Es lunes por la mañana y las calles de Londres se revolucionan. Una mujer toma café mientras luce una falda de princesa y una capa de piel roja con un cintillo de flores y frutas. Un poco más allá, otra sobresale entre metros de tul, que complementa con una corona de grandes proporciones. Entre tanta ostentación y pompa, sólo una cosa queda clara: Los diseñadores italianos Dolce & Gabbana están en la ciudad. Es la única casa de moda que evoca con tamaña fuerza la noción de que más es más, generando una fusión en donde los colores y la elegancia se toman las pasarelas.

Desde que presentaron su primera colección en 1985, la sensualidad se mezcla con la diversión y el amor por Italia, generando una bomba de distinción. Ecléctica, divertida y lujosa, la casa de modas transformó los estampados extravagantes en un must atemporal. Es que cuando Dolce & Gabbana entran en escena todo es a lo grande, quizás esa sea la explicación de por qué las nuevas generaciones se enamoran cada vez más de su estilo, especialmente los millennial.

En 2009, los diseñadores ubicaron a los bloggers en la
front row
de unos de sus desfiles, adelantándose al fenómeno digital y, hace poco, publicaron el libro Dolce & Gabbana Generation Millennials: The New Renaissance, apuntando directamente a ellos. Su actitud deslenguada —que muchas veces los ha involucrado en problemas en las redes sociales— es otra de las razones que los acerca a un público más juvenil. “Muchos otros diseñadores tienen una mente cerrada. Ellos sólo quieren vestir un cuerpo en particular. Nosotros queremos vivir un sueño, pero queremos que sea real. Queremos vestir a mujeres corrientes, sean curvilíneas o delgadas”, dice Domenico, quien conoció a Stefano cuando lo llamó por teléfono para conseguir trabajo. Luego, fundaron la casa de modas que fue creciendo a la par con su relación, que duró veinte años. “Estábamos muy tristes cuando nos separamos. Terminamos de un día para otro en 2001, pero seguimos trabajando juntos. Incluso ahora no puedo explicar cómo lo hicimos. No lo planeamos. Fue espontáneo”, agrega Dolce.

Desde allí, construyeron un imperio que ha vestido a grandes mujeres como Madonna, Gisele Bündchen, Isabella Rossellini y Kylie Minogue. Pero hay una en particular que ha estado imponiendo la marca al filo de la polémica: Melania Trump. “Ella era nuestra cliente mucho antes de que se convirtiera en la mujer del presidente de Estados Unidos. Cuando me di cuenta de que usaría nuestra ropa en eventos públicos, supe que iba a ser un gran tema. Pero no quiero hablar de política. Quiero hablar de belleza. No estoy ayudando a Trump, sólo me produce placer vestir a una mujer hermosa”, concluye tajante Gabbana.