Entre abrigos de piel, pañuelos de seda, guantes y piezas lujosas. Así se paseaba Cate Blanchett por las calles de Manhattan durante el rodaje de la película Carol, marcando con potencia la moda de 1953. Una época de transición que mezcla la sobriedad de los años ’40 con el inicio de las siluetas marcadas que impulsó el new look de Dior.

Mientras, en un mundo de fantasía alejado de las calles neoyorquinas, los largos y acampanados vestidos de la actriz Lily James la perfilan como una Cenicienta muy del siglo XIX. Ambos looks dejan en claro que absolutamente ningún detalle del vestuario en la gran pantalla está al azar. Sandy Powell lo sabe. La diseñadora británica posee una amplia trayectoria que la ha consolidado como una de las mejores vestuaristas del cine. Ella no viste a las estrellas, sino que a través de sus prendas le da a las historia la credibilidad necesaria.

En doce ocasiones ha sido nominada a los premios Oscar como mejor vestuario, resultando ganadora por las películas Shakespeare enamorado (1998), El aviador (2004) y La reina joven (2009). Hoy, gracias su trabajo en Carol (2015) y Cenicienta (2015) busca una nueva estatuilla que premie su talento.

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De niña, Sandy (55) pasaba las tardes diseñando prendas para muñecas. Se dejaba llevar por la vorágine de la imaginación y, entre hilos y telas, se entregaba a la creación de majestuosos trajes en miniatura. Con 18 años, ingresó al Central St. Martins de Londres para iniciarse en el camino de la sastrería. Pero era un bicho raro, diferente a sus compañeros.

Pronto advirtió que su pasión no era diseñar prendas cotidianas, sino el vestuario para la gran pantalla. Dejó la escuela y se dedicó por completo a esa labor. Su primera nominación a un Oscar vino con la cinta Orlando (1993), en donde creó majestuosos trajes de la época isabelina. Luego, entabló amistad con Lindsey Kemp, el maestro de David Bowie. Apoyada en ese lazo, vistió a Ewan McGregor y Jonathan Rhys-Meyers en Velvet Goldmine (1998), transformándose en el impulso que necesitaba para continuar con una carrera de éxitos.

Hoy ha vestido a los elencos de Juego de lágrimas (1992), Entrevista con un vampiro (1994), Pandillas de Nueva York (2002), Los infiltrados (2006), Hugo (2011) y El lobo de Wall Street (2013), entre muchos otros. Sus dos nuevas opciones para volver a alzarse con la estatuilla la llenan de orgullo. “Es emocionante pero raro. No quisiera competir conmigo misma, pero sí es increíble ver que dos proyectos diferentes hayan sido nominados al mismo tiempo”, expresó la diseñadora al New York Times.

Tanto en Carol como en Cenicienta, Sandy vistió a Cate Blanchett —hoy nominada como mejor actriz por su participación en la primera— a quien ya conocía desde El aviador (2004). “Trabajar con Sandy instantáneamente convierte el trabajo interno de un actor en algo más activo y decidido. Ella provoca elegancia, desparpajo, irreverencia, por lo que la interpretación de uno debe estar a la altura”, dijo la actriz.

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Y no es asunto menor. En Carol, el vestuario es un elemento primordial a la hora de crear la tensión dramática entre sus protagonistas. Mientras para vestir a Blanchett se inspiró en un figurín de las principales magazines de moda del invierno de 1953 —la época de la historia—, el vestuario de Therese Belivet —la coprotagonista, interpretada por Rooney Mara— fue tomado de la gente real, mujeres jóvenes y artistas callejeras.

Cenicienta es una apuesta diferente. Sin estar ubicada en algún momento específico de la historia, la cinta le dio la posibilidad de buscar inspiración en distintas épocas. “Repasé la moda de los siglos XVI y XIX, hasta que me di cuenta de que este último tenía bastantes toques de hadas”. El resultado fue una explosión de colores y telas que dan un brillo de ensueño a la historia. Producción en la que Powell nuevamente se dio el gusto de vestir a Blanchet. Alzándose como la malvada madrastra de Cenicienta, la actriz se lució.

Es que Sandy Powell sabe que no basta contar una historia para que funcione.

También hay que vestirla.