Chirimoyas, paltas y tomates. “¡Especialmente los tomates!”, recalca el productor de moda Camilo Valdivia (47) sobre los productos que marcan la fama y pulso de Limache. Esa fue la postal agrícola que lo rodeó en la niñez y de la que rápidamente tomó muy larga distancia. No alcanzaba a salir de la adolescencia y de sus días de clases en los Hermanos Maristas cuando recibió un llamado desde Viña y se lanzó a la organización de desfiles. Lo que empezó con tardes fashion para las señoras de sociedad de la V Región en la década de los ’80, hoy se transformó en iniciativas que incluyen modelos de primera línea, pantallas LED, transmisiones por internet y una cita que los diseñadores locales ya incluyen naturalmente en su calendario: Santiago D-Moda. Cuatro días de pasarela con lo nuevo de la temporada y que tiene una nueva edición el próximo 27 de agosto. ¿Cómo un colegial de la provincia de Marga Marga llega a ser seducido por el mundo de la moda?
“Tuve como gran inspiradora a mi abuela, Lulú Benzi. Era distinguidísima y una amante de la ópera”, cuenta Valdivia en su departamento del barrio El Golf, donde revistas de moda se mezclan con cuadros de Sebastián Domínguez y antigüedades, como un centenario biombo chino pintado a mano. “Cuando era chico”, continúa, “veía cómo se preparaba para ir a las obras que ofrecía el Teatro Municipal. Salía con pieles y vestidos increíbles. Y siempre que iba a Santiago buscaba lo último en tiendas como Click”.

INSTALADO EN LA COSTA, MEZCLÓ SUS ESTUDIOS DE PEDAGOGÍA BÁSICA en la Universidad de Valparaíso con la organización de desfiles. “Era muy buen alumno, pero en el colegio vieron mis inquietudes por un camino distinto y me recomendaron que siguiera esa carrera, ya que me iba a servir para tener las bases de distintas áreas: desde ciencias a las artes”. Y no sólo sus ex profesores advirtieron que su vocación iba por una vía menos convencional. En un clan lleno de primos abogados e ingenieros, nunca tuvo reparos en la casa por seguir la ruta de los desfiles. “Mi abuelo era italiano, así que por un asunto cultural había una apertura absoluta hacia lo estético. No fue problema para mí continuar en esto. Además, tuve la suerte de viajar. Entonces, me llené de otros referentes”.
Su contacto con la escena capitalina fue de la mano de lo más cercano al glamour de la época: Miss Chile. “En 1985, Verónica Larraín me llamó para que le ayudara a encontrar niñas de Viña. Viajé a Santiago a reunirme con la organización. Conocí a Ana María Vélez, una de las top de la década. ¡No daba más de emoción!”.
En 1988 fue el despegue. A un año de la elección de Cecilia Bolocco, el director de TV Sergio Riesenberg lo contactó para que ubicara a chicas lindas de la región para que entregaran la Gaviota en el Festival de Viña. Las oportunidades se abrían. Tras ver los trabajos de productores consolidados como Willy Geisse, Carmen Amunátegui y Beatriz Vicencio, Valdivia se unió al circuito.

“En tan poco tiempo ha cambiado mucho el estilo de los desfiles”, apunta. Infraestructura, la forma de mostrar la ropa, la aparición de la ‘celebridad’ arriba y abajo de la pasarela son algunos elementos que hacen la diferencia de los grandes eventos con el transcurso de los últimos años. “Debuté en la alta costura en 1989, con una gala de Luciano Bráncoli en el Casino de Viña del Mar. Allí se reflejaban todos los guiños de la época: modelos caminando con pasos cortitos, mucha mano en la cintura, manos extendidas, giros y la famosa ‘doble vuelta’”.
Otro epicentro de la moda era el protagonista de las tendencias: General Holley, en el Barrio Suecia, “con tiendas clásicas como Irfé, V. Colecction, José Cardoch y Erre Cuatro”, que eran clásicas etiquetas en los desfiles. La mayoría de estos últimos eran más íntimos —sin gran cobertura mediática— y estaban relacionados con grupos de beneficencia liderados por señoras de sociedad.
Las maniquíes eran otras en términos de anatomía. “Con curvas y tallas 38-40. Eran más recatadas”. El cambio llegó a inicios de los ’90 con el boom de las top models que se tomaron las portadas y la publicidad internacional.
“Acá nos rebotó, de alguna manera, el fenómeno de Cindy Crawford, Claudia Schiffer y Linda Evangelista con versiones locales”, recuerda el productor. “Josefa Isensee era nuestro icono, ella era nuestra Elle Macpherson, ‘El Cuerpo’. Una superestrella que desfilaba, estaba en comerciales y era rostro de TV”.

Lee la entrevista completa en la edición del 20 de julio.

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