“La peluca, dónde está la peluca”, habría dicho Bee Shafter, la hija de la más influyente editora de modas cuando la invitaron a bambalinas para conocer a Ryan Raftery, el actor transformista que bajo el aplauso de Broadway interpreta a su temida mamá. Solo ella parece no tenerle miedo a su progenitora que, con o sin consentimiento, llegó hasta el famoso teatro en el 425 de Lafayette Street. Lo pasó bien, se rió y se sacó fotos (obviamente con la peluca puesta) que compartió con sus amigos a través de sus cuentas privadas. 

Con melena Gob, túnicas de seda y enormes anteojos de sol, Raftery repleta la sala en estos ajetreados días en NY. En vísperas del Fashion Week, es imperdonable no haber visto The most powerful woman in fashion. Es el tema obligado de conversación y las entradas se agotan como si fuera el prêt-à-porter del momento.

Raftery canta, baila y odia en un relato que tiene poco de ficción. Todo parte con otro de los momentos difíciles que la editora tuvo que enfrentar en abril de este año, cuando puso en la portada de Vogue a Kim Kardashian y Kanye West: dos figuras de farándula dura, aunque nada habituales en las páginas del couché. Le costó críticas y sus detractores vieron que la decisión ponía en duda su sello editorial y, sobre todo, su buen gusto. Si alguna vez dictaminó que David y Victoria Beckham eran ‘la pareja Vogue’, esta vez se había pasado de la raya.

Pero la revista se vendió como nunca y logró que la Kardashian junto a Kayne West interpretaran un nuevo lujo urbano, rescatado de las insolentes calles de Brooklyn. Otro éxito en su carrera, pero que la habría tenido al borde del colapso, con desórdenes en su sistema metabólico, aumentados por los chismes que daban por inminente su despido.

“Es Darth Vader y Hillary Clinton en el mismo paquete”, dijo Raftery cuando le preguntaron por qué se había enamorado de este personaje. Y después contó que fue uniendo piezas como si se tratara del rompecabezas de una tragedia moderna; compuso las canciones y ensayó los pasos como si fuera una veterana Shirley Temple. “Ha invadido mi subconsciente. Sueño con ella”, cuenta el actor como dejando en claro que le tiene miedo… Frente a eso, es evidente que sospecha que ya es muy tarde para arrepentirse.