Fiel a lo que hemos visto en las pasarelas de Gucci desde que este romano de 43 años se hizo cargo de la marca italiana, Alessandro Michele viste como predica. Lo suyo es lo barroco, lo vintage, con un sello contemporáneo marcado a fuego. Y esta tarde londinense de cielos grises no es la excepción. Frente a mí está el hombre que en un año y medio ha alcanzado categoría de leyenda en el mundo de la moda.

Cada pieza de su indumentaria es de su creación: la ubicua chaqueta bomber en una versión de seda verde con aplicaciones de flores y su inicial bordada en rojo, jeans celestes y polera básica de algodón, calcetines con las tres líneas con los colores de Gucci, zapatos Mary Janes negros con gran hebilla y los nueve anillos que siempre adornan sus manos. Su pelo largo, su barba y sus facciones suaves le dan un aire renacentista con el que seguramente se siente muy a gusto pues este, junto al período barroco, son los guiños históricos más recurrentes en sus colecciones. La Vogue británica ha convocado a esta reunión con representantes de distintos medios internacionales. Una instancia de lujo para hablar con el hombre más fashion del momento.

—Claramente lo obsesiona la belleza. La menciona en prácticamente todas sus respuestas como cuando define su manera de trabajar.

—Mi manía por la belleza hace que no siga solo una línea, pues en mi búsqueda me nutro y van naciendo ideas. Empiezo con una historia que puede ir mezclándose con otra. Es como ir construyendo un mapa, por eso no elijo un color, una línea, un lenguaje. Para mí la belleza está en la confusión. Como el estilo trompe l’oeil (trampa visual) que me inspira mucho y es la ilusión de algo que existe pero que en realidad no existe. Multiplico las formas, como en el barroco, no adornas algo que está inmaculado, adornas sobre adornos.

No cabe duda de que la primera reacción a su debut en enero del 2015 fue, precisamente, de confusión. Solo una semana tuvo para preparar la colección. Su antecesora, Frida Giannini, había dejado la firma con cifras en rojo poco tiempo antes y Marco Bizzarri, Ceo de Gucci, pensó entonces en el asistente de Giannini para crear la colección hombres que estaba ad portas. Luego de una visita improvisada a la residencia de Michele en Roma, Bizarri se convenció de que estaba frente al nuevo director creativo de la casa.

La ecléctica decoración del hogar de este coleccionista de arte, antigüedades y ropa lo fascinó y decidió que era la persona correcta para la reconstrucción que la compañía necesitaba. Y no se equivocó. Pocos días más tarde lo llamó y le preguntó si le era posible crear la colección masculina otoño-invierno en seis días. Alessandro Michele olvidó su idea de renunciar y se puso a trabajar. Nadie estaba preparado para lo que vino. Modelos en blusas de abuelita de grandes lazos, abrigos de astracán y poleras de encaje. El gran viaje de Gucci de la mano de Alessandro Michele había partido.

modaaleint1

—Comenzó su carrera en Fendi y estuvo allí por varios años, ¿cómo llegó a Gucci?

Tom Ford me llamó el 2002. El estaba a la cabeza de Gucci y tenía sus cuarteles generales en Londres. Tuve que cambiar todo en mi vida. Dejé Roma y vine a vivir aquí. Diferente cultura, diferente firma. Lo hice por dos razones: por Tom, a quien admiro, y por Gucci. Había un halo de poder en torno a Gucci, su belleza, lo clásico, la familia, una especie de embajadora de Italia. Sin embargo, sentía que había algo aún no escrito acerca de la marca. Tom hizo un gran trabajo, él le dio fuerza pero con su estilo americano y elegante. Yo no podía seguir ese estilo.

En Gucci, Michele tuvo varios cargos. Director de artículos de cuero, diseñador jefe de accesorios y luego asistente de la directora creativa Frida Giannini. Pero era básicamente un nombre desconocido más allá de las paredes de la casa italiana.

—¿Cómo fue convertirse en la cabeza de una firma que simbolizaba lo contrario al exceso?

—Al principio estaban todos en shock, pero si yo no puedo vivir mi idea de belleza prefiero detenerme. Para alguna gente fue difícil comprender que lo renacentista y el street style podían funcionar juntos. Para mí lo vintage es un vocabulario, como las notas para un músico, pero quiero traducirlo a una idea contemporánea. Mi trabajo tiene diferentes tipos de lenguajes pues la creatividad no debe tener límites.

modaaleint2

—¿Cómo nacen sus ideas, sus historias?

—No es siempre de la misma manera. Siempre estoy leyendo, navego en internet, voy a exhibiciones, a la ópera, observo la arquitectura. En Italia, en Florencia, convives con la opulencia de la decoración renacentista y esto te hace sentir que todo es posible. Y de pronto comienza la obsesión. Trabajo con la Historia y con lo contemporáneo y con el pie en el acelerador siempre.

—Al verlo a Ud. y sus colecciones uno se pregunta cómo será su clóset…

—Mi ropa está en todas partes de la casa. A veces tengo algo nuevo y lo pongo a mi lado en mi cama o lo cuelgo a la vista. Mi clóset es una habitación. Es como entrar al mundo de Alicia en el País de las Maravillas. Soy un coleccionista entonces es posible encontrar de todo adentro. Una pintura que necesito restaurar o un par de zapatos que no puedo usar porque no son de mi número.

—¿Qué es la moda para usted?

—La moda puede hacerte sentir vivo. La forma en que te vistes es un pedazo de ti. Expresa tu estado de ánimo, tu personalidad. No estoy obsesionado con lo que me pongo cada día, pero sí sé que quiero divertirme. Si algo sale mal en la oficina, me cambio de camisa, de zapatos. La moda no es el producto, es una idea de la que te enamoras.

modaaleint4

—Ha usado mujeres en sus colecciones masculinas y viceversa, ¿la fluidez de género es un tema que le interesa exponer en sus pasarelas?

—Me gusta la ambigüedad. Las cosas más bellas son ambiguas. No somos solo una cosa. Trabajo más sobre la idea de belleza que la de género. La orientación sexual es una regla y como diseñador debes hablar el lenguaje de la belleza sin reglas, pero muchos le temen, es como enamorarse de un hombre bello. Es más fácil enamorarse de uno feo. Tiene cierto poder la belleza que asusta.

—Por años su trabajo en moda fue tras bambalinas y ahora está expuesto a diario como uno de los rostros más conocidos de la industria, ¿cómo lidia con la fama?

—Es algo complicado. Yo trato de seguir siendo la misma persona. Cuando veo mi cara en los medios pienso en el origen de la palabra “fama”, un monstruo mitológico de muchas cabezas, ojos y lenguas. Para alguien como yo que trabaja en un escritorio con un lápiz, una regla y música, es bastante extraño. No estoy interesado en la fama, es un monstruo difícil de saciar.