Se suponía que me encontraría con Daphne Selfe (90) a las 13.30 hrs., después de que terminara una sesión fotográfica con Stella Magazine, pero a las 11.45 h. me llamó para que llegara más temprano. “Eso pasa conmigo”, se disculpa Daphne mientras nos sentamos en lo que sería un almuerzo anticipado.

En una sesión de fotos de moda, lo habitual es que la modelo se cambie al menos tres looks en cuatro horas, pero Daphne logró hacerlo en dos. “Todos se van a casa más temprano. Sé lo que estoy haciendo, supongo. No es como fotografiar a una jovencita”. Hoy es la modelo más vieja del mundo, con una carrera de más de 69 años en el top line de la industria. Experiencia pura.

Daphne Selfe nació el 1 de julio de 1928, es decir, acaba de cumplir nada menos que 90 años. Está súper dispuesta y llena de energía. No maneja, pero iría felizmente a cualquier lugar en tren desde su casa en Baldock, Hertfordshire. Tiene tres hijos que están entre los cincuenta y sesenta años, y cuatro nietos transitando los veintes. Es viuda. A veces se toma licencias y tiene citas. Va al cine o al teatro. Con quién, no importa, “no es su problema”, sentencia con una risa seria.

Su salud está bien, a no ser por la vasculitis —inflamación de los vasos sanguíneos— en sus pies, que le impide usar tacos. Mide 1.57 mt, aunque reconoce haberse achicado un poco con el paso del tiempo. Su belleza es indiscutible, mejor dicho perfecta, lo que explica por qué, a los setenta años, se convirtió en la abuela ícono de todos los comebacks de la moda y en un ejemplo a seguir. Una experta en redes sociales e influencer inmersa en el mundo de los millennials.

A Daphne la descubrieron en 1949, cuando tenía 21 años. “Me encontraba trabajando en el Heelas —un negocio textil típico inglés— de la calle Reading, que ahora es una tienda de Jow Lewis, y había una competencia de moda”, cuenta. “Todas querían lo mismo, el premio era en la portada de la revista Reading & Berkshire Review. Y yo lo gané”.

Inmediatamente después, Daphne se sumó a la agencia Gaby Young Modelling. Se mudó al departamento de su tía en Chelsea e iba a caballo a su pueblo natal los fines de semana.
En aquel momento, la cultura fashion no era un tema del que ella pudiera conversar con alguien cercano. “Modelar en aquellos años no tenía ni punto de comparación con lo que es hoy. La fotografía recién veía la luz. Aún no teníamos el London Fashion Week. Todo eso ocurrió en los últimos veinticinco años. Nuestras pasarelas estaban en las grandes tiendas de Londres, Northampton y Bournemouth, y por supuesto, el Ideal Show Home. Solo una o dos niñas, como Barbara Goalen iban a París. Y es que probablemente la gente nunca había escuchado de nadie que fuese una modelo”, afirma.

Teniendo en cuenta que hoy muchas mujeres son empresas en sí mismas, marcas personales que valen millones y que cuentan con asesores para negociar el tipo de trabajo que les conviene o no hacer, es justo decir que Daphne viene de otro mundo. Lo que más hay que destacar es que ella supo adaptarse a la industria que hoy tenemos. “Los egos eran mucho más chicos en aquel entonces”, se sincera. Y agrega: “Como modelo, estabas ahí para vender un producto. Vendí salchichas, vino y moda. Hice de todo sin importar nada, hasta me peinaba y maquillaba yo misma”.

Cuando Daphne se casó con Jim Smith en 1954, su carrera bajó un poco. Pero luego consideró volver al ruedo. Transitaban los años 60, tenía tres niños y los ideales estaban cambiando (“No era la indicada para los 60, era el momento de Twiggy”, dice). Daphne continuó haciendo comerciales, modelaje artístico para Barbara Hepworth, y trabajaba frecuentemente como extra en televisión y teatro.

Jim murió en 1997, después de 43 años de matrimonio. “Él estuvo muy enfermo durante cuatro años. Sufrió tres derrames cerebrales. Nos mudamos al campo dos años antes de que falleciera. Creo que no fue la mejor idea, en retrospectiva, aunque hice lo mejor que pude, yo estaba desanimada. Fue tremendamente duro”, recuerda. Pero en 1998, unos meses después de la partida de Jum, Daphne recibió una llamada en la que le preguntaban si estaba interesada en volver a las pasarelas para Red or Dead en el London Fashion Week. “Al menos tendría algo para hacer. Pensé que eso me ayudaría a salir del vacío. Soy una persona muy optimista. Esperaba que me ayudara a disfrutar de la vida y seguir adelante. Mis hijos también estaban de acuerdo”.

