Las top model no sólo comen. ¡Tienen hambre! Al frente está la chica más popular de la industria fashion con una bandeja de sushi que no suelta, mientras la espera a menos de un metro una bolsa del restorán Nobu con más comida nipona. ¿Preocupada de masticar en público? En absoluto. Cara Delevingne (22) destaca por un relajo excepcional en un mundo donde la imagen perfecta manda y se paga.

Esa actitud es conocida para sus más de 16 millones de fans en Instagram. En esa red social es la princesa indiscutida gracias a su especialización en morisquetas frente al celular: le gusta posar turnia, lengua afuera, chascona. Esta chica inglesa está más cerca de la irreverencia, que de la clásica contención de la alta sociedad en donde nació y se crió.

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No es exageración asociarla a ‘pedigrí’. Es nieta del ejecutivo editorial con título de ‘Sir’ Jocelyn Stevens, hija del acaudalado empresario de bienes raíces Charles Delevingne y la guapa Pandora Stevens. Además, tiene como padrinos célebres a Nicholas Coleridge (uno de los hombres fuertes del grupo de revistas Condé Nast) y a la actriz Joan Collins. Los medios británicos aman hablar de sus ancestros con conexiones en la corte y en la política.

Pero a ella parece no importarle sus antepasados ni linaje. Lo suyo es el aquí y ahora. Devorar el mundo. Y siguiendo su filosofía de contacto directo con sus admiradores, la multitienda Paris anunció en febrero que ella era la gran contratación de la compañía chilena este 2015. “Los veré pronto”, decía en un video viralizado por las redes sociales.

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Cuatro meses expectantes y somos testigos del adelanto de su aterrizaje. Estamos en Nueva York, a un hemisferio de distancia y la vemos en acción ante una leyenda de la cámara: el fotógrafo Patrick Demarchelier (71), quien la retrata para la campaña primavera-verano de la multitienda. El francés —crédito por décadas tras portadas de Vogue, Rolling Stone, Life  y Harper’s Bazaar, además de haber sido elegido por Diana y la Familia Real para inmortalizarlos— tiene estatus legendario entre sus pares y hasta en el cine: en la película El diablo viste a la moda la exigente directora Miranda Priestly (que interpreta Meryl Streep) no para de exigir a su asistente “Llama a Patrick”. También el documental The September Issue lo muestra trabajando en una editorial de moda.

Si Cara Delevingne no fuera la estrella indiscutida del recambio en las pasarelas —con una veintena de personas que está atenta a sus movimientos en la sesión de fotos en los Spring Studios de Tribeca—, cualquiera imaginaría que el protagonista es Demarchelier. Sin duda, el más quisquilloso, que pide silencio y cada cierto rato se retira a paso cansino del set para descansar. 

En contraste, la energía de la joven actriz no disminuye aunque haya estado grabando videos desde las seis de la mañana. Baila y hace gracias para el famoso artista. Lo sigue y obedece en todo sin discutir. Y gesticula muecas como niñita de cinco años al equipo internacional que trabaja en torno a ella en esta jornada neoyorquina.

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Luego de traspasar el cartel con la advertencia “set cerrado” que Demarchelier mantiene para inspirarse, comprobamos por qué Cara es la más requerida del circuito. Tiene una frescura y energía a prueba de cualquier reloj. Canta y hace coreografías infinitas con el hit Uptown Funk. Da carcajadas. Salta de una ambientación floreada a otra setentera. Sonríe. Ya olvidó el incidente con el paparazzo que se coló esa mañana en la grabación del spot de la campaña de Paris que se realizó por las calles de la Gran Manzana.

El intenso día termina en un ‘altillo’ del glamoroso estudio donde está su camerino. Y en el mismo teléfono donde tiene su cuenta Instagram empieza a revisar las opciones de looks para una aparición pública. Evalúa los diseños con su publicista. Le dice que le gusta un vestido, pero teme mostrar ‘más de la cuenta’ ante los medios.

No es paranoia. Al fotógrafo clandestino que la siguió esa madrugada se sumará un ejército de reporteros y paparazzi acreditados para las premieres de su debut protagónico en el cine: Ciudades de papel, basada en la novela del norteamericano John Green (Bajo la misma estrella). Cinta a la que suma la megaproducción de superhéroes Escuadrón Suicida, con Will Smith, la sexy Margot Robbie y Jared Leto.

