Más alla de Cara, Karlie y Kendall, hay una nueva maniquí que se vislumbra en el horizonte. Rubia, atrayente y con unas tonificadas curvas, Gigi Hadid ha conquistado a cuanto productor y fotógrafo se le cruza. En un lapso de tan sólo 18 meses, la supermodelo ha logrado cosas que, en un momento de su vida, tan sólo fueron sueños. 

Hoy, ya ha aparecido en dos Swimsuit Edition de Sports Illustrated, además, fue una de las protagonistas de Bad Blood, video musical de Taylor Swift y es el rostro de las campañas de Guess, Maybelline y de la nueva fragancia de Tom Ford, Velved Orchid. Como si fuera poco, también acaba de convertirse en la imagen de la versión británica de Topshop, sustituyendo, ni más ni menos, que a su gran amiga Cara Delevingne. 

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Su salto a la fama se ha acelerado, ya que es cercana a grandes rostros de la industria, como Taylor y Cara. De hecho, en incontables ocasiones Gigi sube fotos a las redes sociales en compañía de sus amigas. Es que la maniquí se ha convertido en parte del universo de Twitter e Instagram, mundo que las grandes marcas de la moda anhelan. Sin embargo, el sendero al éxito de Hadid comenzó mucho antes.

La rubia curvilínea nació en Santa Bárbara, California. Es hija de la ex modelo —protagonista de The Real Housewives of Beverly Hills—, Yolanda Foster y del multimillonario arquitecto y magnate de bienes raíces, Mohamed Hadid. Si bien Gigi tuvo que enfrentar el divorcio de sus padres, actualmente se lleva de maravilla con la nueva pareja de su madre, el productor y compositor musical David Foster, quien se casó con Yolanda en noviembre de 2011 en una ceremonia repleta de estrellas.

Con sus exóticos rasgos, mitad holandeses mitad de Medio Oriente, la chica de 20 años ha surgido como una de las más destacadas personalidades del mundo de la moda. Gracias a las conexiones de su familia, pareciera que Gigi estaba destinada a dejar una marca tras de sí. Aunque en ocasiones, no estuvo muy segura de ello. Esto, gracias a sus bien contorneados muslos, curvas y pechos. Características que contrastan notoriamente con el estereotipo de la moda dominante. “La primera vez que fui a visitar diferentes agencias en Nueva York, muchos de ellos me dijeron que mis muslos no eran apropiados para el modelaje, que tenía que bajar de peso”, recuerda Gigi. “Lloraba por las noches, pero mi mamá siempre me dijo ‘No te preocupes, ya vamos a encontrar a la gente adecuada’. Por ello, creo que soy la prueba viviente de que podemos tener caderas y seguir siendo hermosas”, asegura.

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—Has conseguido crear un perfil de modelo natural y saludable… ¿Es eso importante para ti?

—Siempre estuve determinada a ser una modelo que luciera tonificada y saludable, sin tratar de ser lo más delgada posible. Estoy feliz de poder haber participado de los trabajos de Sports Illustraded, así como también de ser parte de campañas de alta moda; cosas que algunas personas pensaron que jamás sería capaz de hacer. Ha sido muy satisfactorio para mí protagonizar grandes sesiones fotográficas y, a la vez, ser  un modelo de belleza saludable para las niñas que me ven.

—¿Cuáles son tus dietas y ejercicios secretos?

—Una cosa que para mí ha sido muy importante es la práctica de vóleibol (Hadid clasificó en el equipo junior de vóleibol olímpico de los Estados Unidos). Entrené muy duro para eso y me encantó el aspecto competitivo del deporte. Por ello, pienso que todo el trabajo realizado allí me ayudó a mantenerme en forma. Todavía tengo una buena tonificación muscular por todo el ejercicio que hice, a pesar de que en un momento de mi vida tuve enormes muslos (risas).

—Los últimos años han sido un torbellino de fama para ti, ¿cómo te has adaptado a tanto éxito?

—Es difícil, ya que todo sucedió muy rápido. En poco tiempo he logrado muchos de mis sueños. Sin embargo, he estado trabajando tan duro, que no he tenido tiempo para detenerme y pensar en todo lo que ha pasado. Trato de mantenerme enfocada en mi trabajo y aceptar las cosas de a poco, para así no sentirme abrumada por todo.

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—¿Cuán importante son las redes sociales en tu vida?

