‘De niña a mujer’, cantaba en 1981 un emocionado Julio Iglesias a su hija Chabeli. Y el mundo hispano ponía los ojos en esa chicuela de piel mate. Y aunque no la apuntó con el dedo, Cindy Crawford —a las puertas de celebrar medio siglo de vida— también presentó a su ‘heredera’ en una gala de la firma Omega frente al Central Park: Compartió con Kaia Gerber (14) los créditos del documental The Hospital in the Sky, que se estrenó en una noche bajo cero en el Museo de la Sociedad Histórica de Nueva York.

Con temperaturas mucho más altas, un ‘ataque’ de flashes iluminaba de forma independiente el hall del aristocrático edificio. La TV, prensa escrita y medios sociales esperaban fotografiar a la icónica top model antes de la premiere de esta cinta que promueve el trabajo de la Fundación Orbis contra la ceguera y a favor de una mejor salud visual con un avión hospital al que apoya la compañía relojera suiza.

Pero CARAS tenía el adelanto con la jovencita que se llevaría los comentarios al cierre de la película. Cuatro meses atrás estuvimos al norte de Perú, mientras ella y Crawford grababan de manera incógnita el filme solidario con pacientes que llegaron a atenderse a la nave posada en el aeropuerto de Trujillo.

Y en esta noche blanca en Manhattan encontramos  —casi escondida— a Kaia en un pequeño salón de vitrinas con trenes de colección. Estaba con su hermano Presley  y una asistente que la cuidaba de extraños. Ya no era la ‘niñita’ que vimos jugando con su celular, ahora estaba maquillada, de pelo perfecto y tenida chic. Pocas semanas después de ese viaje a Sudamérica saltaba a su primera portada: Teen Vogue. Ya todo había cambiado.

Con dulzura sincera, no tiene problemas para hablar un momento con CARAS (bajo los vigilantes ojos de su attaché), camuflada tras las vidrieras y la media luz que se toma el museo.

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—Kaia, ¿qué te dejó ese viaje a Perú? 

—Todavía me parece algo muy fuerte y rico en experiencia. Nunca olvidaré ese trabajo social que vi.

—¿Algo en especial?

—(Piensa unos segundos) ¿La verdad? Desde que aterricé todo era distinto a lo que conocía. No podría elegir algo particular.

—¿Qué te pasa al ver los miles de fans que te siguen en Instagram?

—Con las fotos que subí de Perú, en particular, quise que los niños de mi edad supieran de cómo Orbis ayuda a gente que lo necesita.

En ese instante, llaman a la sala para el estreno y ella se suma. Termina el documental y el público queda emocionado con el testimonio de los pacientes y voluntarios, pero también sorprendidos del carisma, belleza y parecido de la preadolescente con su mamá. A esa altura todos quieren conocerla. Ella sólo posa para algunas fotos y se refugia con su hermano y amigas en un sector vip,  mientras la música, cocteles y la fiesta se toma el segundo piso del museo.

Sin la adrenalina del evento, al día siguiente, Cindy espera en la boutique Omega de la 5ª Avenida para comentar la película. Pronto, las distintas conversaciones llegan al mismo punto: Kaia.

—¿Elegiste ir con Kaia a Perú? ¿Cómo fue esa experiencia madre-hija?

—La primera vez que hablamos de esta misión Orbis-Omega les dije que quería incluir a uno de mis niños. En un inicio pensé en Presley. Pero un par de semanas antes, él le cedió la invitación a su hermana. Y fue la opción correcta.

—¿Por qué?

—Mis dos hijos se han relacionado con causas sociales, porque mi hermano murió de leucemia y ven cómo participo en ello: no sólo dando dinero, sino que involucrándome en los temas. Que Kaia tuviera la oportunidad de estar en este viaje, con su impacto cultural y social, fue más allá. O sea, en lo personal, ha sido uno de los grandes momentos de mi vida. Y a ella le produjo una gran impresión.

