Ha sido un invierno crudo en Boston con bajísimas temperaturas y el paso de la mayor tormenta que se ha registrado en décadas en la costa este de los Estados Unidos. The monster storm, como la bautizaron, azotó con fuerza Massachusetts, donde se declaró estado de emergencia y se cancelaron cientos de vuelos debido al mal tiempo y a la gran cantidad de nieve caída. Aquí vive la modelo mejor pagada del mundo, Gisele Bündchen, junto a sus dos hijos —Benjamin Rein de 4 años y Vivian Leik de un año— y su marido, Tom Brady, el número uno de la liga de fútbol americano, NFL, e integrante de los Patriots de Nueva Inglaterra, con sede en esa ciudad. “Ya soy una bostoniana…”, ha dicho más de una vez, aunque confiesa que “el clima es duro y la cultura es diferente a la de los brasileños, que somos más abiertos y cálidos. Pero he viajado desde que tengo 16 años, no veo barreras, soy una hija del mundo. Claro, crecí en Brasil, pero puedo acostumbrarme a todo”.

Quince grados bajo cero con una sensación térmica de menos veinte. Así nos recibe la  ciudad de Boston para entrevistar a Gisele, quien lleva tres días de intensas grabaciones y fotos para la campaña de la colección otoño-invierno de Falabella, de la que es rostro oficial.

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—¡¡Hola!!,  nos saluda sonriente vestida con unos pantalones y una capa de lana mientras descansa unos minutos en su camper. Es altísima (1.80), de huesos finos y muy atlética. Su look es natural, casi no tiene maquillaje y se ve sensacional. Pide un pañuelo…, “lo siento… mi nariz no puede más con este resfrío…”. Se detiene para toser y tomar un vaso de agua, “ya casi no escucho porque tengo sinusitis y estoy tomando antibióticos”.

—Es duro el invierno en Boston…

—Sí, mucho frío… estoy tan mareada con los remedios que casi no sé dónde estoy… (ríe)

Al día siguiente partirá a Arizona a ver a su marido jugar en el esperado Super Bowl, el evento deportivo más importante de los Estados Unidos y de mayor recaudación por avisaje y venta de entradas.

—¿Estás nerviosa por el partido?

—Sólo quiero partir y estar con mis hijos y gritar y apoyar a mi marido en el estadio… Me pongo muy nerviosa pero no porque sea el Super Bowl sino porque la persona que amas está en medio de ese grupo de jugadores y puede salir lastimado tal como pasó una vez y eso te asusta mucho.

Los “Bündchen-Brady” como son conocidos son de bajo perfil y además de un loft en el centro de Boston se construyeron una casa en las afueras donde tienen un gran jardín y hasta un huerto orgánico. Su vida parece perfecta y genera en muchos algo de envidia. Pero acá hay historia de trabajo y sacrificio. Tom Brady recién galardonado por tercera vez como el jugador más valioso de la NFL y campeón del Súper Bowl con los Patriots de Nueva Inglaterra empezó como jugador universitario en Michigan  y gracias a su talento y destreza física hoy es el mejor quarterback de fútbol americano de los últimos tiempos desde que  fue reclutado por el equipo con sede en Boston en el año 2000. Tiene un sueldo medio anual de 18 millones de dólares y ha sido reconocido como el “Atleta masculino del año” por la Associated Press. Antes de casarse con la modelo brasileña  tuvo un romance con la actriz Bridget Moynahan con quien tiene un hijo, John, de 7 años , al que Gisele lo ha integrado al grupo familiar como uno más. 

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La Bündchen, ex ángel de Victoria’s Secret, por su parte, gana al año más de 40 millones de dólares según Forbes, tiene su propia línea de ropa interior  y de cosmética natural, Sejaa, y lleva más de 20 años trabajando como modelo sin perder vigencia a sus 35 años. Es rostro de Chanel, de Pantene y participa en campañas de renombre internacional. Ya es una marca en sí misma.  

Su perfección física —mide 1.80 y sus medidas son 86-61-86 — y su natural instinto para los negocios son hoy reconocidos en el mundo de la moda.

“Las cosas no pasan de un día para otro… el tiempo demuestra tu trabajo. Hay que tener cierto tipo de valores donde los clientes van viendo retorno y vas teniendo credibilidad  para ellos… y eso se da con los años. Respeto a la gente y las personas confían en mí cuando me contratan”.

Quienes han trabajado con Gisele destacan su profesionalismo. Aporta en las sesiones de fotos, conoce sus fortalezas y sabe lo que quiere la marca o el cliente, si está enferma igual llega a la hora y cumple con los contratos (lo pudimos comprobar en este viaje) y tiene un ángel que las cámaras adoran.

Es auténtica y nada de diva y siempre está atenta a las personas que trabajan con ella, según sus cercanos.

