Nadie queda indiferente en la Place Vendôme cuando Cecilia Bolocco camina hacia el recién remodelado Hotel Ritz. Y aunque, quizá, muchos europeos no saben su historia y que es nuestra Miss Universo, su estilo y actitud sobresalen. Con una vaporosa blusa blanca de su gran amiga, la diseñadora colombiana Silvia Tcherassi, pantalones negros y cinturón de su propia colección, botas de vértigo en gamuza color grafito del italiano Sergio Rossi, una cartera “limited edition” de Chanel, anteojos Dior y un impresionante collar de alta joyería de Chanel, su paso fue paparazzeado por la marea de fotógrafos —profesionales y amateurs— que durante esa semana siguen cada segundo a celebridades y los looks más atractivos. En el Ritz, luego de conversar con Anna Wintour, la famosa editora de Vogue Estados Unidos y una de las mujeres más influyentes en el mundo de la moda, se da tiempo para hablar en uno de los elegantes cafés del hotel.

A su lado, José Patricio Pepo Daire, no le pierde pisada y sigue el intenso ritmo de este viaje. Ella se ve radiante y encantada con la experiencia, porque cuando se trata de hablar de moda el cansancio de la agitada agenda parisina desaparece.

—¿Qué le ha parecido a José Patricio acompañarla en este viaje de diseñadora?

—¡No te imaginas lo que él goza! Me dice ‘mi amor, le tinca esto’, ‘le viste las mangas a esa blusa’, ‘mira a esa mujer que va más allá’. Yo siempre venía sola y no sabes lo bien que lo paso, lo que me entretengo y lo distinto que es ahora con él acompañándome. Cuando viajo a París vengo con mi colección en la cabeza, sé para dónde va y lo que quiero hacer, lo que necesito transmitir y lo que deseo poner en escena, pero hay que darle forma. Ayer estábamos sentados en un café de Castiglione y pasa una niña con una chaqueta con una CB enormes pintadas en graffiti y le digo, ‘¡mi amor, mire!’ y él corrió a sacarle la foto, porque era una idea que me había dado vuelta. El está siempre atento a todo…

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—Una experiencia distinta.

—Lo único que he hecho, y por eso ya no me queda ni voz ni nada, ha sido correr con mi amor que me acompaña a todo. ¡Es que no lo puedo creer!

Era la primera vez que lograba hacer coincidir sus viajes con la semana de la moda. “Siempre vengo a armar mis colecciones que realizo para Falabella a comienzos de septiembre porque son 6 meses, al menos, lo que tardo en confeccionar todo en Chile —no te digo lo que luché para que se pusiera la etiqueta de “Hecho en Chile” que para mí es todo un orgullo— y por eso nunca había podido coincidir”, nos contó. Pero después de su viaje a Isla de Pascua para el lanzamiento de la campaña de Estée Lauder para concientizar sobre el cáncer de mamas, y las celebraciones por el cumpleaños de Pepo, la pareja partió rumbo a París. “Muchas cosas coincidieron y ya que veníamos ahora, por ejemplo, la encargada de comunicaciones de Louis Vuitton en Chile hizo posible la invitación a este desfile. Fantástico”, nos comentó entusiasmada.

El día anterior nos habíamos encontrado con la pareja en el Grand Palais, donde estaban preparados para asistir al desfile de Chanel. Ella, en la front row —con Anna Wintour y Roger Federer, entre otros— lucía espectacular con una blusa Givenchy, pantalones Saint Laurent y la chaqueta de uno de los looks de la última colección primavera verano de Chanel.

—¿Qué le pareció la propuesta de Lagerfeld?

—Fue lo que esperaba de Karl Lagerfeld. Siempre juega con mucho color, ha llevado a Chanel a una nueva instancia mucho más juvenil, llegando a ser una marca completamente transversal. Además, el juego de materiales que utiliza y cómo impacta con la puesta en escena es magnífico. Esta vez con su Data Center se abrió a todo el mundo tecnológico y sus cables como ya anunciaba en la invitación, pero sin perder la esencia de la casa. No sé cómo lo logra. La combinación de materiales que trabaja es fantástica, extraordinaria. Estar aquí ha sido impactante. ¡Yo todavía no lo puedo creer!

—¿Y qué visión le dejó la propuesta del desfile de Louis Vuitton, al que acaba de asistir?

—La puesta en escena era súper urbana, contrastante con la majestuosidad de la Place Vendôme y sus icónicos edificios. Fue espectacular, adentro te encontrabas con una suerte de fábrica en bruto, con el cemento a la vista, las canaletas y las cañerías al aire, muy industrial, y las modelos con la nueva colección. Me encanta que ahora haya regresado a sus raíces francesas con Nicolas Ghesquière, porque realmente para mi gusto ha sido un gran aporte. Para esta temporada el juego de transparencias y forros con piezas que cubrían las partes más estratégicas del cuerpo, en un diseño vanguardista, pero a la vez sexy y elegante, es muy complejo de lograr y a mí parecer Ghesquière lo hace de manera magistral. También se vio el cuero metalizado y te digo que la chaqueta “biker” sigue y no va a salir por un buen rato del mercado. Otra cosa que me llama mucho la atención es cómo se juega con los vestidos de gala y las botas. ¡Me encantó!

