Es la ciudad de moda. Elegida como uno de los 50 lugares que hay que conocer antes de morir, según The Huffington Post, que también catalogó a Cartagena como uno de los pueblos más coloridos. Nombrada como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y el lugar que Gabriel García Márquez inmortalizó en varias de sus novelas, ¿podía existir un mejor escenario para fotografiar las tendencias de la próxima temporada?

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Un equipo de 11 personas viajó hasta allí vía Copa Airlines para rescatar los escenarios naturales. Y, además, se dejó seducir por el trato amable y relajado que caracteriza a los cartageneros —como sus habitantes se apuran en corregir cada vez que se comete el error de llamarlos ‘cartaginenses’—. 

Al cruzar la puerta del aeropuerto —tropical y discreto—, el cuerpo se enfrenta al aire templado y húmedo de la mañana. Vamos camino a la ciudad amurallada, una fortaleza edificada entre los siglos XV y XVIII para resistir los atracos de corsarios y piratas que llegaban hasta el principal puerto del Caribe, dispuestos a llevarse el oro y la plata que viajaban hasta las costas españolas.

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Desde lejos la fortaleza surge imponente, enfrentando el mar, con sus olas tibias y sus quitasoles. El auto cruza lentamente los muros de esta vieja Cartagena y nos adentramos hacia el barrio Catedral o Centro Amurallado, el más noble, donde vivieron las familias de los comerciantes, la clase aristocrática. Allí se encuentra el hotel Quadrifolio, con su fachada anaranjada, la pesada puerta de madera con la característica aldaba de león, el sello de uno de los mejores hoteles boutiques de la zona. 

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El fuerte de San Felipe y los muros de piedra abriéndose como el punto de partida, fueron el telón de fondo de nuestra propuesta sport chic, muy neón y ecléctica. En medio de calles adoquinadas, bajo un sol que no perdona y la humedad tropical adhiriéndose a la piel, la ropa deportiva se mezcló con otra tendencia de este verano: los zapatos reina y las faldas plisadas.

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Y luego todos a Getsemaní, el barrio del pueblo, de los obreros y artesanos, de las familias que en su sangre aún cargan con la herencia de los esclavos africanos que llegaron a este puerto raptados desde sus tierras y vendidos por más de dos siglos como mercancía. Los mismos hombres que murieron por cientos construyendo esta fortificación. Pero el barrio hoy pertenece a los artistas e intelectuales, a la fiesta y a la gastronomía, con restoranes que ofrecen desde platos típicos a las más sofisticadas preparaciones. Con una galería de arte al aire libre formada por los graffitis que se aparecen en cualquier esquina, recordando un pasado que los getsemanisenses se niegan a borrar, mientras crece el interés inmobiliario en la zona, una de las más frecuentadas por su vida bohemia sobre todo cuando cae la noche y comienza la rumba. ¿Qué mejor lugar para inmortalizar la moda tribal y étnica?

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Pero Cartagena es mucho más de lo que encierra esta gran muralla. En el muelle de Manga —con sus edificios modernos y blancos, un Miami en pleno Caribe— tomamos la lancha que nos llevó al paraíso: la península de Barú, a sólo 45 minutos de la costa, todo mar turquesa, palmeras y arenas blancas. El tibio fondo para retratar la moda deportiva.

El hotel Sport Barú es pequeño, casual, acogedor y selvático. Invita al descanso pero sobre todo a la sensualidad y al romance. El asombro no termina al cruzar —en apenas 10 minutos— hacia Playa Blanca, donde la modelo Trinidad de la Noi, la chilena que conquistó las pasarelas de Milán, lució los trajes de baño de diseño colombiano que ilustran nuestra portada.

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De vuelta en Cartagena, el equipo CARAS inauguró el renovado hotel LM. Sus siete habitaciones, todas de lujo, permiten que cada huésped se sienta dentro de una lujosa fantasía. Y de allí hasta las inmediaciones del Jardín Botánico —a una hora desde la Ciudad Amurallada—, en los bordes de la selva, con árboles que parecen ir creciendo en la medida que se avanza por sus senderos, con los mosquitos pegándose a la piel y monos aulladores peleando desde las copas por su territorio. El estilo que elegimos fotografiar no podía ser otro que el mix de estampas. Espíritu tropical, todo selva y prints.     

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El viaje no estaría completo sin una noche de rumba en la plaza Santo Domingo. Arnaud —nuestro modelo francés—, y las chilenas Trinidad de la Noi y Sofía Stitchkin jugaron a la seducción para la cámara con la tarde tiñendo de rojo la escena. Un grupo de músicos cantando al son cartagenero El buscapié, la gente que se agolpa a ver nuestro espectáculo, y en la puerta de la iglesia una pareja de novios sale convertida en marido y mujer; las campanas tañen, los vendedores de artesanías que buscan en cada visitante su ocasión. La música más fuerte. Click. La última toma. Y a perderse por fin en la Cartagena infinita, la ciudad sin tiempo, eterna y total.