Bajo el signo de Leo nació una leyenda que cambió no solo el mundo de la moda sino también revolucionó el de la joyería. Desde aquella única colección de joyas creada por Gabrielle Chanel en 1932, hasta Coco avant Chanel, la colección que recupera la magia de sus comienzos, los recuerdos de su paso por el orfanato del monasterio de Aubazine y los nombres de algunas de las mujeres más importantes en su vida, se ha desarrollado ese sentido de glamorosa sobriedad, lujo, fluidez y libertad.

Los once conjuntos de alta joyería llevan los nombres de elegantes mujeres que acompañaron o marcaron la vida de la creadora en los comienzos de la carrera que la llevaría a convertirse en una de las figuras más influyentes del siglo XX. Su hermana Antoinette, por ejemplo, o su amiga, la actriz Suzanne Orlandi, la primera en usar el icónico little black dress en terciopelo cuando el 1900 estaba despertando. Asimismo, Emilienne, Jeanne, Lucienne, Maud y Marthe fueron algunas de las mujeres que creyeron en su talento y la inspiraron antes de 1920.

Ahora estos conjuntos —que llevan sus nombres— creados en oro blanco, amarillo, rosa y piedras preciosas tenues en tonos rosa y gris, recrean dos de los elementos que perfilaron su estilo y lo hicieron inconfundible: el encaje y los lazos. Estos son el punto de conexión para descubrir otros iconos de la casa en la colección: camelias, pájaros, plumas y el infaltable brillo de los diamantes. El resultado de un trabajo minucioso, de incontables horas en los atelieres del número 18 de la Place Vendôme, donde está la joyería de la maison francesa.

BO-EMILIENNE

Allí se trabajó gema a gema una de las piezas únicas de la colección: el collar Gabrielle Chanel que se ve como una delicada blonda suspendida sobre el escote de una mujer. La pieza creada en oro blanco de 18k, un impresionante diamante central de corte pera de 10.02 quilates, dos más de corte redondo y menor talla, además de 1.581 diamantes de corte brillante con un peso total de 51.22 quilates, es sin duda la estrella de la colección y una delicada caricia para quien lo usa. ¿El precio? Sobre los 3 millones de euros. Los zafiros Padparascha, una de las variedades más raras y valiosas de la gema, originarios de Sri Lanka y cuya particularidad es tener un color único que une el rosa y un muy sutil tono naranja, atrae la atención al conjunto Suzanne. Dos collares, dos pares de aros, un brazalete y un anillo, donde se mezclan con armonía los zafiros rosa, las perlas cultivadas de Tahití, piedras de luna, además de diamantes y zafiros Padparadascha, y se transforman en objetos de deseo, bellos y simples, resultado de un talento artesano exquisito y dedicado.

Cuando en los breves días de luz del invierno parisino se camina rápido por la Place Vendôme para sortear el frío de la temporada y el gesto taciturno que a veces deja, la presentación de esta colección de alta joyería llenó la plaza de la alegría y creatividad de la juventud de Coco Chanel. Volvió a despertar los sueños poéticos y glamorosos que se construyen con una técnica que pareciera ser invisible pero que habla de horas de trabajo manual y del ya tradicional savoir-faire que caracteriza a la casa parisina. Una vez más se ha innovado sin perder la esencia. Con habilidad se sigue tejiendo una historia de creación y estilo con oro, perlas y diamantes; con morganita, espinelas y zafiros Padparascha; con piedra de luna, cuarzo blanco y madre perla.

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Por primera vez en la historia de la casa, se ha incluido un abanico en la colección que no solo sorprendió a los visitantes de Oriente sino a quienes ya imaginaban una forma más delicada de capear el sol estival. Creado en oro de 18 quilates no es difícil imaginar el movimiento rítmico, delicado y hasta sensual de esta pieza que une la destreza de los talleres de joyería con el talento de las petite mains de los bordadores de la maison Lesage. Anillos y pulseras abiertas, relojes discretamente ocultos, collares que parecen acariciar una piel que parecieran ni siquiera tocar, piezas que han sido creadas con la pasión de quien conoce las gemas, de quienes tienen la audacia de mezclar refinadamente las piedras preciosas. Un toque de magia para un mundo de talento artesano que da nuevo esplendor a los íconos propios de Chanel y al sueño de una mujer rebelde y audaz que decidió reinventarse. Todos recuerdan esa cita donde reconocía: “mi vida no me gustaba, así que cree mi vida”, una vida donde la libertad y la elegancia la hicieron única y la convirtieron en una verdadera leyenda.