Boris Becker, el primer tenista alemán en ganar Wimbledon en 1985 —y el más joven en conseguirlo con solo 17 años— ha vuelto a hacer noticia, pero esta vez fuera de los courts. Su hija Anna Ermakowa, de 14 años, fue una de las estrellas emergentes de la Semana de la Moda de Berlín. Anna abrió la presentación de la firma Riani con un vestido brillante y oscuro, acaparando la atención de los medios, algo que no le es del todo ajeno. Desde que nació, su nombre ha sido recogido por los tabloides. ¿La razón? Becker tuvo que admitir frente a la justicia que era padre de Anna en 2001, después de haber negado su paternidad. La prensa alemana incluso especuló que la mamá de la ahora modelo había manipulado una situación íntima entre ambos para quedar embarazada sin haber tenido sexo. Por ahora, la verdad sigue descansando en el reconocimiento del tenista, aunque ni él ni la madre de Anna han desmentido la versión que hizo circular la prensa alemana. Lo que sí es innegable es el parecido de Becker con Anna. “Su cara es calcada a la de Boris”, afirmó la prensa rosa. 

Con rulos pelirrojos, sobresalió entre grandes de las pasarelas como Franziska Knuppe y Rebecca Mir. Estos no son los primeros pasos de la jovial modelo en el mundo de la moda; con seis años ya se encontraba siguiendo los pasos de su mamá. Tras su desfile por la pasarela berlinesa, la locura se desató. Su padre no pudo quedar indiferente y en su cuenta de Instagram subió una foto de su hija acompañada del comentario: “¡Qué mujercita más linda!”.

La fuerza de los hechos ha terminado por minar la resistencia de Becker sobre la educación que la modelo rusa Angela Ermakowa, madre de Anna, ha elegido para su hija. Incluso han llegado a conciliar algunos acuerdos respecto de la carrera en las pasarelas de su adolescente retoño, cuestión a la que el ex tenista se había opuesto, llevando el tema a los tribunales y exigiendo la custodia de Anna. Qué otra cosa se podía esperar de un padre embobado.