—¿Eres pudorosa?

—Por qué no lo sería (pone cara de extrañeza).

Delevingne ve en ese momento su oportunidad de mostrar aquella dinámica de veinteañera impredecible: salir de la entrevista tradicional y  juguetear. 

“¿Estás segura de que Chile es el fin del mundo”, me pregunta abriendo esos ojos verdes felinos y levantando sus famosas cejas como una niña traviesa. No finje un personaje. Es así. Quiere pasarlo bien.

—¿Cómo vives este estatus global que te lleva hasta nuestro país?

—Es lo más loco que me ha tocado. Jamás imaginé que me iban a conocer en Chile. ¡Es muy cool!

—Te mueves con una libertad excepcional, ¿de dónde viene esa independencia?

—Siempre he tenido un deseo… Más bien ‘hambre’ de explorar el mundo y conocer a todas las personas posibles. La gente me intriga. La forma en que crece y se desarrolla. Ya sabes: naturaleza vs. crianza. Y he sido afortunada en acceder a esas diferencias y similitudes.

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Aunque representa mucho menos que sus veintidós años, está lejos de la colegiala que gatilla la historia de Ciudades de papel. Pero su compromiso para ese filme fue total y se dejó llevar por la rebelde Margo. Tanto así, que durante la filmación imitó a su personaje y terminó con su novio de esos días por carta. Igual que lo hace en la pantalla. Eso sí, no le dejó pistas para llegar a ella.

—Cuando promocionabas esta películay hablaste de Margo, confesaste que eras ‘más insegura que ella a esa edad’. ¿Por qué?

—Aunque no lo parezca, soy self conscious. Ella lo sabe (apunta a su publicista y ríe). Como actriz trato de que el papel fluya frente a los ojos del público. Pero, en lo personal, por supuesto que dudo y estoy muy consciente de mis acciones. Todo el mundo es así. Si alguien muestra lo contrario, lo más probable es que esté escondiendo un tema importante detrás de esa postura.

—Pero se te notó tan relajada cuando subiste a cantar con Pharrell Williams en el desfile de Chanel. ¿Me equivoco?

—Esa actuación fue una de las cosas más atemorizantes de mi vida.

—¿De verdad? Te veías muy resuelta entonando CC The World (sencillo especial para la firma francesa).

—¿Bromeas? ¡Estaba temblando todo el rato! Mi voz tiritaba mucho. Por eso tengo tanto respeto para todos mis amigos que se dedican a la música. Hay que tener mucha confianza para pararse así en un escenario.

No era la primera vez que la modelo y el nominado al Oscar por la canción Happy coincidían en un entorno musical. Los dos protagonizaron un cortometraje para la misma casa de moda. En esa producción tenían detrás de la cámara a Karl Lagerfeld. El diseñador tomó a esta taquillera dupla para representar una fantasía palaciega, victoriana. 

Como era obvio, luego de ese desfile rápidamente surgieron las especulaciones de un debut como cantante de la modelo británica. Estos rumores se retomaron hace algunas semanas al ver por la web a Justin Timberlake —amigo y socio discográfico de Williams— alabando el talento de la muchacha en un estudio de grabación donde se reunieron los tres. 

—¿Qué papel tiene la música en tu vida y como carrera? Sabemos que tocas instrumentos.

—Sí, pero lo hago para mí. O sea, cuando estoy en mi pieza toco batería por cinco horas. Me imagino que estoy en un estadio frente a treinta mil personas. Lo tomo como algo personal. Es mi propia terapia.

Estas últimas palabras ya las dice con tono y mirada dulce, sin usar esa ‘levantada de ceja’ suspicaz con la que partimos la conversación. Más allá de la rebeldía con la que se le asocia mediáticamente, Cara Delevingne es una muchacha muy educada. Conoce de sobra los códigos de una entrevista, aunque no tiene problemas de excusarse por un cambio de planes en su agenda y tratar a quienes la rodean con bastante cordialidad.

 “La música es algo que siempre voy a practicar. No es un área a la que me dedicaré por el momento. Quizás algún día…”, señala en un volumen de voz más íntimo.