Cecilia admira no solo el trabajo de Lagerfeld y Ghesquière, sino que es una gran seguidora de Ralph Lauren, “creo que logró instaurar el estilo y la clase en Estados Unidos, emulando quizás a los grandes diseñadores europeos”, nos dice, y se deja también seducir por Armani y Valentino.
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—¿Se inspira en estas pasarelas para sus propias colecciones?

—Créeme que solamente el estar en París me produce muchas emociones. Aquí me siento en los cafés a observar a las mujeres pasar porque en esta ciudad la moda cobra vida y es eso lo que a mí me mueve y me ayuda en el proceso creativo. Mirar las colecciones, las vitrinas, ir a las tiendas, ver lo que se vende no tiene ningún significado si no ves la ropa en movimiento. Y la parisina, para mi gusto, es espléndida, se viste como los dioses porque nunca se ve overdressed, siempre está perfecta, tiene casi en su ADN la elegancia. Será porque esta ciudad es un museo al aire libre, en la que estás en contacto con tanta armonía, tanta belleza y sensualidad —que apela a todos los sentidos— y tiene esa cosa majestuosa como un gran entorno que inspira y recibe a la mujer que por naturaleza se viste bien.

—¿Cómo definiría la esencia de su colección?

—Es una extensión mía. No puede ser más ni menos que eso. Es ropa que no es rebuscada, de líneas clásicas, con juegos de telas, muy sencilla, blanco y negro con algún detalle, con una tela que tenga buena caída, con un corte perfecto para que cuando te pongas la chaqueta te calce con la delicia que yo sentí hace unos 20 años cuando me puse la primera chaqueta Armani y entendí lo que era un diseño y confección perfecto. Y te preguntas qué tiene de espectacular, pues nada, solo cómo te hace sentir. Eso es lo que yo busco: que la mujer cuando se ponga mis prendas se sienta espléndida.

—¿Cómo es su clóset?

—Descomplicado. Es combinable entre sí, moderno, sensual, pero a la vez muy elegante. Tengo varias chaquetas preferidas, varios little black dress, y tengo un trenchcoat de mi colección que traje y acá me han parado para preguntarme sobre él y me da mucha emoción. Mi guardarropa es clásico y vanguardista también y eso se refleja en mi colección. Quiero, sobre todo, que cuando una mujer se ponga una prenda mía diga: ‘Ay! ¡Estoy feliz!, qué bien me queda, qué bien me siento’. Mis creaciones tienen muchos cortes que yo llamo “de truco”, porque están hechos para estilizar la figura y para hacer que te veas acinturada incluso cuando llevas la chaqueta abierta. La ropa debe acompañar a la mujer y no al revés, no puede apretarla ni estrangularla ni cohibirla, por el contrario.
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—¿Qué es lo más importante para armar un guardarropa?

—Desde que irrumpí en el mundo público he sido eternamente fotografiada, siempre asistiendo a eventos, desde desayunos a almuerzos y terminas el día en un cóctel y tienes que estar siempre impecable, bien vestida. A toda hora debes lucir clásica y elegante, a la moda, no sobrecargada, esa justa medida que es súper compleja pero que yo la tengo ya profundamente incorporada porque ha sido parte de mi vida. Con mi colección intento traspasar esa experiencia que adquirí con los años. Porque la gracia al armar un clóset no es comprar una prenda solo porque te gustó, sino que primero identificar cómo quieres lucir o cuál es tu estilo. Cuando tienes claro tu estilo no compras solo lo que te gustó, sino lo que te identifica, que es distinto, porque el vestuario es un lenguaje. El cómo uno se viste es una manera más de expresarse.

—¿Y qué lugar tienen ahí zapatos y carteras?

—¡Uf! ¡Mi locura! No tengo idea cuántos tengo, pero los uso todos; asisto a una cantidad enorme de eventos y actividades, pero ya es una locura y no creo que haya una mujer que no adore los zapatos. Son una perdición y la verdad es que para mí los zapatos y las carteras es donde yo siempre hago mi statetment y es lo que también me enloquece. Me encantan los italianos, de Giuseppe Zanotti, por ejemplo, aunque el francés Louboutin es muchas veces un imperdible. Sergio Rossi me gusta —acabo de comprarme unas botas maravillosas con las que he caminado feliz por París—, y Jimmy Choo me fascina. En carteras la que lleva la delantera, pero por lejos es Hermès, la Birkin, y luego Chanel.

—¿Qué le parece el momento que está pasando la mujer chilena en su relación con la moda?

—Ha evolucionado muchísimo. Veo que la mujer ahora se atreve más y está esperando lo distinto en el sentido del colorido o del detalle. Uno diría que la mujer chilena es más recatada, pero sin embargo cuando he usado el encaje, las transparencias, es lo primero que vuela. Lo mismo pasa cuando hago animal print. Está jugando un poquito más, se está atreviendo.