más edad en el mundo; una estrella geriátrica, como le gusta presentarse.

Iris resalta que el sentido del humor es lo más importante para descubrir cómo vestirse de acuerdo a la propia esencia y no copiar lo que promueven las redes sociales. Es que a esta diva de pelo blanco y enormes anteojos no le gusta la tecnología porque, asegura, le quita creatividad a la gente. Justo lo que ella tiene de sobra y ha usado durante toda su larga vida para ganar la fama internacional que hoy la sigue a todas partes. Lo más especial de todo es que la popularidad y el reconocimiento masivos le llegaron pasados los 80 años, justo con esa exposición en el MET, cuando ya se había retirado como empresaria de la decoración de interiores. Desde entonces, con sus asombrosos outfit e ingeniosas frases ha aparecido en centenares de portadas y entrevistas en medios audiovisuales y escritos, además de protagonizar un documental llamado simplemente Iris que dirigió el cineasta Albert Maysles. Y en todas esas experiencias es posible encontrar destellos de su brillante y peculiar personalidad. En ese filme cuenta que cuando estaba empezando su carrera, la empresaria Frieda Loehmann le dijo: “No eres linda, nunca lo serás, pero no importa. Tienes algo mucho mejor, tienes estilo”.

Maysles siguió a Iris durante meses y la mostró tanto en su intimidad —luchando contra la vejez con valentía— como en público recibiendo el respeto de diseñadores, modelos y cantantes como Kanye West. Impactan la visión de las habitaciones de sus residencias en Manhattan o Palm Beach repletas de ropa, y también la seguridad con que va sumando prendas de diferentes facturas y estridencias hasta crear una tenida irrepetible y que todo lo que toca lo convierte en tendencia. “En cuanto a moda, me parece que no es apropiado que una vieja como yo se ponga este tipo de cosas, pero ¡me gusta!”, dijo cuando tenía 94. Después de la exposición en el MET, su talento maximalista quedó en alza y la contrataron para crear colecciones en diferentes áreas. Maquillaje para MAC y joyas de plata para la marca mexicana TANE. Hace algunos años creó la línea de joyas bautizada “Rara Avis by Iris Apfel” para HSN y fue la mejor noticia para sus fans de todas las edades que por pocos dólares pudieron adquirir accesorios de calidad y en su estilo. La famosa tienda Macy’s lanzó en 2016 la colección Iris Meets INC, y la marca Happy Socks la contrató para diseñar calcetines. También creó una colección de carteras y bolsos “peludos” para Bloomingdales.

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Además ha sido profesora invitada en la Universidad de Austin, en Texas, y asesora de la lujosa tienda Bergdorf Goodman. Antes del icono Creció en Queens en una época en que bastaban unas pocas monedas para trasladarse, sin riesgo, a cualquier barrio de la ciudad. Era la hija única de Samuel Barrel, un importador de objetos domésticos, y Sadye, la dueña de una tienda de ropa. Ellos estaban siempre ocupados y no podían prestarle mucha atención; entonces su madre la acostumbró a comprar su ropa sin ayuda. Una vez, cuando tenía 11 años, le dio 25 dólares y ella partió a recorrer tiendas. Tenía en mente el consejo de su abuelo: no desperdiciar el dinero; entonces, en lugar de gastarse todo en una sola prenda, compró un vestido de 12,95 dólares, un par de zapatos y un sombrerito que le costó 3 dólares. “Por 25 dólares lo tenía todo y me quedó dinero para almorzar y volver a casa. Recuerdo que todo el mundo alabó mis compras. Mi madre siempre me dijo que tenía muy buen gusto y mi padre que era buena economista. Ese ha sido el secreto”, dijo al diario El País en 2015. Su adolescencia no fue muy amable porque debido a una dolencia crónica debió tomar muchos medicamentos que la hicieron engordar. Era difícil, porque su madre siempre fue una mujer delgada y elegante que no sabía lidiar con la obesidad de su hija; e incluso las vendedoras de la tienda de Sadye le preguntaban cómo podía ser tan distinta a ella.

Estudió arte y egresó en plena Segunda Guerra Mundial, época en la que escaseaban el dinero y las cosas bonitas. Hizo una práctica con un diseñador de interiores que le encargó alhajar departamentos para que tuvieran mejor venta y así aprendió a hacer mucho con poco, también a mezclar piezas de diferentes orígenes. Más tarde trabajó como correctora de estilo en la revista Women’s Wear Daily, pero en 1948 conoció al hombre que sería su único marido, Carl Apfel. Se casaron al año siguiente y en 1950 crearon juntos Old World Weavers, una empresa textil que copiaba cortinajes murales y tapices europeos de los siglos XV al XIX para decoraciones modernas. Fue un éxito y se convirtieron en proveedores de Greta Garbo, Estée Lauder e incluso de la Casa Blanca durante nueve mandatos presidenciales. En el documental que filmó Meysner, al momento de hablar de ese trabajo para la presidencia, Carl Apfel dijo… “tuvimos problemas con Jackie” y entonces Iris no lo dejó hablar; pero en una entrevista a The Guardian olvidó la recomendación y contó: “La señora Kennedy contrató a un decorador parisino para darle un toque ‘frenchie’ y a nosotros… bananas. Después de eso tuvimos que botar todo y empezar de nuevo. Pero me gustó la señora Nixon. Era adorable”.

En paralelo a su trabajo iba naciendo su estilo personal. Afirma que fue la primera mujer que usó jeans y que conseguía prendas de alta costura en sus viajes a Europa yendo a las casas de moda y pidiendo que le vendieran ropa que quisieran botar. Compraba Nina Ricci y Dior a precios insólitos y así fue creando su colección, también con prendas de mercados callejeros y de diseñadores emergentes a los que da un considerable impulso con su favoritismo. Alexander Wang fue uno de ellos. Así nació su estilo inconfundible y también irrepetible porque no es fácil mezclar, como ella lo hace, túnicas religiosas, pantalones de neopreno, abrigos de plumas, zapatos bordados y decenas de brazaletes africanos. Por algo su lema emblemático dice: “Más es más y menos es aburrido”.

En 2015 la empresa de joyas tecnológicas WiseWear la invitó a diseñar una serie de accesorios que tienen utilidades especialmente adecuadas a la cuarta edad: mensajería de emergencias y seguimiento de la actividad (contadores de pasos, por ejemplo) conectadas con el celular. Lo más notable es que Iris no tiene redes sociales ni envía e-mails. El 1 de agosto de 2015 había muerto Carl Apfel, su marido, y aunque en un comienzo dijo que no sabría cómo seguir sin él, ha continuado adelante. Con humor, había dicho que cuando lo conoció le gustó porque “era cool, era cariñoso y sabía hacer comida china”.