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—No debe ser fácil combinar para ti y Kaia la vida glamorosa con esta experiencia.

—Después del documental fuimos a comer con unos amigos y hablábamos de Perú. Y, en conclusión, cuando te interesan las causas sociales siempre logras hacerlas parte de tu vida. Sea ésta la que tengas. Y Kaia ya quiere volver.

—Anoche comentaste que una de tus aspiraciones era ver “brillar” y “florecer” a tu hija. Y desde el viaje ya se notan cambios… 

—Parte de mi vida es viajar. Estoy acostumbrada a aterrizar y correr de inmediato para cumplir toda una agenda. En este caso, tomamos dos aviones, luego un bus y nos quedamos en un hotel muy sencillo, ¿lo recuerdas? Y Kaia no tuvo ningún problema. Siguió el ritmo de todos y era la única niña del equipo. Entonces, siento que creció mucho luego de esa travesía.

—Una profesional.

—Sí. Le decía que esto podía ser agotador y nunca se hizo problema. Vio que se trataba de trabajo que, al final, terminó siendo muy satisfactorio para ella.

—Kaia ya sigue tus pasos. ¿Te gusta la idea de verla en una carrera de modelo?

—La verdad es esta: no quiero que sea modelo, pero tampoco quiero que no sea modelo…  Lo que más deseo es que lo pase bien, tenga experiencias. En lo personal, viví grandes momentos en este mundo loco que es la moda. Si ella se anima a seguir esta carrera, me siento segura en que puedo guiarla. Probablemente mucho mejor que cualquiera (dice con una amplia sonrisa).

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—¿Cómo?

—No en la forma de modelar, pero sí en cómo ‘navegar’ en esta industria. Pero ya saben cómo son los chicos. Si le digo ¡No quiero que modeles!, lo único que va a querer es hacerlo. También lo contrario. Por eso me mantengo en un estado neutral. Obviamente, mi interés es protegerla; y mi marido mucho más que yo (risas).

Pocos días después de este encuentro en Manhattan, apareció la supuesta foto sin retoque de Crawford en bikini en la que aparecía con el estómago con estrías y suelto. Quienes han seguido su evolución física, además de los últimos paparazzeos playeros de la top model, sabían que se trataba de un engaño. Y más allá de la foto hot que subió de ella su marido a Instagram para evidenciar su realidad, la imagen podría ser motivo de una demanda de parte de la diva. Ella nunca ha tenido problemas con el uso del Photoshop o el Botox. Lo confesó antes a CARAS.

—En los ’90 aparecieron las ‘supermodelos’. Hoy hay mucha intención en las chicas que son fotografiadas en las calles o las que surgen del Instagram. ¿Es un concepto de belleza más realista?

—En la moda todo se trata de ‘cambio’.  Y las redes sociales han abierto una democratización de las tendencias y la belleza. ¿Es más realista? No lo sé… Ahora todo el mundo puede retocar sus fotos en el celular. Además, cuando captan a mujeres en la calle sólo se podría hablar de menos producción, pero no de imagen verdadera. Por su parte, las figuras de Twitter o Instagram también eligen (enfatiza este concepto) lo que quieren que veas, para que sea parte de una historia. Tal cual un director o documentalista: saben cuándo prender o apagar la cámara. Más que real, hoy se abren más avenidas.

—¿Cómo te imaginas en diez años?

—Ufff. En general, soy más de planes a cinco años (ríe). El segundo semestre —ya que estoy a las puertas de cumplir 50 (febrero de 2016)— voy a sacar un libro que recopila mi carrera. Preferí esta forma más que armar una gran fiesta. Me gusta la idea de tener algo que registra en imágenes y ensayos no sólo mi trabajo, sino que también como he crecido desde ser la jovencita de un pueblo chico a convertirme en una mujer adulta, esa que hoy se sienta en la 5ª Avenida de Nueva York para tener esta conversación.