Sólo en el último año fueron más de 170 mil los africanos que, nadando o en botes, llegaron hasta la costa italiana en busca de una vida más tranquila. Atentados, hambruna, guerra y pobreza pueden convertirse en una peste mortal en el llamado continente negro, y aquellos que tienen la posibilidad no dudan en escapar. Aunque en eso pierdan la vida, hombres, mujeres y niños dejan todo atrás buscando una oportunidad —por mínima que sea— de vida en Europa.

Los pasados doce meses han significado más de 2 mil muertes en el trayecto a Italia, a veces por falta de agua o comida, a veces por la interceptación de la policía de Libia, a veces por atentados directos contra los migrantes, a veces porque la embarcación se hunde. Los “pasajes” pueden llegar hasta los 2 mil dólares por subir a uno de estos botes inseguros y de inestable destino que atraviesan el Mediterráneo.

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Es, sin duda, un problema sociopolítico de importancia mundial, y el mes pasado, en Florencia, la alta costura se hizo eco de esta situación. Tres organizaciones —la productora de moda Pitti, la iniciativa de moda ética del International Trade Center (ITC) y la cooperativa multicultural Lai Momo— aunaron esfuerzos para el show Generation Africa. En palabras de Simone Cipriani, director de Moda Ética del ITC en cooperación con las Naciones Unidas, el evento tenía por objetivo “que el público general tomara conciencia del drama de los refugiados en Europa y que entendieran el hecho de que pueden ser vistos como un recurso humano y no como un problema”.

Dicha pasarela fue el escenario para que cuatro casas de moda africanas; AKJP, Ikiré Jones, Lukhanyo Mdinigi x Nicholas Coutts y U.Mi-1, mostraran sus últimas prendas. El objetivo era presentar otra faceta de Africa ­–la multiculturalidad y el espíritu de cambio– dándole espacio a marcas que privilegiaran las confecciones con trabajadores locales y en buenas condiciones. El evento, además, contó con la participación de tres modelos indocumentados que buscaban asilo. Los organizadores mantuvieron en secreto sus identidades para protegerlos de posibles enredos legales.

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“La industria de la moda tiene un tremendo sustento esparcido en distintos países en desarrollo, por lo tanto es una oportunidad enorme de buenas condiciones laborales para mucha gente. Esa es la principal responsabilidad de este rubro en el mundo actual: entender que puede hacer el bien”, señala Cipriani. Tanto los modelos como los diseñadores participantes tuvieron la oportunidad de ganar un poco de dinero y de mostrar su trabajo en una pasarela internacional: los shows de moda de Pitti son escenario de nombres como Ermenegildo Zegna o Moschino.

“Como cualquier otra industria, tiene que volverse sustentable y ofrecer posiciones de trabajo dignificantes para la gente para reducir o eliminar por completo su impacto negativo en el mundo y sus habitantes”, concluye Cipriani. Se trata de una muestra elocuente de cómo los problemas políticos y sociales son una responsabilidad urgente, una que salta del escritorio de parlamentarios y embajadores y se sube a la pasarela.