Cuando uno se reúne con Alexa Chung (33) en un hotel de Londres no debería esperar un encuentro íntimo. Ella es una marca —ahora más que nunca tras lanzar una firma de moda con su nombre— y, como tal, todo lo que se le refiere adquiere forma institucional. Es lo que la hace ser una it-girl convertida en influencer (el término prescriptora de moda no es glamoroso). Porque ella ya existía antes que Gigi, Kendall y Cara. Antes que Instagram. Antes incluso que el término influencer.

Es más, en 2009 ya tenía un bolso con su nombre, el Alexa, de Mulberry. Sólo Grace, Diana o Jackie pudieron presumir de ello. También la avala una cierta omnipresencia. Ha sido modelo, presentadora de TV, autora de un libro y hace colaboraciones de todo tipo: desde un documental sobre Vogue hasta una línea de labiales. Si está ahí es porque todos la veneran: Karl Lagerfeld la eleva al símbolo de la mujer moderna, las marcas se la rifan (y eso que ha dicho que, desde los 60, que no se ha vuelto a diseñar nada interesante) y las fans saltan de la emoción si les dicen que está cerca. Es lo que tiene la era millennial, en la que la (im)postura es lo que importa. De hecho, su público puede que no sea consciente de que incluso la chica más imitada es la primera que imita a otros.

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Que copia a Jane Birkin (que también tiene bolso) y sale con las versiones modernas de Serge Gainsbourg (Alex Turner, su ex oficial). Durante años ha renegado de la etiqueta IT, pero su vida gira en torno a ella. Una mañana a su lado basta para comprobarlo. Empezando por el hotel elegido, un establecimiento de lujo en Marylebone donde cuelgan dos retratos de una mujer de la época Tudor con labios fosforescentes. Resulta transgresor, igual que lo es Alexa. Ella está maquillándose. Su entourage la espera en la recepción. Pierdo la cuenta de sus cargos: el peluquero, la manager, la relacionadora pública, la agente, publicistas, representantes… Gente muy joven vestida de sport casual. Algunos sin despegar la mirada del móvil mientras sorben un café del Costa (el Starbucks británico). Sale a fumar pero sólo me doy cuenta cuando regresa. Al pasar nos mira muy seria y con voz grave pero de manera muy educada da los buenos días. Son las 9:20 de la mañana.

Una vez lista se une a su equipo. Ella misma sujeta todo lo que necesita: el móvil, el paquete de tabaco, el encendedor y una botella pequeña de agua. Todo en una sola mano. Alexa es la versión joven de Kate Moss y, por ende, la réplica gamberra de la otra it-girl de su grupo: Olivia Palermo. A ella le va la chanson de los años 60 y el sex & rock’n’roll de los 70. Así que no es extraño que fume mucho. Y que se tome una Coca-Cola a las 10 de la mañana. tampoco es de las que suben a la red una foto de un batido verde con la equiqueta #healthy. En la sesión de fotos, actúa de manera muy profesional. Sólo al final, cuando se apagan los focos y la gente se dispersa, parece mostrar cierto aire de estrella al ponerse a cantar en voz alta, como si buscase atención. No es hasta nuestra charla —rodeadas de su staff— que despliega su personalidad más provocativa. Esa en la que suelta frases con acento street posh (adquirido pues ella es una chica de campo).

En la que mezcla ironías con reflexiones interesantes sobre el futuro de la moda. Nadie ha dicho que no sea inteligente. Lanza bromas a su gente y comentarios que sólo ellos entienden. Pero siempre es amable y educada con su interlocutor. Incluso cuando se despide apresuradamente para salir a fumar. Hablamos de la colección editada por ella para Alaniz que se venderá en las tiendas Paris. “Ha sido muy divertido trabajar con estampados más excitantes de los que habitualmente trato. Es un giro muy interesante en mi modo de vestir porque tiene elementos que son un clásico en mi armario, y al mismo tiempo es muy del estilo de ellos”.

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Ese día, por cierto, lleva una blusa masculina a rayas y unos denim acampanados de Alaniz que, ciertamente parecen suyos. Nunca ha estado en Chile, pero le gustaría conocerlo y se toma esta colaboración como un primer paso para “investigar vibraciones que quizás aún tengo que descubrir”. Eso sí, pregunta si la hípica es algo popular. “Porque soy una gran fan de montar a caballo”. Al día siguiente sus imágenes en el festival de Glastonbury la muestran con sus amigos: dj Tennessee Thomas, la modelo Daisy Lowe o Pixie Geldof. También es cercana de Cara Delevingne. Tras una época en Nueva York, ha vuelto a Londres. Porque es una ciudad más cool. Por cierto, la primera colección de Alexa Chung todavía no se ha agotado después de casi dos meses en el mercado. Sus fans quieren vestir como ella a precios accesibles. Ahora en Chile también lo podrán hacer.