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“Es ciento por ciento natural”, comenta un miembro del equipo de grabación mientras vemos a Gisele en el set sentada junto a una pequeña niña en una mesa llena de cupcakes y frutas. Se ríen, Gisele le da frutillas y le hace muecas. Frente a las cámaras se olvida de su resfrío. Da el ciento por ciento.

Cae nieve en Boston, otro día de grabación, y a pesar de que el estudio está temperado el frío es inevitable. Gisele, sin quejarse, no duda en ponerse un crop top y unos palazzos.

—¿Aprendiste la rigurosidad de tu familia?

—Mi mamá era cajera en un banco, siempre trabajó. Es mi heroína. Como tuvo seis niños, antes ya era mi ídola pero más desde que soy madre, es increíble. Yo tengo tres hijos y a veces digo ‘¡¿cómo lo hizo?!’. Con tantos niños hay mucha responsabilidad y todos los días la vi despertando a las 6 de la mañana haciendo desayuno y mi papá llevándonos al colegio, luego ella lavando los fines de semana la ropa para ocho personas. ¡Imagínate!  Todo el tiempo estaba dando, haciendo cosas para nosotros. Por eso para mí trabajar fuerte no es difícil porque lo vi toda mi vida en mi casa.

—¿Esa es la clave de tu permanencia por 20 años en el competitivo mundo del modelaje?

—Sí, claro. Hay que ser respetuosa con las personas, tienes que dar lo mejor de ti y nadie es culpable porque estás enferma… tengo que dar el ciento por ciento. Ahora estoy con sinusitis, pero no hay excusas… y eso lo aprendí de mi mamá: ‘Lo que tiene que hacerse se hace…’, decía.

Gisele, que a los 14 años fue descubierta por Elite Model en un Mc Donald de su ciudad natal de Horizontina en la provincia de Rio Grande del Sur en Brasil, partió a las 16 años a Nueva York, donde empezó a desfilar. Y precisamente fue modelando para el diseñador Alexander McQueen, quien trajo de vuelta el concepto de “sexy model” a las pasarelas, con quien saltó a la fama. Ha dicho en más de una ocasión que “la vida no ha sido fácil para mí. Al principio no todo el mundo pensaba que yo era bella, asistí a 42 castings y en todos me rechazaron”. El impulso final vino cuando los fotógrafos Mario Testino y Patrick Demarchelier la retrataron y destacaron su belleza “saludable y de proporciones perfectas”. Empezaba así el despegue de su carrera.

“Antes el mundo del modelaje era distinto, tenías que hacer muchos desfiles para darte a conocer, ser vista por alguna directora de revista de moda, salir en producciones y así comenzabas a hacer campañas para marcas. Había que quemar etapas, seguir un proceso… Hoy con la tecnología, Instagram, paparazzis es diferente, hay mucho ruido afuera… Antes había más anonimato, era un trabajo más. Igual a pesar de que llevo 20 años en esto sigo pensando que me pruebo cada día, que debo dar una buena impresión”, dice sincera Gisele.

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—¿Te sientes a veces vulnerable?

—A veces surgen dudas pero en general no tengo temores, generalmente voy por algo y me muevo… pienso que no hay otra manera de hacerlo. Siento y actúo.

—¿Por ejemplo, la decisión de dejar la marca Victoria’s Secret?

—Creí que sería beneficioso para mí, sentí que estaba agradecida por la experiencia y requería moverme. A veces necesitas vaciar el vaso y llenarlo con otra cosa y si sientes temor no sabes lo que el futuro te depara. El miedo te paraliza y no conocerás nunca lo que puedes ganar…

—¿Qué ganaste, con qué se llenó ese vaso?

—Muchas cosas… Primero, conocí a mi marido y le pude dedicar tiempo a esa relación, si hubiese estado trabajando en Victoria’s Secret no habría tenido espacio para eso y la verdad es que siempre escucho mi corazón. No sigo consejos, cuando tengo que tomar una decisión sólo medito, busco el silencio y encuentro la respuesta.

—¿Eres instintiva para todo?

—La verdad no sé hacerlo de otra manera… lo siento en mi cuerpo, en mi estómago. A veces pretendes no sentirlo… pero es inevitable. Todas las decisiones de mi vida son así.

“¡Yo conocí las montañas de Chile!”, recuerda entusiasmada mientras conversamos… “Con mi familia, papás y sobrinas arrendamos un bus y salimos de Brasil, llegamos a Argentina, en Mendoza cruzamos la Cordillera de los Andes, que es ¡preciosa!, e hicimos un paseo a caballo. ¡Me encantó! Luego pasamos por Santiago y nos fuimos a festejar el Año Nuevo a Pucón y subimos el volcán Villarrica. Fue uno de los mejores viajes de mi vida, siempre digo que hay que repetirlo”, cuenta Gisele mientras se iluminan sus ojos verdes.