Fue así como a los 70 estaba literalmente en la cresta de la ola. La prensa admiraba su presencia más que nunca. Era el momento para las experimentadas en la industria de la moda, el inicio del “greynaissance”. El gris nacía con fuerza y Daphne brillaba con luz propia.

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Una semana después, la llamó la revista Vogue. “Estaban haciendo un artículo sobre cómo se siente ser vieja”, comenta entre risas. “Nick Night era el fotógrafo y una mánager de la agencia Models 1 también nos acompañaba en el set. Recuerdo que cuando terminamos me dijo: ‘Quiero que estés en nuestros books’, en ese momento empezó todo”.

Desde que firmó con la reconocida agencia, Daphne experimentó el recorrido de una súper modelo en una carrera que tuvo su pausa, y que, creyó, nunca retomaría. Modeló para Dolce&Gabbana y para TK Maxx. Cambió sin dudas la percepción de lo que significa lucir como una modelo y generó un debate público en torno al tema de la edad. “Nunca imaginé tener tantas oportunidades. Creo que jamás las hubiera podido tener si mi marido hubiese estado vivo, salvo que estuviera sano. Creí que Models 1 me dejaría después de seis meses, ¿cuánto trabajo podrían darle a una mujer de 70 años? Pero llevo veinte años trabajando con ellos y tengo más proyectos que nunca”.

Instagram, sin necesidad de explicar mucho, es una parte fundamental de la industria. Daphne se adueñó de esta tendencia y la incorporó como toda una millennial. Se unió a la plataforma cuando tenía 85 años y hoy su cuenta @daphneselfe tiene más de 60 mil seguidores. Considera, también, que la presión de la industria hoy son, en alguna medida, las mismas que tuvieron siempre las mujeres.

“Cuando comencé tenía que perseguir a los fotógrafos con mi portafolio para ver si les gustaba. Perdí muchos trabajos cuando era más joven por no querer exponerme tanto. No me importó. Siempre tuve bastante personalidad para poner límites”, dice. Y sobre si cree que la industria ha avanzado algo en estos años, sobre todo en temas tan contingentes como la diversidad, asegura que no alienta a las modelos que son muy gordas ni muy flacas porque cualquier extremo es malo para la salud. “Pero me encanta ver distintas edades, tonos de piel y todo lo que contemple la inclusión”.

Los vestidos holgados y estampados que Daphne modeló para Stella hoy son justamente esos que cualquiera se imagina luciendo sobre las calles de Baldock’s Market o London’s Portobello —dos de sus lugares preferidos—. “Mi estilo ha ido cambiando con el tiempo. Soy cada vez más arriesgada”, dice mientras muestra los vestidos que ella misma se confeccionó, en el celular que le enseñó a usar su hija. “Ahora me pongo lo que me gusta. Es muy fácil generar impacto para la gente mayor: la clave es llevar una buena tenida”.

CÓMO MANTENERSE A LOS 90

El tema de la salud y la dieta, son para Daphne muy importantes en su vida. Nos damos cuenta de inmediato cuando comienza a revisar minuciosamente su ensalada. “No como algunos vegetales”, dice con firmeza. “Muchas plantas no quieren ser comidas y contienen lectinas —proteínas que inhiben las propiedades de otros alimentos— y ellas funcionan como una pócima negativa para el organismo. Todas las mañanas tomo un batido de espinaca, almendras, berries, media manzana y medio plátano. Nunca comí alimentos procesados. De hecho, nací durante la guerra así que no había mucho para comer, teníamos raciones. Creo que eso fue bueno para todos nosotros, mucha gente de mi edad está viviendo más”.

En cuanto a la actividad física, Daphne hace elongaciones de ballet y algo de yoga. Se maquilla todos los días, pero siempre recuerda quitárselo correctamente antes de dormir. Nunca fumó ni tampoco tiene pensado inyectarse bótox.“Probé muchas cremas costosas y ninguna tuvo muy buen resultado. Solo uso Nivea, como bien y sonrío. Una sonrisa es mil veces mejor que un lifting”.

¿La edad es un tema fascinante, pero muchos le temen? “Todo eso es propaganda. Soy consciente de que el cuerpo no es siempre el mismo, pero me animo a mí misma. Mis hijos creen que es divertidísimo que siga modelando. No pienso jubilarme. Cuando la vida es tan interesante, ¿por qué debería dejar mi carrera antes de que ella decida hacerlo?”.