Se siente cómoda en esa escena. Se la ve seguido en todo tipo de conciertos. Incluso, tras estas horas interminables de fotos y filmación para la tienda Paris, viajó más de una hora para participar esa noche en un show de su amiga Taylor Swift.

También en el mundo del pop y rock tuvo sus primeros romances públicos: desde los flirteos con Harry Stiles (One Direction) y amistad especial con Rita Ora, hasta su relación 2015 con la ondera Annie Clark, rockera que usa el apodo de St. Vincent y que visitó Santiago en la última edición de Lollapalooza, donde fue ovacionada por hits como Digital Witness.

Sin mencionarla directamente, la modelo habló en Vogue de lo feliz que estaba en esa relación, como también de su sexualidad libre, sin etiquetas. Aunque nunca se ha escondido, aprovechó la portada de la publicación de Anna Wintour para abordar ese aspecto de su vida íntima y sus deseos de tener una familia, pese a que teme que el hombre elegido huya una vez que la conozca. 

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Años atrás, en la plataforma web de ese mismo medio, confesaba que cuando niña soñaba con ser Ariel  o una villana de cómic.  

—Hoy se te cumplen esos dos deseos en el cine, con Pan (donde da vida a una sirena) y en Escuadrón suicida, en la que interpretas a Encantadora.

—Siempre he querido ser una villana. Es demasiado entretenido.

—¿Piensas lo rápido en que todo te está ocurriendo actualmente?

—Como todo partió pronto en mi carrera, desde afuera pareciera que estos proyectos van a gran velocidad. ¿La verdad? Siento que surgen en el ritmo correcto y todo tiene sentido. Obviamente, voy rápido, pero es la forma en que salen las cosas. Y no puedo hacer nada contra eso (se ríe).

Continúa explicando el vértigo de su agenda: “Es como una bola de nieve que va cayendo desde la cima de la montaña”.

—Y en ese contexto, ¿cómo es tu relación con las redes sociales?  ¿Cómo conservas tu privacidad?

—Trato de mantenerla. Trato lo más posible. Amo la privacidad. Es maravillosa. Nunca tienes consciencia de ella hasta que tratan de quitártela. La privacidad es la llave de la felicidad… (suspira profundo) Siempre.

Aunque proviene de un circuito privilegiado, una de las claves de la popularidad de Delevingne con sus fans es su estilo cercano y ‘normal’. Aunque en la promoción de Ciudades de papel realizó un espectáculo aparte al mostrar diseñadores de primera línea. Verla en esas alfombras rojas y programas de TV es una puesta en escena, una estrategia de marketing que sabe hacer. Pero en esta entrevista anda con jeans negros, polera y una chaqueta deportiva con líneas blancas apta para ir a cualquier estadio a animar a su equipo favorito. Eso sí, esta última cuesta miles de dólares: es un diseño Saint Laurent. 

—Afirmas que tu lema en cuanto a look es “no producirse demasiado”. ¿Qué opinas de esa ‘dictadura de bloggers’ que te dicen qué usar o no?

—En todas las industrias, no sólo en la moda, siempre hay gente que indica lo que hay que hacer. Es sólo una opinión. Depende de ti si la escuchas o no. Creo que lo que dice el resto, desde tus padres a alguien de la calle, no debe importar tanto como lo que realmente piensas.

—Has tenido la oportunidad de trabajar en algunas campañas (Burberry, Mango) con Kate Moss. Por años se buscó a su sucesora y dicen que eres esa modelo.

—Nadie puede ser la próxima Kate Moss. Ella es una ‘especie única’ (bromea). Ella es un fenómeno. Es increíble. Un ícono. Siempre la estaré admirando.

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—¿Cómo fue el día en que la conociste?

—Fue la persona más sencilla del mundo. Yo estaba fascinada y nerviosa como una fan, pero ella me hizo sentir muy cómoda. Nos hicimos amigas de inmediato. Es increíblemente amorosa.

—¿Te dio algún consejo?

—”Trabaja duro y se tú misma. No escuches lo que piense el resto”.

—¿Es difícil eso último?

—No, soy muy buena en aquello… Bromeo (levanta la ceja). Cuando se trata de cosas malas es fácil…