Como Karl, Anna o Patrick. Gisele es de las pocas personas en la industria que no necesitan apellido. Ella es al mundo de la moda lo que Messi es al fútbol y Rihanna a la música. La mejor pagada, la que rompe esquemas y la que en Brasil, su país de origen, genera tanto revuelo como Ronaldo y Pelé juntos. La número uno en la lista de modelos Forbes, con una fortuna cercana a los 300 millones de dólares. “Gisele Bündchen le devolvió al mundo de la moda el glamour de las mujeres con curvas”, dijo el diseñador Alexander McQueen cuando la subió a la pasarela en 1997. Y desde entonces su estilo ha marcado el rumbo de las maniquíes. La chica de Horizontina que soñaba con ser una jugadora profesional de vóleibol rescató a las supermodelos del anonimato cuando fue descubierta en un McDonalds a los trece años. Poco tiempo después aterrizó en Nueva York y una de las primeras personas que la recibió fue Carolina Herrera: “No hablaba ni una sola palabra de inglés y ella me hizo sentir como en casa”, recuerda. Esa relación hoy se materializó en 212 Vip Rosé, la nueva fragancia de la creadora de origen venezolano, y el motivo por el cual Gisele está preparada para dar una serie de entrevistas con los medios más prestigiosos, que comenzarán pasadas las tres de la tarde y terminarán a las 22.30. Caras será la penúltima revista en ingresar a la habitación de 214 Lafayette, una exclusiva residencia en el Soho neoyorquino. Han pasado seis horas desde que empezó el evento y cualquier ser humano estaría cansado. Se notaría en los ojos, y en el ánimo. Pero Gisele (33) está radiante. Como una perfecta anfitriona ofrece champaña, agua o café, y luego dispara la frase que me dejará en shock: “Oh my god!, your hair is gorgeous”. Ella, que tiene cremas, lencería y hawaianas con su nombre, y ahora acaba de cerrar un contrato millonario como imagen mundial de una marca de champú, tiene la fórmula perfecta para meterse en el bolsillo a la enésima persona con la que debe cumplir agenda. Wp-gisele-450-3 Su cara y cuerpo parecen tallados y esculpidos a mano. Es más alta de lo que uno imagina, más flaca y mucho, mucho más linda. Si tiene arrugas, están demasiado bien maquilladas. Si alguna vez tuvo una espinilla, no ha quedado marca. Está vestida de negro, como si fuese en camino a una fiesta. Porque de eso se trata la fragancia que la tiene como rostro. De glamour, celebración y lujo. Poco que ver con la imagen de madre en período de lactancia que ella misma viralizó días atrás a través de su cuenta de Twitter, donde aparece amamantando a su hija de 15 meses rodeada de peluqueros, maquilladores y asistentes. —El perfume 212 Vip Rosé habla de una lista VIP. Es difícil imaginar alguna sin tu nombre en el encabezado... ¿Qué crees que te ha ayudado a transformarte en la supermodelo de la última década? —Creo que mi autenticidad, porque soy una persona que siempre estoy intentando conocerme. Y cuando uno mira hacia adentro, de manera introspectiva, uno se recrea. Ya no soy la persona que era hace veinte, diez o cinco años. Y por suerte que cambié, porque eso significa que pude evolucionar. Que hice muchas cosas, dije muchas cosas, que tomé decisiones diferentes a otras modelos. —¿Como abandonar los desfiles de Victoria’s Secret? —Exactamente. Soy una persona de mucha intuición, hacía años que estaba trabajando con ellos y era momento de renovar el contrato. Llegó el día en el que yo tenía que contestarles y no sabía qué hacer, había algo internamente que no me convencía... Todos me decían que siguiera, que si me iba bien para qué cambiar. Entonces en la noche agarré dos papeles y escribí en uno ‘sí’ y en otro ‘no’. Y pedí a Dios que me ayudara a resolver qué era lo mejor para mi vida. A la mañana siguiente, con los ojos cerrados, escogí un papel y era el que decía ‘no’. Así que agarré el teléfono, los llamé, les di las gracias por los ocho años maravillosos, y no firmé. No tenía que ver con la empresa, sino con la intuición, un llamado interior al que no podía negarme. Cuando yo busco respuestas y no las encuentro empiezo a respirar despacio y miro hacia adentro. Muchas veces me ha tocado tomar grandes decisiones, y trato de ser muy consciente. Wp-gisele-450-4 —Resignar significa también apostar a que vendrá algo mejor, ¿no? —Yo me fui de Victoria´s Secret y ahí conocí a mi marido, pude invertir mucho tiempo en esa relación que es algo que no habría podido hacer porque el contrato requería muchas horas