Llega al aeropuerto de cara lavada, pasaporte en mano y su hijo Benicio en brazos que la acompañará en este viaje que tiene como punto de partida el puerto de Galata, en EstambulNos embarcamos en el crucero Equinox de Celebrity Cruises, una nave cinco estrellas con cubierta de césped natural y que figura entre los cuatro más grandes del mundo. Pero antes, el periplo obliga a hacer una escala en Madrid. Es un vuelo largo y de varias horas que ella parece enfrentar con oficio viajero. Está acostumbrada a moverse de un lado para otro, a trasladarse de casa por tiempos prolongados al punto que tiene que cambiar a los niños del colegio. Ha sido igual durante estos últimos diez años junto al actor Benjamín Vicuña. Compromisos laborales de ambos, filmaciones en Madrid, Miami y Buenos Aires. En Santiago, específicamente en Chicureo, también tiene su casa: un lugar de operaciones que siempre está preparado para recibir al clan. No es la primera vez que visita las Islas Griegas. Antes lo había hecho en plan romántico con el padre de sus hijos. Solos, mientras él grababa una serie en España o cuando dejaban a sus hijos al cuidado de la mamá de Benjamín, que vive en Londres.

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Estambul es otra cosa: le parece un lugar exótico y misterioso. “Me encanta esta ciudad, es algo nuevo. Me gustan sus colores, olores, sonidos y la música. Es un agrado recorrerla por largas horas y observar a la gente, estar en sus mezquitas y sus bazares históricos”. Lectora habitual, ha devorado todos los libros de Isabel Allende y siempre se informa de los destinos que la esperan. Maneja datos de costumbres, atractivos turísticos y admite que la idiosincrasia de los países es algo que siempre le ha llamado la atención. Turquía la cautivó. “Estas mujeres del islam, cubiertas de pies a cabeza tienen esta costumbre desde que nacen. Mi opinión es que todas las expresiones de un pueblo son válidas”. 

Los contrastes le gustan y parecen ser el punto de partida para conocer a una modelo que comenzó una carrera muy joven, que creció en pleno campo en la localidad argentina de General Acha y que ha enfrentado quiebres y dolores con actitud aguerrida. Esa forma de ser también aparece a la hora de moverse por lugares desconocidos. Mientras es fotografiada en el Gran Bazar de Estambul o en los molinos blancos frente al mar Egeo, sabe cómo fijar la vista a la cámara y un segundo después está preocupada de su hijo Benicio. Luego habla de los mejores lugares para comer, hilvana ideas para la próxima toma, vuelve a sacarse fotos con gente que la reconoce en los pasajes de puertas azules de Grecia y ella, como si fuera una diosa mitológica, mantiene intacto su garbo y su sentido pragmático de las cosas. Solo el grito cariñoso de una argentina que pasea con sus nietos, rompe el cuadro. “Estás divina, Pampita”, le lanza.

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Antes había recorrido Mykonos y Santorini con Benjamín, una suerte de viaje en pareja, sin niños y que en la cabeza de Pampita quedó dando vueltas como un paraíso. “Me encantó regresar, creo que es uno de los lugares que más me gusta en el mundo. Adoro sus aguas color turquesa, lo cosmopolita de su gente, el tipo de turistas que van, sus casitas blancas, en fin, un sueño. Para volver siempre”.

Hace ocho meses fue mamá por cuarta vez. Benicio nació en Santiago y, en medio de la agenda de sus papás, ha tenido que cruzar fronteras con frecuencia. “Ha sido igual con todos nuestros hijos, de alguna manera han crecido viéndonos trabajar y lo entienden bien. Son niños buenos”, dice mientras comparte fotos y mensajes por whattsapp con Bautista y Beltrán que la esperan en Buenos Aires. Su centro es la familia y el nacimiento de su último hijo la ‘llenó de energía’ como contó en su última entrevista a CARAS. Es celosa de su intimidad y también de los momentos duros que ha enfrentado. Nunca habla de la partida de Blanca en septiembre de 2012. Una medalla con su imagen en una pulsera o su afición por la ropa blanca casi todo el tiempo, dan pistas de que la figura de su hija sigue intacta e imborrable. Una dura prueba que Benjamín tuvo que experimentar por segunda vez cuando hizo la filmación de La memoria del agua, que se estrena el próximo 27 de agosto. En  la cinta, protagonizada también por la española Elena Anaya, una joven pareja debe enfrentar la pérdida de un hijo. Fue Matías Bize, el director del filme, quien dijo que el actor ‘había dejado la piel en el rodaje”.

— El próximo estreno de Benjamín es La memoria del agua, que aborda un tema muy fuerte. ¿Viste los guiones? ¿Participaste en algo?

— Muy poco. De todos los proyectos de Benjamín este es en el que menos me he metido. Creo que es el único en que no vi el guión, no fui a las grabaciones, ni he visto la película antes de su estreno.

— ¿Por qué?