—Deberías conocer la zona austral de Chile o el norte, San Pedro de Atacama con su cultura indígena y su desierto…

—Sí, eso me fascina… cómo se llama ¿San Pedro…?… voy a investigar…

El medio ambiente y su conservación es una de las causas en que Gisele Bündchen se ha involucrado profundamente. Es embajadora de buena voluntad de Naciones Unidas y creó junto a la firma brasileña Grendene unas flip flops (sandalias) con su nombre cuyas ganancias van para reforestar el bosque  del Amazonas. Con su familia inició el Proyecto Agua Limpia para limpiar un río cercano a Horizontina y está trabajando en un libro ecológico de cómics.

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Le gusta la vida al aire libre y los deportes. Creció en una granja de Horizontina con sus padres, 5 hermanas y abuelos. Juntos iban a recoger los huevos al gallinero y las verduras al huerto. Todo natural. Por eso es consecuente y trata de replicar esa vida en Boston. Además de comer lo que cosecha de su plantación orgánica, compra a los granjeros a través de cooperativas agrícolas que hay en la ciudad donde se paga mensualmente y le entregan lo que cosechan en el mes. “A veces tenemos zapallos italianos por semanas”, ha dicho.

Hábitos que ha inculcado en su familia, incluso en su marido. “Nuestra salud depende de la salud del planeta”, ha declarado. Los “Bündchen-Brady” aparecen en Instagram —tiene más de 4 millones de seguidores— preparando batidos de verduras o comiendo grandes platos de frutas cosechadas de su casa o en la propiedad que tienen en Costa Rica, donde siempre se escapan para descansar y estar en contacto con la naturaleza. Para Gisele el ejemplo es fundamental. 

“Los niños más allá de lo que les dices les importa cómo eres, si les exiges que sean calmados tienes que serlo tú también, no puedes pedirles que sean lo que tú no eres. Si yo les digo que no coman azúcar no puedo tener azúcar en mi casa. Ellos son un espejo y por eso trabajo mucho en mí para ser un buen ejemplo”, reflexiona Gisele, quien reconoce que intenta evitar viajes por trabajo para pasar gran parte del tiempo con sus hijos Benjamin y Vivian.

—¿Cómo has hecho para compatibilizar en tu matrimonio dos culturas tan diferentes, la latina y la norteamericana?

—Creo que la familia siempre ha sido lo más importante para mí y con mis padres fuimos muy unidos. Ellos me dieron mucho amor y también alas para volar y vivir mi vida. Siempre estaban ahí y son una energía base muy fuerte, incondicional y eso mismo hemos trabajado con mi marido porque su familia también es así. Somos afectivos y cariñosos, aunque les ponemos límites, también les damos mucho amor. Quiero que mis niños se sientan seguros y amados igual como yo me sentí cuando niña y cuando me fui de la casa.

Hace unos años, antes de conocer a Tom Brady —de quien ha declarado “tener suerte por estar casada con mi mejor amigo… Nos apoyamos en todos los momentos y sabemos que la base de nuestra relación es el amor”—, Gisele confesó que su vida se resumía en “levantarse, tomarse fotos, ir a dormir, luego más fotos” y empezó a buscar literatura que le diera más sentido a su vida. Encontró a Miguel Ruiz, un autor mexicano seguidor de Carlos Castañeda, cuya obra más conocida es Los cuatro acuerdos (1997), el que ha vendido cuatro millones de ejemplares  y le dio un vuelco a su visión de las cosas. Sus premisas son: se impecable con tus palabras, no tomes nada personalmente, no hagas suposiciones y siempre da lo mejor de ti. Hoy Gisele se levanta antes de las 6 am para meditar, luego hace kung fu o yoga y así  logra estar en paz para compartir con sus hijos y estar consciente de los afectos y de las necesidades de quienes la rodean.

“Me fascinan sus libros. Me ayudaron a confiar en mi instinto y a entender que el dar es la clave en la vida. Ese es el secreto. Mientras más doy más recibo. Tuve la suerte de darme cuenta de eso hace tiempo… Pero no se trata de dar hasta abandonarse o descuidarse, primero te tienes que querer y conocer tú, eso es lo esencial o de lo contrario no puedes entregar nada”.

—Pero es un mundo mareador, especialmente el de la moda, la fama. ¿Cómo lo haces para mantenerte con los pies en la tierra?

—Ese es el afuera y no le presto atención. En el interior siempre hay silencio, hay paz y desde ahí no sentirás el ruido exterior ni los consejos ni tu agenda llena de cosas por hacer. En ese lugar podrás tomar una decisión correcta.

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Una amiga me dijo una vez: ‘cuando los comentarios negativos de un millón de personas no te afecten eres libre’ y eso me hizo mucho sentido. 

—¿Y qué esperas del futuro, seguirás en el modelaje, cómo te proyectas?

—Trato de vivir el ahora. A veces tenemos vidas muy grandes afuera pero estamos vacíos por dentro, intento trabajar mi interior para que sea más grande. Lo de afuera va a ser un reflejo de lo que eres por dentro…