“Usted no entiende. Este es un Alaïa”, le grita Cher, el personaje de Alicia Silverstone en el icónico film Clueless (1995), a un asaltante que la hace tenderse boca bajo en la calle mientras él arranca.

El vestido rojo al que la adolescente alude es un clásico modelo del diseñador tunecino: apegado al cuerpo y de construcción perfecta, porque el otrora escultor, no hacía bosquejos que luego otros traducían y elaboraban, sino que era él quien cosía sus creaciones de alta costura y se llamaba a sí mismo “costurero”, jamás diseñador. Por eso, fue el propio Azzedine Alaïa quien eligió el nombre de la exhibición en el Museo del Diseño de Londres: The Couturier. La muestra llevaba siete meses en preparación, con la colaboración dedicada y minuciosa de su protagonista, cuando éste murió en noviembre último a los 77 años.

azzedine-alaia-exihbition-5

Nacido en Túnez, hijo de granjeros y alejado del mundo fashion, el joven Azzedine, sin embargo, sintió desde niño fascinación por el arte, la estética y la moda, y fue su hermana Hafida quien primero lo inspiró. Lo obsesionaba la figura humana, por lo que con mucho sacrificio y trabajando al mismo tiempo en reparaciones de ropa estudió escultura en la Escuela de Bellas Artes de su país. Al finalizar, se radicó en París trabajando como asistente de costura en varias casas de moda, pero su talento lo llevó pronto a trabajar para la casa Dior. Luego vinieron labores con Guy Laroche y Thierry Mugler hasta que al final de los años setenta abrió su propio taller en el parisino barrio de Le Marais. Pronto se corrió la voz sobre este enigmático costurero cuyos diseños se volvían cada vez más codiciados y cuya clientela incluía a la aristocrática Marie Helene de Rothschild, a Greta Garbo y a Grace Jones. El rumor llegó a las oficinas de Vogue en Londres en 1982.

La ex editora de la revista y quien trabajaría años más tarde como estilista de Alaïa, Sophie Hicks, recuerda que ella y otras editoras decidieron viajar a París para ver una de las colecciones de este nuevo y misterioso creador. El perfeccionismo que perseguía y la prolijidad con que trabajaba lo hacían saltarse varias de las semanas de la moda, no buscaba estar presente en cada temporada ni las tendencias de éstas y el resultado eran creaciones atemporales y clásicas apetecidas por las mujeres más glamorosas y poderosas del mundo, como Michelle Obama quien era su gran fan y quien lució sus vestidos en varias visitas de estado. El curador Mark Wilson dice: “A Azzedine le daba lo mismo lo que estaba de moda. No concedía importancia a estar adelante de las tendencias, sino más bien quería estar por sobre ellas”. Para el pequeño modisto (media solo 1,55 metros) las colecciones estaban listas solo cuando lo estaban, no cuando la industria lo determinaba.

AZZEDINE-2

Era amigo de gran parte de sus clientes: Madonna, Lady Gaga, Sofía Coppola o Rihanna eran fieles seguidoras. Linda Evangelista y toda esa generación de modelos fueron sus musas e iban sin dudarlo a desfilar a su departamento de Le Marais y entre ellas destaca su más grande admiradora y amiga: Naomi Campbell, quien lo llamaba “papá”. La modelo ofreció un sentido discurso en la entrega de los British Fashion Awards en diciembre, contando como él la acogió en su casa en París a principios de su carrera cuando ella tenía dieciséis años.

Ahora Londres le rinde tributo en el recién remodelado Museo del Diseño de la capital inglesa. El museo ha resistido la tentación de convertir el show en una retrospectiva manteniendo la visión original del diseñador como un estudio de técnica y artesanía, entrelazando historias de su vida y de su carrera con más de sesenta ejemplares de alta costura seleccionados personalmente por el diseñador. Esto unido a la reciente apertura de la primera tienda Azzedine Alaïa en el Reino Unido, un edificio de tres pisos ubicado junto a los más grandes. Esta vez el pequeño gigante rebelde no pudo escapar del rebaño. Azzedine Alaïa: The Couturier estará hasta el 7 de octubre en the Design Museum de Londres.