— Porque es un tema muy delicado. Entonces no quería involucrarme emocionalmente. Este era un proyecto especial que a Benjamín le exigió mucho, más que otros proyectos.

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En la suite a bordo del Equinox mantiene a raya el orden. Los juguetes de Benicio en un lugar, la ropa de producción en otro y un plato de fruta fresca permanece intacto en el centro de mesa. 

Cuando recorremos los más de cinco restoranes, con especialidades de todo el mundo, nunca da señales de dieta. Come pastas con devoción y si un postre le gusta, lo pide sin remordimientos. Después de su embarazo recuperó rápidamente su figura de top model, la misma que desde los quince años la ha convertido en una de las argentinas favoritas en campañas de moda y belleza. Es más, con algunas de ellas mantiene contratos que la han acompañado prácticamente durante toda su carrera.

— ¿Por qué decidiste hacer este viaje tan especial con Benicio?

—Yo amamanto hasta el año  y medio, así que todos mis hijos me acompañan a mis viajes de trabajo durante ese tiempo. Me gusta que sea de esta forma, que el trabajo no sea una excusa para dejar de hacerlo. Es más sacrificado eso sí.  Pero siempre es una linda compañía… (Lo toma en brazos y mientras lo mira le sonríe con ternura). Además estoy completamente enamorada de Benicio, siento que estuvimos pololeando en este viaje.

— ¿En la casa no es igual?

— (Larga una carcajada contagiosa) Es lo mismo, sólo que allá tiene competencia, porque tiene que compartir con sus hermanos y no tiene mi atención al ciento por ciento. Pero en este viaje ha sido distinto, toda la dedicación fue para él. 

— ¿Qué le parece a Benjamín que viajes con ellos? ¿Te apoya?

— Sí, me apoya un montón. En estos diez años siempre he tenido su respaldo. Gracias a Dios comprende lo que hago, le encanta que trabaje y que aproveche las oportunidades que se me presentan. Igual algunas cosas cambian cuando no estoy. Obviamente la casa se desestabiliza un poco cuando me voy por diez días, pero trato de dejar todo organizado. Aun así los niños reclaman, quieren que vuelva pronto. Hay cosas que sólo hago yo.

— ¿Y cómo lo hacen cuando a Benjamín le toca viajar?

— Cuando se trata de un tiempo largo, con muchas horas de grabaciones, nos trasladamos con él. Es que ninguno aguanta la ausencia del otro, estamos demasiado acostumbrados a estar juntos. No nos podríamos imaginar siquiera estar separados. Siempre decimos que lo pasamos muy bien en nuestros trabajos, pero nuestra prioridad es la familia.

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— Con Benjamín celebraron diez años juntos y han logrado articular una familia en un medio que no es muy estable, donde hay muchas infidelidades. ¿Han pensado en casarse?

— Sólo puedo decir que en algún momento nos vamos a casar. Pero es algo muy nuestro. Desde el principio de nuestra relación ha habido una presión mediática. Eso nos ha jugado en contra, porque no han dejado que sea algo espontáneo, natural, que fluya. Todos los años inventan la noticia de que nos casamos. Seguramente cuando toda esta presión disminuya nos casaremos, tal como nos gustaría. No queremos perder esa magia que necesita esta situación. Es algo que se ha postergado y eso no significa que estemos en contra del matrimonio. Al revés: tenemos una familia y sabemos que algún día hay que dar ese paso, sobre todo por los niños. No estamos ansiosos por hacerlo, con tantos viajes y trabajo tampoco es fácil organizarlo. Pero ya lo haremos.

— Mucha gente imaginó que la fiesta de los diez años era una celebración matrimonial.

— Esa fiesta fue algo privado, no algo mediático. Un encuentro con los amigos, con quienes nos han acompañado en esta década. Ellos han sido una gran ayuda, nos han llenado de amor y de compañía en momentos complicados. Podríamos haber hecho algo sólo para nosotros, algo romántico. Pero sentimos las ganas de compartir.

— Toda pareja tiene altibajos y diferencias… ¿qué cosas sigues admirando de Benjamín?

— Muchas, lo buena persona que es, su generosidad. Además es un muy buen padre, educado, dedicado a su familia y muy trabajador. Y en lo romántico es un hombre que me hace brillar, que le gusto tal cual soy y que me apoya en todo.

— ¿Nada reprochable… ?

— (Se ríe con mirada cómplice) Lo conozco muy bien, con todo lo bueno y lo malo… Tal vez sus cambios de humor.

Cuando recorre las calles de Santorini, Mykonos y Creta, Pampita deambula como si fuera de la casa. Sabe de novedades. Como el nuevo hotel que levantó el chileno Daniel Yarur en las costas del mar Egeo. O los vestidos helénicos de algodón y con grecas doradas en el escote que anticipa como un hit para nuestro próximo verano. Compra uno de ellos y adelanta: “Lo estrenaré en el próximo verano de Punta del Este”. A la primera prueba, el calce es perfecto.

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— ¿En tu carrera como modelo no te han afectado cuatro embarazos?