—Tienen mucha importancia, ya que quiero que la gente que me conoce sepa que tengo un buen corazón y que estoy muy interesada en conocerlos. Siempre me preocupo de ser muy honesta a la hora de compartir las cosas que están sucediendo en mi vida y creo que mis seguidores aprecian eso. Significa mucho para mí ser capaz de tener una relación muy abierta con mis fans y tratarlos con amabilidad y respeto. 

—¿Hay mucho estrés en tu día a día?

—A veces hay un montón de viajes involucrados, pero estoy muy emocionada por todos los puestos de trabajo que me ha tocado desempeñar. Mi mamá ha sido una gran ayuda en mi preparación para este tipo de carrera y siempre he tenido una fuerte ética de trabajo y sentido de responsabilidad. También soy consciente de ser muy considerada con los demás y trato de ser lo más agradable posible cada vez que me conecto con otras personas.

Un aspecto importante de Gigi es su refrescante personalidad y su naturaleza madura, que la tienen siempre con los pies bien puestos sobre la tierra. Características que heredó de su madre, Yolanda. “He tenido mucha suerte de poseer grandes amigos y una hermosa familia detrás de mí”, admite Hadid. “Mi madre también era modelo y ella me enseñó mucho sobre el negocio, de manera que cuando conseguí mi oportunidad comprendí cómo funcionaban las cosas”, dice.

—¿Cuánta influencia ha tenido Yolanda en el desarrollo de tu propia carrera?

—Mi mamá ha sido una gran ayuda para mí. Ella es una amiga y una madre maravillosa. Me ha dado tantos buenos consejos y confío mucho en su juicio. Además, también posee un muy buen sentido de la belleza y el maquillaje. Cuando yo era una niña, me encantaba observarla mientras se maquillaba y me dejaba jugar con los productos, siempre y cuando no hiciera un alboroto con ellos. Ella fue quien me enseñó a no usar demasiado maquillaje y a preferir un look natural.  Dos consejos que siempre me han funcionado.

—Comenzaste a modelar cuando eras una niña, y creciste rodeada de gente famosa. ¿Consideras que eso te preparó para la clase de vida que tienes ahora? 

—La verdad es que sí. Se me hizo más fácil, ya que sé que esperar y, por lo general, estoy bastante cómoda en las sesiones fotográficas. Sin embargo, no todo fueron luces y pasarelas en mi niñez. Mi madre quiso que dejara de modelar cuando tenía 9 años, ya que deseaba que tuviera otros intereses en la vida. Por eso, comencé a practicar equitación y luego participé en competencias de espectáculos de caballos. Aquella fue una actividad que me dio un sentido de confianza y disciplina muy importantes. 

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—¿Creciste siendo una fashionista?

—No, en absoluto. Mi mamá tampoco me permitía usar ropa de marca o trajes caros, ya que quería que llevara una vida muy normal y hogareña. Creo que fue muy importante para mí tener una buena perspectiva de las cosas, de modo que el modelaje se convirtió en algo que podía realizar por opción  y divertirme con eso. Incluso cuando mi mamá me llevaba a las agencias y allí me decían que necesitaría bajar mucho de peso, ella me protegía y me apoyaba. Siempre me dijo que no importaba, que podría ir a la universidad en Nueva York y hacer modelaje como un trabajo de medio tiempo.

—¿Cuál es el mejor consejo que te ha dado tu madre?

—Ella me enseñó que es importante tener confianza en mí misma, ya que de esa forma el modelaje no se convierte en la única cosa en la vida. Además, me adelantó que mi identidad se podía ver atrapada en cuanto el éxito llegara. Jugar vóleibol y aprender el valor de la disciplina y del trabajo duro ha sido la mejor preparación posible para que yo sea capaz de enfrentar la realidad de este negocio. Especialmente cuando recién estaba empezando, y se me hacía muy difícil conseguir trabajo. Es muy importante tener un fuerte sentido de ti mismo y de lo que eres, de esa forma consigues que el modelaje se convierta en una diversión más y no sólo en un trabajo.

—¿Te emociona la idea de que tu hermana Bella te siga en la carrera del modelaje?

—Estoy feliz y orgullosa de ella. Se ve bien, por lo que trato de ayudarla y guiarla tanto como me sea posible. Deseo cuidarla, pero sin convertirme en una hermana mayor sobreprotectora.  Quiero que ella confíe en mí para pedirme consejos, pero que no piense que le estoy diciendo lo que debe hacer. ¡Aún estoy descubriendo mi propio camino en este negocio! Así que sólo quiero que sea feliz, que disfrute de las cosas tanto como yo lo estoy haciendo.