Completamente autodidacta, su proceso de confección consiste en peregrinar tienda por tienda, local por local, en busca de prendas que le llamen la atención por su potencial “radélico” de intervención. Cada modelo que hago es único, nunca repito una polera, chaqueta o pantalón porque me gusta la exclusividad. Las cosas que fabrico son poco tradicionales, pero usables y cómodas. No uso un color base, aplico materiales brillantes y aprovecho texturas como parches o mallas. Además, todas mis prendas son oversize, para que las pueda usar cualquier clienta”, describe.
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Hija de un inmigrante taiwanés y nieta de inmigrantes chinos por parte de madre, Cindy (19) tiene un hermano menor de 15 y el mundo del vestuario y el emprendimiento es parte de su vida: su familia es dueña de dos conocidas cadenas de venta de ropa con sucursales en todo Chile (Fashion’s Park y Family Shop). Cuando salió del colegio, no dio la PSU y apostó a enfocarse exclusivamente en Radelica con una determinación que sus padres no pudieron más que respetar: “Este es mi camino, esto es lo que me gusta y lo quiero hacer por el resto de mi vida y ellos así lo han entendido”, dice.

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Cindy no se ve como diseñadora en el sentido convencional. Su estrategia es intervenir, modificar y darle un sentido nuevo a prendas que capturen el espíritu de su generación: “Mi parada no es la moda en sí, sino emprender”, afirma con seguridad. Hoy se está instalando en Milán, donde pasará los próximos años estudiando Fashion Business en el conocido Istituto Marangoni. Dice que allá seguirá participando de los movimientos sociales que apoya acá. “Podré estar en un país que no es el mío, pero las causas son las mismas y el mensaje de Radelica también”, concluye.