No se conocían hasta hace poco más de un mes. Pero era cosa de que llegara el momento indicado, dicen ambos, para que se produjera la sincronía y se atrevieran a apostar. No se conocían pero sí, aseguran, se estaban buscando.

Daniella Salcedo, dice, había quedado conmovida con Francisco Camiroaga después de leer en CARAS —en septiembre de 2017— el artículo donde contaba cómo, después de dedicarse por años al diseño de interiores, luego de encontrar un pelo de caballo que se sostenía firme en el alambre de púas de un cerco, se despertó en él la curiosidad de explorar la nobleza del crin, de trabajar con artesanas de Rari, de investigar lo que escondía ese oficio tradicional con 300 años de historia y volver a sus propias raíces como diseñador para lanzar una línea de joyas que resultara distinta, respetuosa del oficio tradicional, pero al mismo tiempo sorprendente, sofisticada y depurada.

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“Cuando terminé de leer esa entrevista dije: ‘tengo que conocer a ese hombre’. Me encantó su buen gusto, lo sublime de lo que hace. Es maravilloso cómo juega con los tintes naturales, cómo trabaja con las artesanas. Porque en crin puedes ver mucho, abanicos, mariposas, pero cuando ves el crin que está trabajando él, dices ‘eso es Pancho Camiroaga y sus artesanas’. Lograr una identidad en una materialidad ancestral, en una fibra, requiere de una sensibilidad enorme”, comenta Daniella.

Francisco, por su parte, también había escuchado de Daniella Salcedo, la directora audiovisual y publicista que después de trabajar por 22 años haciendo campañas para retail, en 2016 dio un vuelco a su vida, se convirtió en diseñadora y lanzó una colección de capazos, como llaman en España (donde vivió hasta los 15 años) y el norte de África a los bolsos tejidos a mano con fibra vegetal. Bolsos, por cierto, que ella intervino con su mano ecléctica dándole un sello propio, mezclando materiales de diferentes partes del mundo: linos de España, borlas de India, pompones de Perú, atrapasueños y cintas de Ecuador y artesanías chilenas: miniaturas en crin, entre otras. En Chile se dio a conocer hace poco más de año. Apostando a que le iría bien montó una pop up store en el cuarto piso del hotel W, que en un principio funcionaría solo por dos semanas. Pero nunca más se fue. De todo lo que tiene, sus bolsos son lejos lo que más llama la atención de los extranjeros que circulan por el hotel.

Diseños trascendentes

Fue la prima de Francisco, quien conocía a Daniella, quien los puso en contacto. Eso ocurrió hace un mes cuando Francisco llegó con una bolsa de tela repleta de sus collares, brazaletes y anillos en crin. Y ella sacó los clutch que venía trabajando con Sara, una artesana de Pichidegua a quien conoció en septiembre del año pasado en una feria de artesanos en el Centro Cultural La Moneda, pero que hasta entonces solo tejía pequeñas chupallas, flores y angelitos con hoja de choclo.

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En la espontaneidad de ese primer encuentro entre Francisco y Daniella nació Origen, la colección de carteras donde Salcedo y Camiroaga unen el crin y hoja de choclo, llevadas a su máximo esplendor y elegancia. Una línea que lanzarán el 25 de octubre en un desfile en el hotel W, que luego se venderá en la tienda de Daniella y que ya tiene compradores interesados en Estados Unidos, Argentina y España. “Unimos dos artesanías donde ves el campo, de donde viene la materia prima. Dos materialidades detrás de las cuales hay todo un oficio. Todo un saber rural que está lleno de identidad”, comentan.

—¿Qué mirada comparten sobre la artesanía?

—FC: A los dos nos interesa y nos sentimos comprometidos con ella. Los dos estamos trabajando con artesanos. De hecho, yo he estado haciéndole coaching a algunos, porque nos dimos cuenta de que a diferencia de lo que pasa en otras partes del mundo, donde la gente está orgullosa de su artesanía y la defiende, en Chile como todo es entre mal pagado y mal mirado, a las generaciones nuevas no les interesa continuar con el oficio. Pero con lo poquito que nosotros hemos hecho han ido pasando cosas súper interesantes: les hemos dado trabajo a artesanas y ellas se sienten más dignas al ver el resultado. Pero lo más interesante que tiene que pasar es que las nuevas generaciones sigan con este trabajo, si no está destinado a morir.

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—En tu caso, Daniella, ¿qué te gustó de la hoja de choclo?

—DS: El valor y sentido que esconde la materialidad que es cargadora de fecundidad. Andar con un clutch de hoja de choclo es cargar un objeto que simboliza la fecundidad. Lo mismo pasa con el crin que viene del caballo y de la tierra. Es mágico lo que va provocando en las personas. Genera algo muy fuerte. Más que vender, queremos crear un cambio a través de piezas que emocionen.

—¿Fue difícil que la artesana con la que trabajas se abriera a colaborar en tus diseños?

—DS: Un poco. Cuando la conocí le dije ‘Qué hermoso lo que hace usted. ¿No ha pensado hacer carteras con esto?’. Al principio no lograba ver en qué podía transformarse lo que ella hacía. Por eso, primero me vendió metros de trenza hecha con la hoja de choclo. Después yo armé el prototipo para que viera lo que era la pieza terminada. 

—Se dice que la tecnología ha sido enemiga de la artesanía, pero tú la has usado a tu favor.

—DS: Yo estudié diseño gráfico y publicidad creativa. Entonces tenía las herramientas. Pero cuando me lancé lo que más me sirvieron fueron las plataformas digitales: aplicaciones maravillosas para hacer fotomontajes como Prêt-à-Template o Notabilitu, clave para lograr ordenarme en el proceso de creación y seguimiento.Todas las manejo en simultáneo con un iPhone X, una MacBook Air y un iPad Pro.

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—¿Qué falta para que la artesanía chilena gane su espacio en el mundo?

—FC: Hace falta que gente especializada en diseño, gente que sabe y tiene afinidad con la artesanía, como yo, como la Daniella, le haga coaching a las artesanas, para que ellas mismas, independiente del trabajo que realizan con nosotros, logren darle más trascendencia a lo que hacen y así se diferencien de sus pares. En Rari la mayoría de las artesanas fabrican aros, cuando el material tiene mucho más potencial. Si tú quieres entrar en los mercados de afuera o que se representen tus productos en el exterior, tienen que tener una cierta fuerza. No puede ser simplemente el imán para pegar en el refrigerador. Porque sí, te lo van a comprar, pero eso no crea imagen. No crea identidad, que es justamente lo que nosotros estamos buscando.