Alber Elbaz ama a las mujeres. Lo dice cada vez que la oportunidad se le presenta, y se nota en su talento innato para adivinar lo que ellas desean. Por distintos motivos, este ha sido el año del director artístico de la casa Lanvin. Tan versátiles como geniales, sus proyectos siempre merecen titulares en las revistas de moda más emblemáticas. En enero anunció su colaboración con Lancôme, en febrero creó el vestuario de Minnie Mouse para el aniversario 20 de Euro Disney y en agosto lanzó la nueva fragancia Me, concebida gota a gota por él.

Considerado como un ‘genio’ por los expertos de la industria, en tiempos en que además de las dos colecciones anuales las casas de moda presentan pre-colecciones primavera y otoño además de las de hombres, Alber Elbaz se supera a sí mismo. Un ejemplo es su última (y muy comentada) campaña, en que la top model británica Eddie Campbell representa a seis mujeres diferentes. Nacido en Casablanca en 1961, el nuevo kaiser de la moda se considera israelí pues se crió allí junto a sus padres. Se formó en Nueva York, donde fue descubierto por Geoffrey Beene, primera casa de modas para la que trabajó. En 1996 llegó a Europa para quedarse. Primero, como director creativo de Guy Laroche, luego de Yves Saint Laurent y más tarde de Krizia. Pero es en Lanvin donde ha estampado su sello con diseños ultrafemeninos.

Wp-Vestido-193—¿Cómo comienza su historia? ¿Con una mujer, un viaje, un sueño?
—Me encantaría saberlo, pero no lo sé. Me han preguntado quién es mi musa, y yo no tengo una musa, me inspiran muchas mujeres por diferentes razones, me gustan de distintas razas, edades, tamaños. Me gustan las mujeres, punto. Para mí es importante tener contacto con la realidad. A veces voy a la tienda (Lanvin en París) y hay mucha gente que no tiene idea quién soy. Eso es maravilloso porque así puedo estar cerca de la realidad, si no viviría como atrapado en un salón de primera clase… y la clase económica puede ser más entretenida.

—¿Su infancia ha influido en su trabajo como diseñador?

—Definitivamente. Vengo de una ciudad pequeña, de un barrio, de una familia de gente sencilla. Mi padre no vestía de Dior y mi madre no usaba Balenciaga. Creo que cuando vienes de lugares donde no hay sueños, fantaseas más. En cambio si llegas de un sitio donde todo está pasando, sólo piensas y usas la razón. Recuerdo lo que me dijo mi madre hace cinco años, que deseaba que fuera grande y pequeño. Cuando la miré sin entender, me explicó que fuera grande en el trabajo y pequeño en la vida, que hiciera grandes cosas pero mantuviera la humildad.

—¿Ahora que está en la cima recuerda algún momento difícil de su carrera?

—Dejé Yves Saint Laurent porque Tom Ford me despidió. Decidí entonces tomarme un tiempo fuera del mundo de la moda. Mi sueño había sido ser doctor y viajé por el mundo viendo si podía entrar a alguna escuela de medicina… pero diez años estudiando era mucho. Pensé entonces en ser enfermero, pero no sirvo para ser segundo al mando.

—¿Qué lo hizo regresar a lo fashion?

—Cuando tomé ese paréntesis en mi trabajo fue porque algo había cambiado en mi cabeza. Fue interesante porque yo quería extrañar la moda, los colores, las telas, todo eso tan familiar. Y cuando decidí volver supe que tenía que ser a mi manera. Trabajaría solamente con personas que yo amara, sólo cuando yo quisiera y siempre que yo sintiera que hacía lo correcto.

Wp-Lanvin-193-2Y todo eso vino con Lanvin. La casa de moda más antigua del mundo, creada por Jeanne Lanvin en 1889, quien comenzó confeccionando sombreros y luego sofisticados diseños inspirados en su hija Marguerite. Pronto gracias a su refinada clientela parisina que le pedía estilos similares para mujeres adultas, abrió su primera boutique en la Rue Fabourg Saint Honore. Siempre sinónimo de extrema elegancia, la marca pasó por varias manos al morir Jeanne. Hasta que en 2001 la compró la empresaria taiwanesa Shaw Lan Wang, quien contó a la revista Grazia que Elbaz la conquistó al mostrarle su dossier y su primer desfile para YSL llamado Homenaje a Yves.

“Fue un gran cambio para mí. Yo siempre había tenido miedo a las editoras de moda, del mismo modo que un criminal le teme a un juez o a la policía, pero de pronto me di cuenta de que al mismo tiempo eran mujeres, y yo amo a las mujeres. Entonces decidí crear ropa para personas y no para las editoras, y el resultado fue que algunas venían después de los desfiles y me decían lo mucho que les había gustado el look Nº 15, por ejemplo,  y luego al oído me preguntaban el precio”, cuenta hoy, ya acomodado en la cúspide de la moda.

En su última gran colección otoño invierno 2013-14 quiso volver al gran volumen y a lo ultrafemenino. Y nadie pudo dejar de notar los grandes y pesados collares con palabras como Help, Love, Happy, Hot, You y, por supuesto, Lanvin. “Quería hacer algo nuevo en joyas, y con mi equipo de diseño fuimos buscando palabras que tuvieran sentido.

Se define como una persona contradictoria porque odia los uniformes y sin embargo viste todos los días su clásico traje negro con corbatín de seda amarrado al cuello. También dice que le gustan los restoranes elegantes, pero prefiere la comida servida en McDonald’s, y detesta verse en fotos, pero dibujó una caricatura de sí mismo que se ha transformado en el otro logo de Lanvin. Así es el diseñador del momento.