A pasos del Centro Cultural Amanda se encuentra el taller de Víctor Díaz. Un espacio pequeño con dos estanterías llenas de telas, hilos y su máquina de coser. La sencillez del lugar contrasta con la opulencia de las fotos de sus vestidos y trajes, usados por las celebridades más apetecidas del espectáculo local.

Lo llaman el McQueen chileno. El diseñador ganó su apodo gracias a Carolina “Pampita” Ardohain: “Ella pidió en producción que alguien le hiciera un vestido que usó Kate Moss. Me llamaron y me mostraron sólo una foto del diseño y al final quedó como quería. Entonces dijo que yo era el McQueen chileno”.

Tras esa experiencia ha trabajado con los principales rostros chilenos y también con celebridades mundiales. Sus clientes van desde Sarah Jessica Parker hasta los Power Peralta. Creció rodeado de telas, agujas e hilos debido al negocio familiar de sus padres, un sastre y una profesora de alta costura. Sin embargo, formó parte de la sastrería después de ser expulsado del colegio por revoltoso. Comenzó a hacer bastas y costuras y juntó el dinero para estudiar en la Escuela Nacional de Sastrería, y aprender diseño de vestuario en el Instituto de Carmen Miller. Cuenta que tiene varios trucos, como incluir en sus diseños una faja escondida, al mejor estilo Dior, para acentuar la figura.

“Ocupamos mucho corsé debajo de la ropa, para hacer que toda mujer se vea más acinturada”. La gran mayoría de sus clientes llegan gracias al boca a boca y a su fama que no solamente se basa en la calidad de la confección, sino también en la gran diversidad de siluetas con las que es capaz de trabajar.

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—¿Cómo defines el actual mundo del diseño y la sastrería?

—La sastrería está en extinción, ya no hay escuelas. Pasó a ser un oficio que se aprende porque te lo enseñan los papás, o entre maestro y ayudante. Yo me considero un sastre que evolucionó, porque tengo el corte de sastre pero lo llevo a la confección de la ropa.

—¿Quién ha sido la persona que más te ha gustado vestir?

—O sea, Cecilia Bolocco. Ella es mi debilidad porque es la única Miss Universo que tenemos. En realidad las hermanas, porque Diana es un encanto. Y Valeria Mazza, que es muy dama y nunca cuestiona mi trabajo.

—¿Y para quién te gustaría trabajar?

—Es que ya los he vestido a todos (ríe), pero me gustaría hacer un vestido para Carolina de Moras durante el Festival de Viña.

—¿Cómo es tu relación con otros diseñadores?

—La mayoría me conoce pero no soy uno de ellos. Ni siquiera me comparo porque vivimos mundos distintos. Estar al lado de Cecilia Bolocco no me cambia en nada, no voy a ser mejor por estar en la cobertura de la gala de Viña, o porque trabajé junto a Andrea Castro y la considero una de las mejores diseñadoras que existe. Nosotros estamos detrás de muchas cosas que la gente no conoce… Tener contacto con la farándula a mí no me cambia en nada. Yo no me disfrazo.