Los vigorosos toros y caballos forjados por el escultor Palolo Valdés, esparcidos por su casa del Barrio Brasil, fueron los talismanes que Gabriel incorporó a su deslumbrada cabeza hace una década, cuando le arrendaba un loft en “El Palacio” –como llama a la vivienda del escultor-. Los bichos de Valdés le dispararon la imaginación a la estratosfera y se le quedaron allí hasta hoy.  Tenía, entonces, diecisiete años. Los tres que vivió en la mansión de la calle Bulnes  le cambiaron  la vida. “Era una casona alucinante con suelos translúcidos, columpios en la mitad de los salones…Mi baño era de cristal y su ventana daba a un sauce”.

Compartió allí fiestas duras y clandestinas con una mezcla de comensales inolvidables: músicos punk, un letrado desquiciado,  una vieja quiromántica, una pintora llena de hijas, y una escritora que recién aprendía a escribir. Entre todos sellaban un ambiente imperecedero para su vida en solitario que recién comenzaba. Gabriel se había ido de la casa paterna sin saber mucho qué iba a hacer en la vida y recaló donde Valdés justo el tiempo necesario para que su dote creativa decantara y, luego, se expandiera  por el mundo.

Cuando niño tuvo una relación muy estrecha  con una de sus abuelas, artesana en piedras y cristales, quien mezclaba tejidos de diverso origen con cantos y  espejos, técnicas que con el tiempo se convirtieron en su marca de fábrica. “Indudablemente influyó que mi mundo infantil estuvo lleno de personajes singulares que me llenaron la cabeza  con colores, telas y texturas”, recuerda Gabriel.

 Para Gabriel, construir historias  ha sido la base de su creación. A partir de ellas, nacen sus colecciones. Una de las más difundidas por la prensa internacional ha sido su colección “Bello Fin de Mundo” que consistió en ocho prendas para distintas etapas de la vida de una mujer octogenaria que incluía el vestido que llevaría el día de su funeral. La imaginó para ancianas sofisticadas que hubieran tenido éxito en sus vidas  y que no temieran  ponerse ropa de punta por miedo al que dirán.

Para llevarla a la acción necesitaba una musa perfecta y la buscó hasta que consiguió a la bella Jenni Rhodes, una actriz que había trabajado en Hollywood y luego se convirtió en una modelo de éxito en las pasarelas de todo el mundo, siendo una de las primeras en probar los polémicos bikinis a comienzo de los sesenta; y en difundir, junto a Twiggy, la minifalda.

“El aporte de Gabriel es inmenso. Sus colecciones son místicas.Vistiendo su ropa te imaginas dentro de un bosque encantado. Las mujeres mayores nos sentimos bien con sus modelos hechos a medida que se adaptan a nuestras características. Por ejemplo, la altura de las mujeres ha cambiado. En los sesenta, una mujer de 1 metro 73 era alta, pero  las altas de ahora lo son mucho más. Por lo tanto, a alguien como yo es difícil que las nuevas tallas le queden bien”.

Al mezclar el chiffon, las plumas, el cuero, las pieles y  la joyería elaborada con una gran  cantidad de accesorios de diseños futuristas, Gabriel ubica a las mujeres mayores en el centro de un mundo de fantasía en el que no siempre tienen la oportunidad de estar. Ha abierto una puerta a las modelos senior que antes no existían. Cuando Jenni era joven, Vogue intentó tener una página con ropa para mujeres mayores pero no duró demasiado.

“Bello Fin de Mundo” catapultó a Gabriel definitivamente al estrellato, sin embargo en el ambiente se le acusó de  que su elección de una mujer anciana como modelo tenía que ver sólo con una operación de marketing. “Es mentira. Solo quería hacer realidad una  historia que había soñado y que para eso requería una modelo mayor”, se defiende.

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Gabriel estudió en un colegio que ya no existe en el  barrio de la calle Baquedano en Santiago Centro.  Apenas terminó, se fue de la casa. A su padre, empleado de una empresa minera; y a su madre, enfermera y dueña de casa, no les quiso decir que quería ser diseñador de ropa.”Posiblemente hubiera sido un shock para ellos y me  habrían  dicho que no. Porque  en Chile, en esa época no había campo para desarrollar una carrera como en Europa”.

Gabriel primero viajó a Madrid. Se inscribió en cursos con los principales diseñadores madrileños y, luego, tuvo la oportunidad de irse a París, a Chateau Dumas, a imaginar y fabricar  sombreros. Sin embargo, el llamado de Londres con sus acreditadas escuelas de diseño de ropa, fue fulminante. Alumnos estrellas como Stella McCartney, Vivienne Westwood, o Phoebe Philo de Celine se habían formado en ellas y él quería llegar lejos. Se matriculó en la Central Saint Martins de la Universidad de las Artes de Londres, origen de grandes modistos como Alexander Mac Queen y John Galliano y, aunque no terminó, empresas como la de la misma Vivienne Westwood,  Marre Moerel, Charlie le Mindu, y Hugo Boss se interesaron en él.

En 2012, Gabriel sacó su primera colección. Su ropa ahora es distribuida por Felicities, una de las grandes representantes del mundo que las hace visibles universalmente. También acaba de inaugurar su propio showroom  en el exclusivo barrio de Mayfair, donde además tiene su departamento que comparte con su perra beagle Alexandra.  Hace poco, su tienda online vielma.co.uk ha comenzado a funcionar.

La marca Vielma está basada principalmente en el genio artístico de su dueño. Lo demuestran sus cuatro colecciones de alto estándar definidas por sus telas, dibujadas e impresas por él mismo, que crean flujos de movimientos aerodinámicos en los  cuerpos de sus dueñas. Sus vestidos translúcidos, los cueros pesados cincelados por él a mano, los collares incrustados y los bordados de alfarería y plumas, crean su enérgica identidad personal.

El año pasado se presentó en la London Fashion Week -en la boutique Wolf and Badger-, donde a los nuevos diseñadores  les dan la oportunidad de mostrar sus colecciones junto a los consagrados. Este año el gobierno inglés lo seleccionó entre los diez mejores diseñadores emergentes y le pagó su participación en el New Brit Island, una de las mayores exhibiciones de moda del mundo.Pronto estará con los consagrados en Somerset House, el centro de las estrellas de la London Fashion Week.