Es difícil pensar que alguien de nuestra generación no recuerde el estreno del filme Virgin Suicides.  El título polémico, el enigma de las hermanas Lisbon y la dulce melancolía de la adolescencia coronaron el debut cinematográfico de la joven Sofia Coppola, hasta aquel entonces conocida sólo por sus roles secundarios en las películas de su padre, Francis Ford Coppola. Con su primer largometraje, Sofia definió la estética femenina y delicada por la que ahora es mundialmente reconocida. Cuando me invitaron a Nueva York a entrevistarla junto a Marc Jacobs, con motivo del lanzamiento de su más reciente fragancia, Daisy Dream, lo primero que me vino a la mente fueron esas imágenes dulces e inocentes de aquellas vírgenes suicidas que tanto marcaron mi propia adolescencia.

El día de la entrevista Sofia estaba discreta y casual: llevaba un suéter de punto color rosa, pantalones negros y flats negras. Sus únicos accesorios eran un reloj sencillo y su argolla de matrimonio, y tanto el pelo como el maquillaje lucían al natural. Marc también iba con un outfit relajado –pantalón y saco negro, camisa blanca y zapatillas Adidas Stan Smith. Daba la impresión de que se iban a reunir en casa como viejos amigos a contar anécdotas, y no a enfrentarse a toda la prensa internacional que había viajado desde los últimos rincones del mundo para entrevistarlos. Y es que para ellos, juntarse a charlar es algo habitual, incluso desde antes de que cualquiera de los dos fuera célebre.

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La amistad de Coppola y Jacobs se remonta a la época en la que él trabajaba como diseñador en Perry Ellis, a finales de los ochenta, y ella era una joven curiosa por conocer el mundo de la moda. Marc cuenta que Sofia le pedía asistir a sus desfiles, y él iba a las proyecciones de sus películas. Más adelante, ella se mudó a París para la filmación de su tercera cinta, Marie Antoinette, grabada en Versalles, y volvieron a encontrarse cuando él ya estaba al mando de la casa francesa Louis Vuitton, basada también en París. Los dos americanos –neoyorquinos– viviendo en la capital francesa se hicieron inseparables. 

Jacobs invitó a Sofia a colaborar por primera vez en 2002, cuando debutó en la industria de la perfumería con su fragancia homónima. Ella fue la imagen y estelarizó la campaña publicitaria fotografiada por Jeurgen Teller. A partir de ese proyecto, las colaboraciones se multiplicaron, y hoy lanzan una nueva campaña en conjunto, para la que Sofia vuelve a estar detrás de las cámaras dirigiendo el filme publicitario de Daisy Dream. La fragancia se basa en Daisy Buchanan, personaje enigmático de The Great Gatbsy adorado por Jacobs. Cuenta que siempre se sintió atraído por esa mujer etérea y libre, tanto así, que hasta nombró a su perro Daisy. El perfume que inspiró esta colaboración es sutil, con una mezcla de notas florales y afrutadas. Alberto Morillas, nariz de la fragancia, cuenta que lo más importante al crear un perfume para Marc Jacobs es conocer el espíritu que hay detrás. Lo primero que le pidió el diseñador al empezar el proyecto fue que interpretara el color azul del cielo. “Un aroma te transporta a una memoria lejana”, afirma Jacobs, “y con Daisy Dream el recuerdo es de esa infancia pura y soñadora”. Es precisamente ese sentimiento el que evoca Coppola en su corto para el perfume, que recuerda también a sus trabajos anteriores. “Una fragancia es tan abstracta”, dice la directora, “que intento no contar una historia en el cortometraje, sino más bien transmitir un ambiente, un estado mental, mostrando la personalidad de esta niña Daisy, inocente y juguetona, aunque esta vez es más sofisticada”. Marc agrega que estas son características que él ve en Sofia, y asegura que por eso le da completa libertad a la hora de crear; “Ella entiende perfectamente bien el concepto de lo que busco, porque encarna esa mujer de mis sueños”.

Al verlos y escucharlos hablar, es evidente la complicidad entre ambos y la admiración que se tienen el uno al otro. Para terminar, pregunto cuál sería su destino predilecto para escapar de la vida diaria y soñar. Marc contesta: “Cualquier lugar en el que se sienta el sol y se vea el cielo azul”. “Eso suena perfecto”, dice Sofía.