A comienzos de octubre, Facebook me recordaba que hace aproximadamente 5 años atrás tuve mi primera experiencia con la Alta Costura, y ni más ni menos que en la glamorosa pasarela de Chanel, en el Grand Palais de París. A la Ciudad de la Luz regresé una y otra vez, en cada temporada de la Semana de la Moda o solo para darme el gusto.

Siguiendo la huella de las grandes pasarelas aterricé también en Londres y en Milán. Y créanme, he extrañado inmensamente esos recreos de prêt-à-porter y Haute Couture, donde reporteaba, me sorprendía, amaba, odiaba, aprendía y soñaba cada vez.  Y en medio de la nostalgia, dos invitaciones me acercaron al mundo de la moda en nuestro país: el Mercedes Benz Fashion Week 2017 y la muestra Índigo: diseño chileno y arte contemporáneo.

Durante los dos días del Fashion Week local, 8 diseñadores – Señor Gonzalez, SISA, Duende Capitalista, 12-NA, Kika Neumann, Nous Etudions, Qüina y MO- presentaron sus colecciones en la galería Patricia Ready.

Me sorprendió ver una actitud activa en el tema de la “moda consciente” y las líneas minimalistas y unisex que vi en las creaciones. Pero, aunque quedé con la impresión de que hubo talento, y un acabado estudio y conceptualización de lo que se presentaba, extrañé la pasión, el atrevimiento, la sorpresa en lo que veía. Me faltó esa sensación de impacto, de provocación y admiración: El “efecto WOW”. Sí me llamaron la atención los sombreros de Duende Capitalista, la marca de Rosario Riveros, quien me encantó que utilizara el trabajo de artesanos colchagüinos para intervenirlos y crear sombreros divertidos, con onda, de esos que quieres tener en tu armario, más aún ahora que nos asomamos al verano.

Una sorpresa súper grata fue ver el resultado de la iniciativa “Índigo: diseño chileno y arte contemporáneo”, que convocó a 12 diseñadores nacionales para crear una pieza única inspirada en la obra de un artista contemporáneo. Allí tuve una sinopsis del trabajo de Juan Failer, Ma. Jesús Jofré, Macarena Cortés, Loló Silva, Abraham Escalona, Ximena Olavarría, Pía Cortés, Camila Pontikas, Bernardo Santander, Iván Pilkman, Clara Edwards y Rodrigo Valenzuela, que con todos los sentidos puestos en el arte plantearon su propuesta de diseño haciendo realidad esta soñada interacción creativa entre el arte y la moda. Siempre manteniendo la propia identidad de cada uno de ellos.

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Me gustó mucho el trabajo hecho con las telas, la fluidez de las creaciones. Me gustó el atrevimiento y esa sensación de ver que se exploran opciones para trabajar los materiales y las líneas también. Naturalmente, mi opinión es completamente subjetiva y ustedes pueden hacerse la suya, encantarse y sorprenderse visitando la muestra que estará abierta al público hasta el 30 de octubre en Ojo Rojo Galería de Arte (Edificio Transoceánica, Av. Santa María 5888, Vitacura).

He oído muchas veces que la moda no es más que un negocio. Y ciertamente es un gran negocio, una industria que mueve millones de dólares y maneja intereses en el mundo entero, pero creo también que estamos viviendo un momento histórico en que la calle, la gente, es cada vez más activa en la definición de estilos y tendencias. Y así como hay una globalización y de democratización de la moda, también hay un rescate de identidad. Hoy más que nunca las tendencias son infinitamente variadas y cada vez más también nos damos cuenta que la actitud hace mucho más que el seguimiento ciego y a raja tabla de un estilo que no te acomoda o no te hace sentir bien; ¡y no se puede decir que no hay alternativas para elegir!

No por nada hasta Pablo Picasso reflexionaba acerca del fenómeno de la moda y decía que “la moda es la última piel de la civilización”.

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