Quienes pensaban que el papel, en el mundo de la moda, sólo restringía su uso a la fabricación de moldes, el diseño de croquis y la impresión de revistas, estaban equivocados. Al igual que la tela, este material esconde secretos que se aprecian cuando el trabajo sobre él ya está terminado. Se puede cortar, doblar, coser, generar volúmenes y crear formas infinitas de expresión. Tomando este principio como base, la reciente versión del BAFWEEK unió arte y diseño en la creación de siete vestidos, que también eran obras de arte, y que fueron la imagen de campaña de esta presentación primavera-verano 2013-1014.

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Cientos de árboles, postes de luz y paredes alrededor de la capital bonaerense fueron el museo donde se expusieron estas creaciones confeccionadas por un grupo de talentosos diseñadores en conjunto con prestigiosos artistas argentinos. Cecilia Gadea y Johanna Wilhelm; Benítez Emilse y Sergio Lamanna; Vicki Otero y Sofía Noceti; Kostume y Diego Martínez; Romina Cardillo y Bruno Tortolano; Noelia Miguenz y Vicky Sigwald; Mariana Dappiano y Eleonora Vodanovich, dieron vida a una idea que en un principio no convenció ni a artistas ni a diseñadores.

Para algunos, el papel era demasiado rígido y dificultaba la creación de curvas, ruedos y siluetas. Otros, lo encontraban muy perecedero; una vez que la foto para los afiches de promoción estuviera lista, esta obra/vestido desaparecía. El resultado fue un encuentro entre creatividad y el talento. Fusión de arte y moda. Vestidos iguales en color, material, pero diferentes en texturas, cortes y, sobre todo, inspiración y discurso.

El proceso creativo entre estos dos mundos, las limitaciones que tuvieron con la materialidad propia del papel y el trabajo de confección de cada una de las prendas quedaron plasmados en videos que, rotativamente, se reproducían en diversos rincones del Salón Azul, en La Rural, lugar donde este año se realizaron la mayoría de los desfiles.

No fue sólo la campaña de inicio, también el sello de una versión del BAFWEEK que apostó por el discurso, la libre experimentación, la unión de la indumentaria con el arte y el trabajo con materiales como papel y polietileno.
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Buscar una respuesta única y certera a la principal característica de la moda argentina, aún está pendiente, porque según los propios diseñadores no existe una definición que los deje contentos. Florence Argüello, una de las organizadoras de esta semana de la moda y actual estilista de Prüne, asegura que la característica principal es el buen gusto. “El diseño argentino es cosmopolita. Toma tendencias de diferentes lugares del mundo, las interpreta y crea una nueva unidad. Conocen a su mujer, por lo que diseñan prendas y accesorios deseables y coherentes con ella”, asegura.

Al igual que en las principales pasarelas internacionales, el binomio blanco negro, junto y por separado, fue una de las principales apuestas. La diseñadora Luz Ballesteros llevó esta tendencia a una versión depurada y simple, donde la funcionalidad de las prendas y la materialidad de sus telas eran lo más importante. En esta misma línea, los diseñadores de Köstume, también buscaron dar una sensación liviana a su colección. Al igual que en otras temporadas, continúan explorando el concepto unisex, mostrando la misma prenda en hombres y mujeres.

Uno de los desfiles que más llamó la atención fue el del diseñador Benítez Emilse, quien se inspiró en las vidas pasadas para crear su colección. El karma, las experiencias de vidas anteriores y sus consecuencias en el presente fueron el fundamento para prendas de estilo futurista en polietileno blanco. En el mismo estilo discursivo, Blackmamba, encontró inspiración en la magia y el ocultismo. Sus prendas y presentación buscaron reinventar el universo místico. El ceremonial del bautizo fue parte de la génesis de esta colección, ya que su diseñadora se fijó en la transición de los colores negro a blanco.

Unido a la contingencia social, las inmigraciones y el racismo, la propuesta estética de Joan Martorello, creó prendas inspiradas en las sastrerías europeas, asiáticas y africanas mezcladas con elementos deportivos propios de la cultura americana. En linos y telas rústicas buscó diseños que dejaran de lado cualquier pertenencia geográfica, política o racial.

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Una casa de veraneo verde pastel con dos puertas blancas, la pasarela forrada con tela de color natural y una música suave fueron parte de la propuesta estética con que la conocida marca Prüne presentó su colección para la temporada primavera-verano. “Elegimos trabajar con colores que se disuelven entre sí, permitiendo armar una monocromía menos clásica y muy femenina”, asegura una de sus estilistas. Beiges, rosados, blancos plenos y toques verdes fueron parte de una paleta cromática que, además de vintage, era muy natural, lo que se transmitió al look de las modelos. “El verano se volvió un poco retro, era importante dejar de lado el estilo salvaje, o ‘descuidado’, y hablar de una mujer más detallista, justamente en un lenguaje simple como nos invita el aire libre”, reflexiona Florence Argüello respecto de la nueva colección de la marca que obsesiona a las fashionistas chilenas.

Una marcada influencia vintage fue la que primó en este desfile. Al mirar cada una de las pasadas de sus modelos era fácil recordar los clásicos diseños de los años ’60 y ’70. Sandalias con grandes terraplenes en madera natural, corcho y yute. Alpargatas bajas con estampados selváticos, plataformas con metal espejo y cuero metalizados serán parte de la nueva colección.