Una rápida caminata por las céntricas calles de Londres es suficiente para comprobarlo. En Oxford Street, Covent Garden o Picadilly. En los paseos a la orilla del Támesis o en la extensa fila para entrar a ver la exposición de moda italiana que brilla en el Albert and Victoria Museum. Con apenas un vistazo basta. De veinte mujeres que andan por ahí, más de la mitad lleva algo del estilo que arrasa en el street style mundial.

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Aunque muchos podrían decir que el tartán es un básico eterno del ropero inglés, esta escena se replica en el universo fashion como el efecto mariposa. Desde la península itálica a la Gran Manzana. Desde Louis Vuitton a Jil Sander pasando por Saint Laurent Paris, Stella McCartney y Moschino, entre otros grandes diseñadores; todo indica que la fiebre por el cuadriculado apenas comienza. Y de hecho las compañías low cost ya han sido contagiadas y en sus vitrinas se puede ver el impacto.

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Creado en base de un diseño geométrico secuencial de líneas de colores y proporciones variadas que producen una apariencia final en forma de cuadros, el tartán es un tipo de tejido que pertenece a la cultura textil europea del siglo XV. El modelo más antiguo que se conserva perteneció a un grupo de indoeuropeos caucásicos que emigraron por la llamada “Ruta de la Seda” en dirección a Asia Central, y finalmente fueron encontrados en la region Xinjiang de China.

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Según los libros de historia de la moda, el cuadriculado fue un diseño popular en el Viejo Continente en el período celta de la Edad de Hierro y ya estaba asociado directamente a cierto estatus económico y social. Sin embargo, la expansión del Imperio Romano trajo consigo nuevas formas de vestir y los europeos terminaron por adoptar la sobria túnica grecolatina en desmedro del tejido que ha sabido reinventarse.

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Su renacer viene de la mano de Escocia en el mil ochocientos y es la razón por la cual muchos relacionan su orígen con ese país. Hay documentos de la época que aseguran que en cada isla y comarca se utilizaba un diseño diferente que identificaba la procedencia de las personas. Eran los tiempos en que la combinación de colores de los tartanes estaba determinada por los tintes vegetales que crecían en cada terreno.

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Ad portas del siglo XIX, el material cobró popularidad con la estandarización de los tartanes que vestían los regimientos de las Highlands del ejército británico. Las familias comenzaron a diferenciarse entre sí mediante su elección de tartán. Su fama traspasó las fronteras y  todo lo escocés se puso de moda entre la aristocracia inglesa. Así fue por décadas y décadas hasta que en 1970, el tartán se rebeló, luego que los punks lo adoptaran como su emblema en un acto reivindicativo antisistema.

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Hace más de una década que el desaparecido diseñador inglés Alexander McQueen le dio su sello femenino, audaz y transgresor.

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Cómo olvidar cuando su tartán rojo con líneas negras tiñó por completo la Gala Annual del Met de 2006 y el momento en que hizo su entrada triunfal de la mano de una Sarah Jessica Parker en el peak de Sex and the City. “Fue una de las noches más felices de mi vida”, recordaría después. Como el vanguardista que siempre fue, sus vestidos cuadriculados, ceñidos a la cintura y en todos los largos, parecen hoy de última temporada.