de trabajo. De hecho, generalmente las modelos de Victoria´s Secret solamente trabajan para ellos y yo además seguía haciendo otras cosas... En la vida todo se trata de establecer prioridades, y es una decisión de la que no me arrepiento. La vida siempre nos muestra el camino, es opción de uno mirarlo o hacerse el distraído. Si estoy molesta, si algo en mi cuerpo no está bien, tengo que descubrir qué es. Y cuando uno se hace la pregunta de manera honesta y sincera, la respuesta es concreta e inequívoca. —¿Pero de verdad piensas que tu plus no es la belleza sino la personalidad? —Llevo veinte años trabajando y estoy aquí porque tengo alegría. Soy una privilegiada y por eso estoy agradecida. Pienso que cuando tienes esa energía en la vida todo vuelve. Nosotros somos energía, y todo lo que damos es lo que recibimos. Gisele parece tener el discurso muy estudiado. No es muy amiga de las entrevistas pero hoy ha dado una tras otra, y posiblemente en todas dijo algo parecido. Habló de su primera portada en Vogue París, sus trabajos con Karl Lagerfeld y, por supuesto, el rodaje del comercial de 212 Vip Rosé de Carolina Herrera, donde se la ve feliz pasándola bien en la Gran Manzana. Pero días antes de este lanzamiento, el mundo la vio amamantando a su segunda hija Vivian, producto de su matrimonio con el destacado jugador de fútbol americano Tom Brady. Una niñita que ya tiene más de un año. —¿Qué opinas de las modelos y actrices que se internan en el gimnasio o en el quirófano poco después de dar a luz? —Cada persona tiene su proceso diferente. Tú no sabes, y yo no sé tampoco, lo que cada persona ha pasado. Lo que intento es no juzgar, porque cada uno sabe por qué hace lo que hace. Pero para mí, que miré a mi mamá que siempre trabajó mucho y nos amamantó a todos y es una mujer íntegra con valores de familia, esto es lo normal. —Pero eres modelo, y la lactancia trae consecuencias. ¿No te da susto que se te caigan los pechos? —¿Para qué son si no para amamantar? Eso es lo que nos hace a las mujeres especiales, tenemos la oportunidad de llevar una vida y después de alimentarla. Es una experiencia a la que no voy a renunciar, y no me interesa lo que pase con mi cuerpo. La maternidad es lo más importante, y mi escuela personal fue así. No juzgo lo que otros hacen, sólo repito lo que aprendí. De hecho ya tiene un año y tres meses y continúo amamantando... Ahora se está acabando un poco la leche y me da pena. Es una sensación tan linda, una conexión muy grande y única. —Entonces para ti el lujo no pasa por el dinero que ganas, sino por otro lado... —La plata no puede comprar tiempo con los afectos. Creo que el verdadero lujo de estos tiempos que son tan rápidos es tener la libertad de ser auténticos, tener momentos para reflexionar y conocerse. Recibimos mucha información y uno puede perderse dentro de eso. Entonces, parar un segundo y tomar conciencia antes de decidir qué hacer es fundamental. Wp-gisele-450-2 —¿En qué consiste tu rutina de belleza? —Una combinación de cosas. Primero está el espíritu, porque si una persona está molesta por sus problemas y se enfoca en eso se nota en la cara, está en su energía. Yo soy sensible. Mis hijos son saludables y eso es lo que me hace feliz, por eso me veo bien. El resto son puras experiencias que no tienen importancia. —En tu cosmetiquero seguramente hay pañales, ¿qué más? —¡Muchos pañales! Me gusta la aromaterapia, entonces llevo diferentes tipos de aceites, bálsamo labial, corrector de ojeras y anteojos de sol para disimular el cansancio en la cara. Generalmente también tengo un perfume en roll on y aceite de almendras para humectar las manos. No me gustan tanto las cremas que tienen mucho perfume, prefiero los aromas más naturales. La música suena fuerte en el tercer piso de 214 Lafayette. Carolina Herrera de Báez, hija de la diseñadora, y otras celebridades esperan con champaña, cabritas saladas y castañas que la anfitriona haga su entrada triunfal. En pantalla gigante proyectan el comercial del perfume y los invitados capturan el momento en fotos Polaroid. Los encargados de prensa que presencian la entrevista ofrecen hacer una última pregunta. —Hace algunos años estuviste en Chile junto a Leo DiCaprio... —¡Pucón, qué lugar tan maravilloso! Mi mejor amigo es de Chile, se llama Nino Muñoz y es fotógrafo. Nos conocimos cuando yo tenía 16 años. Siempre le digo que me muero de ganas de volver, es uno de los paisajes más lindos que recuerdo.