Cuando Chiara Ferragni era una adolescente y vivía en Cremona, una pequeña ciudad a pocos kilómetros de Milán, tenía muchos sueños. Uno de ellos era hacerse del modelo de bolso speedy bag de Louis Vuitton. Sus padres le pagaban los estudios y las vacaciones pero no los caprichos. Así que la joven Chiara decidió trabajar en verano para poder comprar el bolso de firma. 400 euros después, mientras viajaba en metro para cumplir su sueño, le robaron el monedero con todo el dinero. Hoy, Ferragni no solo tiene un bolso de Louis Vuitton sino que es embajadora especial y colaboradora de ésta y otras marcas de lujo como Chanel, Tiffany’s o Calvin Klein. Además diseña su propia línea de zapatos, Chiara Ferragni Collection, y factura más de 4 millones de euros.

Todo empezó en 2009. Recién llegada a Milán para estudiar Derecho en la prestigiosa Universidad Bocconi, abrió un blog en Internet, The blonde salad —“era como una ensalada, tenía un poco de todo”, dice— donde colgaba fotos con sus últimas adquisiciones en la ciudad ícono de la moda. Su novio, Riccardo, era quien le hacía las fotos mientras le repetía: “Chiara, ¿tú crees que esto le interesa a alguien?”. Pero vaya que sí interesaba. Hoy Chiara Ferragni es la blogger de moda más influyente del mundo, con cinco millones y medio de seguidores en Instagram. “El éxito del blog fue repentino e inesperado. Pero rápidamente entendí que debía trabajar duro y poner toda mi pasión en él”, asegura a CARAS.

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¿Suerte? Puede ser. Pero también influyó el hecho de ser una de las primeras en abrir lo que hoy se conoce como un ‘ego blog’, una bitácora personal donde el autor vuelca sus propias fotografías acompañadas de reflexiones sobre su día a día, sus viajes, y sobre todo su ropa. “Creo que a las personas les gusta mi determinación, además de mi estilo”, dice tratando de explicar su éxito. Lo inexplicable es quizá que cientos o miles de personas acaben adorando a un desconocido, imitando sus looks como si de un personaje famoso se tratara. Chiara, que este año soplará 29 velas, supo aprovechar el fenómeno.

Lo que comenzó como un juego y un entretenimiento mutó de ser un blog personal a una revista online de moda. Con más de 600 mil visitantes únicos al mes, The blonde salad ha dejado de lado la parte autobiográfica en favor de más y mejores contenidos donde se explican las últimas tendencias de moda desde una perspectiva diferente a las revistas tradicionales. “Ahora ya no es mi blog, es un lifestyle magazine con una redacción de cinco personas que trabajan para explorar los muchos aspectos de la moda o los viajes, según mi punto de vista”, afirma.

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El año pasado The blonde salad fue premiado en Berlín como el mejor blog de moda y estilo e incluso en la Universidad de Harvard se estudia esta bitácora como un caso de éxito empresarial. Y es que los millones de seguidores que Ferragni tiene en las redes han servido para que la joven, con un instinto para los negocios y una cuota de narcisismo innegables, haya transformado su pequeña creación en un puente hacia nuevas oportunidades empresariales que la han llevado a ser reconocida durante tres años seguidos por la revista Forbes como una de las personas menores de 30 años más influyentes del mundo.

Hoy Chiara ha cambiado Milán por Los Ángeles y viaja continuamente a Londres y París, pasando por Roma o Madrid. Cuando hablamos con ella recién aterrizaba en Nueva York para asistir en primera fila a los desfiles de la ciudad de los rascacielos. En estos últimos seis años la vida de la bloguera italiana ha dado un giro radical. Ha cambiado de ciudad y de novio, aunque asegura que sigue manteniendo una relación excelente con su ex pareja, el mismo que se ocupaba de fotografiarla en sus inicios. Con él fundó hace varios años Tbs Crew, la empresa que gestiona su imagen y contratos y que tiene en plantilla a 15 personas, todos profesionales que rondan los 30 años. Pero también ha intensificado sus colaboraciones con marcas como Italia Independent, de Lapo Elkann, para la que recientemente ha diseñado una línea de gafas, Mango o Pantene, de la que acaba de ser nombrada embajadora global. Aunque lo que de verdad le hace feliz es su faceta como diseñadora de zapatos. “La parte creativa es siempre estimulante y divertida. Y las colaboraciones con grandes marcas lo son aún más”, asegura. Al principio de su carrera se limitaba a posar con sus últimas adquisiciones en Flickr y Facebook. Hoy, dice, no haría publicidad o se convertiría en embajadora de marcas con las que no se sintiera identificada sólo por dinero. Sus fans en internet no se lo perdonarían, sostiene.

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—¿Cómo se imagina en el futuro? ¿Qué es lo que le gustaría hacer?

—Me gustaría hacer cada vez más cosas y hacerlas mejor. ¡No me conformo nunca! Pero lo que de verdad me gustaría es que mi modo de ser pudiera inspirar a otras personas a perseguir sus propios sueños.

Fan desde niña de Walt Disney, Ferragni cumplió uno de sus sueños al diseñar una colección de bailarinas en colaboración con esta marca. No en vano, entre la decena de tatuajes que adornan su estilizado cuerpo —su extrema delgadez ha sido objeto de críticas más o menos crueles dentro y fuera de la red— está un Mickey Mouse que se hace una selfie: metáfora del ayer y el hoy de una joven de provincia que tan sólo soñaba con un bolso de marca.

El blog de Chiara: www.theblondesalad.com