Todo lo que sube, tiene que bajar. Desde la irrupción de la otrora ‘niña superdotada de la moda’ Tavi Gevinson, el lugar de las fashion bloggers ha escalado posiciones a pasos agigantados. Tanto, que no fueron pocas las voces tradicionales que se alzaron en contra de esta nueva política de la industria de endiosar a las personas detrás de casi cualquier sitio de internet más o menos relevante. El mismo Oscar de la Renta, uno de los diseñadores latinoamericanos más importantes de la historia, después de su último desfile de invierno declaró sentirse “frustrado por los 20 millones de personas que asisten a la pasarela y tienen cero conexión con la ropa”.

Su molestia llegó al punto de que anunció un recorte sustancial de público para su próxima colección: “Una lista rigurosa de no más de 350 invitados cuidadosamente seleccionados” según publicó la revista NYMag. Alexander Wang tampoco está de acuerdo con los megashows sin ningún tipo de filtro. Por eso, en su debut para Balenciaga él mismo aprobó la exclusiva lista de asistentes, donde los blogueros se contaban con los dedos de las manos.

Y ahora el tema llegó a mayores. Es que la vicepresidenta de IMG Fashion y organizadora de la Mercedes Benz New York Fashion Week, Catherine Bennet, declaró en una entrevista reciente al The Wall Street Journal que a partir de febrero cambiarán las políticas de acreditación para los desfiles. “El NYFW se ha transformado en un zoológico con asistentes innecesarios. Lo que solía ser una plataforma para diseñadores establecidos ahora es un desorden que impide la realización de negocios”.

Así, de manera lapidaria, se refirió a fotógrafos y editores NN (no name) y anunció el fin del idilio entre la industria, el street style y los fashion bloggers. Esto no significa el fin de la nueva plataforma de comunicación, sino que se trata de la profesionalización del rubro. Una noticia que seguramente hará llorar a más de una mal llamada ‘experta fashionista’, pero que es celebrada y aplaudida tanto por los diseñadores como por las casas de moda y los periodistas que después de años de estudiar la industria, aún se sientan en tercera fila. O más atrás.