— Soy súper sana, no bebo alcohol ni fumo, no como frituras, no tomo café. También tuve suerte de que la genética me ha ayudado. Después de mis embarazos volví a tener la misma figura de antes, pero tampoco me estresé por ese tema. Todavía no tengo ninguna cirugía ni voy a centros de estética. Pero ya iré por cierto. No lo descarto. Por ahora sólo uso buenas cremas y llevo una vida sin excesos. Trato de que los niños también tengan una alimentación saludable, sin tanta azúcar ni aditivos.

— ¿Más hijos en camino?

— Si me preguntas si Benicio va a ser el último, creo que no. Pero es Dios quien ve eso. Por nuestra parte no es un proyecto inmediato porque me queda un año más que amamantar a Beni y luego de eso necesito un tiempo de independencia. Si Dios quiere vendrán más.

— En la casa, ¿quién manda?

—Benja opina bastante, pero la que manda soy yo. Es que soy muy mandona (añade con franca risotada). La verdad soy bien obsesiva con el orden y con las rutinas. Me gusta que se hagan las cosas como yo quiero, me siento cómoda y bien cuando todo está en su lugar, ordenado. Igual ambos cedemos, de manera de que ambos nos sintamos partícipes de lo que queremos para nuestra casa y nuestros niños.

En la cubierta, mientras toma sol y lee revistas internacionales, dice medio en broma medio en serio que se imagina algún día como conductora de noticias. “Sé que hay que estudiar periodismo antes, pero quién sabe… Tal vez más adelante”. Múltiple, además de modelo ha tenido roles en la televisión como animadora, jurado, notera y bailarina. “Nunca repito lo que hago”, admite con convicción y manifiesta que los años la han fortalecido. Frente al acoso periodístico y de los paparazzi que acostumbran a fotografiarla junto a Benjamín, aprendió a lidiar con naturalidad. Lejos está la imagen de esa Carolina Ardohain que parecía vulnerable luego de su mediática separación con el polero Martín Barrantes. “Al principio lo pasaba mal porque no estaba acostumbrada, cuando opinan de tu vida es súper fuerte, pero cuando dicen mentiras es peor. Después, cuando estás en una etapa más tranquila y estable, apareces menos en los medios. No se trata de acostumbrarse al acoso, sino a manejarlo mejor”.

— ¿Cómo reaccionabas antes?

— Salía a dar explicaciones por cada cosa que escribían sobre mí, ahora si no es algo grave dejo que pase y que se olviden. No me involucro. Claro que en Argentina es mucho más fuerte, siempre hay paparazzis afuera de nuestra casa.

— ¿Y Benjamín?

— Ha aprendido igual que yo. Se acostumbró. 

— La carrera de tu marido ha ido en ascenso. ¿Qué te pareció su último trabajo en El bosque de Karadima?

— Trataré de ser objetiva, porque lo natural sería que le tirara puras flores. Pero Benjamín con los años ha mejorado mucho como actor, el tiempo le ha venido muy bien, de un proyecto a otro crece mucho. Y sobre el tema de la película es complejo, Benjamín y yo somos católicos, los niños en Argentina van a un colegio católico. Para mí la fe es un pilar fundamental en nuestras vidas y queremos que nuestros hijos crezcan con eso. Lo de la película es un hecho puntual, aunque por cierto hay otros similares.

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— ¿Qué expectativas tienes con tus hijos?

— Principalmente que sean buenas personas, con valores sólidos, que compartan con los demás. Si a partir de eso también logran ser exitosos en alguna profesión es cosa de ellos.

— ¿Y si siguen las profesiones de ustedes?

— Por supuesto que los vamos a apoyar, tenemos toda la experiencia de nuestras vidas para aconsejarlos y apoyarlos. Pero lo haremos igual si prefieren otro camino.

— ¿Cuando eras niña imaginabas la vida que hoy tienes?

— Sí, una familia y varios hijos. Lo que no imaginaba era la profesión que tengo, porque yo vengo del campo. Salir en la tele y en revistas era algo demasiado lejano. Mi único vínculo con los escenarios cuando niña era mis clases de ballet. Vengo de un pueblo muy chico, tranquilo y sin ningún riesgo. Trato de que mis hijos tengan algo de eso, de tener vida al aire libre, de trepar árboles, de ser libres y se entretengan con cosas sencillas.

— Tu papá murió en un accidente cuando tenías seis años, ¿tienes recuerdos?

— Sí. La verdad es que me acuerdo de muchas cosas: las navidades, los almuerzos de domingo… Me faltó en varias ocasiones, pero de alguna manera él igual estaba conmigo.

— ¿Hay algo de tu vida que hubieras preferido cambiar?

— No, no me arrepiento de nada y he hecho todo lo que alguna vez me propuse. Ahora si me resultó bien o mal, eso ya es otra cosa. Es cierto, soy caprichosa y trato de no dejar cosas pendientes en mi vida. Lo sé: soy tan intensa que no dejo nada en el tintero.