“O sabes de moda, o no”. Con esa frase una joven Anna Wintour abandonó las clases en las que su padre, Charles Wintour, la había matriculado. Preocupado por el poco interés intelectual de su hija y conociendo su pasión por el vestuario, el veterano de la Segunda Guerra Mundial y editor del diario London Evening Standard, no encontró nada mejor que convencerla de tomar lecciones de moda. Idea que, a las pocas semanas, fue desechada. Es que para ella, el diseño es algo que se lleva en la sangre y que no puede aprenderse. Años después, la misma joven, sin estudios pero mucho más experimentada, llegaba hasta las dependencias de Vogue en Nueva York para conseguir el trabajo de sus sueños. Dicen que, cuando la editora Grace Mirabella le preguntó cuál era el puesto que añoraba, una decidida Anna le respondió: “El tuyo”. A los seis años lo conseguiría. 

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Hoy, con 66, su poder es invaluable y su personalidad tan fría como el hielo, llegando a ser apodada Anna ‘Winter’ por sus detractores. Con sus tacones Manolo Blahnik, gafas oscuras, corte bob que lleva desde los 15, falda Chanel y una afición a las pieles que no se molesta en ocultar, la editora en jefe de la versión norteamericana de Vogue es una marca propia. Ella fue la pionera en incluir celebridades en las portadas y agregar prendas que fueron un adelanto para la época. Hermética y perfeccionista, la emperatriz del estilo no piensa jubilarse y seguirá imponiendo tendencias. Es que la revista es considerada la biblia de la moda con ganancias en publicidad que superan los 345 millones de dólares al año y no hay modista que no añore aparecer en sus páginas. Y no sólo eso. La inglesa también es la encargada de organizar, desde hace 17 años, uno de los eventos más importantes en el mundo de la moda: la gala del Museo Metropolitano de Nueva York, que todos los años se celebra a modo de juntar fondos para la institución y cuya última versión estuvo dedicada a la tecnología. Su realización tiene ya un documental:  El primer lunes de mayo, dirigido por Andrew Rossi, que revela las bambalinas de este evento que reúne a celebridades y artistas. 

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Cuando niña, esta diosa de témpano se sentía diferente al resto. Nacida en Inglaterra, creció en una familia de intelectuales. Su padre, un reconocido editor en un diario de Londres, era un hombre frío y estricto, tanto así que sus trabajadores lo llamaban ‘Chili Charlie’. Actitud distante que aparentemente fue heredada por la editora. Su madre, por su parte, también era periodista y sus cuatro hermanos todos profesionales. Anna era la única artista en un mundo de estudiosos. Fue al colegio North London, en donde siempre tuvo problemas por padecer de síndrome de déficit atencional y por no respetar los códigos de vestimenta. Aburrida de las reglas y del uniforme, abandonó el colegio cuando sólo faltaba un mes para licenciarse y decidió no asistir a la universidad. Su salto al periodismo fue a través de Viva. Una etapa que Wintour ha preferido eliminar de su currículum, pero que los biógrafos se han encargado de sacar a relucir. La publicación era una magazine erótica propiedad del magnate de la pornografía y fundador de Penthouse, Bob Guccione. “Wintour se enfrentaba diariamente a fotografías de mujeres desnudas, con su anatomía revelada hasta lo más profundo”, declaró el periodista Jerry Oppenheimer, en su biografía Front Row: The Cool Life and Hot Times of Vogue’s Editor in Chief.

En los ’70 trabajó en Harper’s Bazaar hasta llegar en 1982 a Vogue, transformándose en la editora más icónica de la magazine. Tanto es su poder que cuando el diseñador Marc Jacobs no tenía fondos para presentar una de sus nuevas colecciones, la editora convenció a Donald Trump para que le prestara el salón de fiestas del Hotel Plaza. Asimismo, infinidad de otros libros y películas han intentado revelar los secretos de su trabajo, pero ninguno ha dado en el clavo. El documental The September Issue la perfila como alguien extremadamente controladora y el personaje de Meryl Streep en El diablo se viste a la moda la retrata como una jefa maldita. Pero más allá de los mitos, Wintour es una mujer trabajólica y perfeccionista. “Soy decidida y me gusta que las cosas se hagan rápido. Si eso da la impresión de intimidación, lo lamento”, explicó en una entrevista. 

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En 1984 se casó con el siquiatra David Shaffer con quien tuvo dos hijos, Charles y Katherine, ambos la acompañan en los desfiles y mantienen una estrecha relación. Pese a todo, su matrimonio no funcionó y se divorciaron en 1999. Un affair de la editora con el magnate Shelby Bryan habría ocasionado que Shaffer le pidiera el divorcio. Anterior a su matrimonio, según Oppenheimer, Anna también tuvo un romance con Bob Marley. “Consiguó un pase al backstage y, en cuanto cruzó su mirada con Marley, quedó inmediatamente fascinada”, cuenta el autor. Desde allí mantuvieron un amorío que duró unas semanas.

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Pero más allá de los líos , Wintour también tiene una mentalidad política. La inglesa ha hecho contribuciones para las dos campañas de Barack Obama, transformándose en la cuarta mayor donante. Su lado deportivo va de la mano del tenis, pasatiempo que ama y que practica cada vez que tiene la oportunidad. Jamás se viste de negro, odia la impuntualidad, a las personas inseguras y hablar con desconocidos. Peculiares características que siguen transformándola en una de las personalidades más llamativas. Así, El primer lunes de mayo viene a comprobar una marca ya registrada. Atrás quedó la mujer insegura y sin estudios. Es que la diosa de hielo es, desde hace rato, una leyenda.